Colita

Textos de: Rafael Doctor Roncero, Rafael Villena Espinosa, Nazario, Sergio Marey y Laura Terré

Editorial: La Fábrica

Año de publicación original: 2025

El miércoles 15 de junio de 1977, los españoles habían acudido a votar por primera vez en más de 40 años. Tenían la posibilidad de elegir unas Cortes Constituyentes, que redactaran una Constitución que abriera definitivamente el país dos años después de la muerte del dictador Francisco Franco. Once días después, el domingo 26, se escribió una página clave de nuestra historia.

Esa tarde de verano, entre cuatro mil y cinco mil personas, según las autoridades de la época, rompieron el cálido y tranquilo aire dominical en el centro de Barcelona coreando consignas que jamás se habían escuchado en nuestro país. Decían cosas como "detrás de las ventanas también hay lesbianas", "detrás de los balcones se esconden maricones" o "abajo la Ley de Peligrosidad Social".

Gritaban: "Detrás de las ventanas también hay lesbianas" o "Detrás de los balcones se esconden maricones"

Aquella manifestación llamó poderosamente la atención de una sociedad que había estado encerrada durante demasiado tiempo. Fue la primera vez que el colectivo LGTBIQ+ daba un paso al frente y pedía para ellos lo que el resto de España había reclamado para sí y estaba consiguiendo: libertad.

Querían ser libres siendo ellas y ellos mismos. Querían que su amor no fuera ilegal, puesto que todavía estaba en vigor la Ley de Peligrosidad Social, por la que muchos no solo eran detenidos, sino que eran golpeados, torturados, reprimidos e incluso forzados a "rehabilitarse" de su "enfermedad" en campamentos tan terribles como el de Tefía, en Fuerteventura.

No tenemos miedo. Existimos

Aquel paseo por la Rambla, aquella prueba de vida que se atrevieron a realizar, fue un salto sin red. Fue una salida del armario colectiva, una reivindicación de su realidad, de su existencia. Aquella pancarta que abría la manifestación lo decía todo: "No tenemos miedo. Existimos", Nosaltres no tenim por, nosaltres som.

Por eso, cuando empezaron a caminar aquella tarde de junio de 1977, un grupo de travestisdecidió tomar la cabecera de la marcha. Ellas mejor que nadie representaban lo prohibido, lo que tenía que permanecer oculto, lo que no debía existir. Y esa visibilidad allí delante, aunque no gustó a todo el mundo —pues había quien quería expresar con aquella marcha que la gente del colectivo era tan normal como el que más—, se convirtió en una imagen poderosa.

Esa imagen la tomó Colita. No podía ser ninguna otra persona quien hiciera aquella foto inolvidable

Seis travestis, puño en alto, paseando por el centro de Barcelona, encabezando una marcha multitudinaria, negándose a esconderse en los límites más oscuros de la sociedad, saliendo a la luz del día para gritarle a la ciudad "estas somos nosotras, somos así, no nos avergonzamos y tenemos todo el derecho del mundo a ser aceptadas". La imagen pasó a la historia.

Esa imagen, por supuesto, la tomó Colita. No podía ser ninguna otra persona quien hiciera aquella foto inolvidable.

No hubo nadie como Colita

Colita pasó trece años de su vida en un colegio de monjas, nada raro en la época. Y aquella educación cristiana y católica, aquel imaginario colectivo metido con calzador en la mente de toda una generación, le sirvió para darle la vuelta al relato, para provocar e incluso para crear a una personal patrona de las fotógrafas, Santa Iluminata Blacanguait.

Colita dio la cara y fue los ojos de incontables movimientos sociales, trabajando siempre como freelance

A ella se encomendaba cada vez que salía a retratar la parte menos bonita de la sociedad. Cuando fotografiaba los Hogares Sociales, donde se escondía a esa parte de la sociedad que el Franquismo no quería que se viera; cuando se colaba en manicomios para mostrar las pésimas condiciones en las que se encontraban aquella personas marginadas; o cuando retrataba a los intelectuales y disidentes que poblaban la noche barcelonesa, aquella Gauche Divine que bautizó el periodista Joan de Segarra.

Colita dio la cara y fue los ojos de incontables movimientos sociales. Trabajando siempre como freelance, colaboró con la mayoría de periódicos y revistas de la época, desde 'Cambio 16' a 'Fotogramas', pasando por 'Primera Plana' o, por supuesto, 'Interviú', donde publicó algunos de sus mejores reportajes, antes de que la revista se convirtiera en un templo de la prensa amarilla.

Dos carretes históricos

Estando como estaba siempre metida en todos los movimientos reivindicativos, Colita formó parte de aquella manifestación de junio de 1977. Y en este libro editado con tanto cariño por La Fabrica junto al Ministerio de Cultura, podemos meternos dentro de su propia cabeza. Porque aquí están revelados y ampliados los negativos de los dos carretes que tiró Colita aquella tarde.

Así, viendo la posición de los diferentes personajes que formaron parte de aquella manifestación, somos testigos de cómo se fue moviendo Colita alrededor de la marcha, cómo se fue fijando en esta o en aquel, cómo fue buscando diferentes enfoques, diferentes puntos de vista, para contar lo que quería contar, para darle a esas voces la importancia que tenían.

Pasar las páginas de este libro es leer un manual del buen fotógrafo: aprendes a diferenciar lo importante

Pasar las páginas de este libro es como leer un manual del buen fotógrafo. Es aprender a diferenciar lo que es importante de lo que no lo es. Es saber cómo darle fuerza a un gesto, cómo potenciar una imagen. Así, cuando la manifestación se topa al final de la Rambla con los grises, Colita cambia la manera de captar aquella realidad.

Y de pronto se convierte en una especie de reportera de guerra, reflejando en sus imágenes las urgencias, la tensión del momento. Retratando a los policías de lejos, como una masa uniformada que cruza una ciudad que se aparta a su paso, que les teme. Y entonces los manifestantes, aquellos inocentes gais, lesbianas, travestis... se convierten en guerrilleros de andar por casa, levantando débiles barricadas ante la represión imparable.

La importancia de las voces

Cuatro decenas de fotos, pruebas de una tarde inolvidable, clave en la historia de nuestro país, impresas a doble página, sin prescindir de nada. Se ve el grano de la película de la época. Se ven cuerpos desenfocados por la urgencia del disparo, se captan las voces, las consignas, la rabia y el orgullo, pero también el miedo y la sorpresa.

Nosaltres no tenim por, nosaltres som es un documento de un valor incalculable. También por los textos que acompañan a las imágenes. Desde la presentación del comisario de esta muestra, Rafael Doctor Roncero, al breve ensayo que sirve como contexto histórico que hace el profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Castilla La Mancha, Rafael Villena Espinosa, pasando por el elogio a una de las protagonistas de la marcha, La Trini, que firma el artista y gestor cultural Sergio Marey.

El texto de Nazario sirve como hilo para unir cada una de las imágenes de Colita

Pero hay que destacar el retrato en palabras que hace Laura Terré, amiga y colaboradora de Colita, de la fotógrafa que protagoniza esta edición, porque permite captar en toda su dimensión la importancia de su trabajo. Y, sobre todo, el texto de Nazario, pintor e historietista, miembro de aquella marcha descarriada, personaje público, gay, detenido en múltiples ocasiones, amigo de algunas de las locas más maravillosas del momento, como Ocaña o Camilo.

Su voz, en primera persona, sirve como hilo para unir cada una de las imágenes. Pone voz a un relato que se cuenta con los ojos, con aquella mirada que Colita dotó a su obra y que magnifica y llena de orgullo al objetivo de su cámara.

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