
Julián Casanova y Miguel Casanova
Ilustrador: Carles Esquembre
Editorial: Planeta Cómic / Crítica
Año de publicación original: 2026
Lo sabemos ya todo sobre la Guerra Civil... Mejor le pongo unos signos de interrogación: ¿lo sabemos ya todo sobre la Guerra Civil? La respuesta nunca es unitaria. Depende del bando en el que nos coloquemos. Y cada bando barre para casa. España partida en dos no lo hace. Esta novela gráfica parte del libro del mismo nombre que Julián Casanova escribió en 2022.
Si algo tiene claro esta obra es que la Guerra Civil no necesita más ruido sino más claridad
¿Por qué convertirlo en cómic? Para llegar a más personas. Para que todo el mundo pueda —si quiere— tener una radiografía certera de lo que pasó en realidad. Por eso el hjjo de Julián, Miguel Casanova, guionista y profesor de guión, ha convertido el ensayo de su padre en un libreto al que ponerle viñetas.
Y aquí es donde entra en juego Carles Esquembre, encargado de trasladar el citado ensayo histórico a un lenguaje visual que, lejos de simplificar, hace accesible lo complejo. Porque si algo tiene claro esta obra es que la Guerra Civil española no necesita más ruido sino más claridad. Y es justo lo que propone. Ordenar el caos de aquellos años sin traicionarlo hacia ninguno de los dos bandos.
Imágenes que explican
Lejos de los relatos épicos, del realismo mágico, o de las narraciones que buscan señalar culpables únicos, España partida en dos se construye como un recorrido que explica cómo se llega a 1936, qué ocurre durante la guerra y cuáles fueron sus consecuencias.
No es una novela gráfica que quiera deslumbrar, sino explicar bien
Casanova ya lo hacía en su libro original, pero aquí en el cómic añade una capa más: la posibilidad de ver ese proceso, de entenderlo no solo desde los puros datos, sino también desde las imágenes. Y creedme. Ayuda un montón a meterse de lleno en aquellos oscuros y terribles años.
Esquembre acierta de pleno. Su trazo, contenido y expresivo a la vez, evita la grandilocuencia, el espectáculo vacuo y apuesta por la claridad. No hay grandes alardes visuales, ni necesidad de impactar a golpe de viñeta. Lo que hay es una construcción sólida que acompaña a los hechos y los potencia. No es una novela gráfica que quiera deslumbrar, sino explicar bien. Y es lo correcto. Porque en un tema como este, eso es lo realmente difícil.
Contexto
El libro recorre todos los antecedentes al conflicto: la crisis y fin de la Restauración, la llegada de la Segunda República, las tensiones sociales, económicas y políticas que fueron preparando el país hasta romperlo en dos. No hay atajos. No hay simplificaciones. Lo que hay es contexto. Muchísimo contexto.
Y, sobre todo, la voluntad de que el lector entienda que la guerra no estalla de la nada, sino que es el resultado de una acumulación de factores que se van encajando como piezas de un puzle incómodo.
La Guerra Civil no estalla de la nada: se construye poco a poco
A partir de ahí, las viñetas entran en el conflicto propiamente dicho, pero lo hace sin recrearse en la violencia gratuita. La guerra está presente, por supuesto, pero como una consecuencia, no como el foco en el que poner el lápiz. Se explican los bandos, las dinámicas internas, la situación internacional, la represión en ambos lados.
Y todo con un tono que, continuamente, busca el equilibrio, algo especialmente complicado cuando hablamos de unos de los episodios más sensibles de nuestra historia reciente.
Y este, justamente, era de los grandes aciertos del ensayo original que hace todavía más virtuosa a esta novela gráfica. No cae en la equidistancia fácil, pero tampoco en el partidismo. No intenta contentar a todo el mundo, sino ofrecer una base sólida desde la que entender. Y eso implica incomodar en algunos momentos, romper ideas preconcebidas en otros y, sobre todo, invitar a mirar más allá de los relatos heredados.
La novela gráfica
El formato de novela gráfica juega un papel capital para darle una nueva dimensión a esta obra. No es que solo acerque su contenido a lectores que no estarían dispuestos a enfrentarse a un sesudo ensayo de estas características, sino que nos permite establecer un ritmo distinto. Las viñetas nos obligan a detenernos, a observar, a conectar texto e imagen. A procesar la información de otra manera.
No podemos obviar el aura pedagógica tan potente que tiene la novela gráfica España partida en dos. Este cómic podría funcionar perfectamente como herramienta en colegios o institutos. Aunque no se limita solo a eso. Porque, aunque tiene una evidente vocación divulgativa, no renuncia al rigor. Es, en ese sentido, un equilibrio complicado. Ser accesible sin ser superficial. Objetivo conseguido.
Las viñetas nos obligan a detenernos, a observar, a conectar texto e imagen
En un momento como el actual en el que el debate sobre la memoria histórica sigue tan presente, España partida en dos se sitúa en un lugar tan incómodo como necesario. Este cómic prefiere explicar antes que juzgar. No porque no hubiese responsabilidades, sino porque entenderlas lleva tiempo, contexto y una mirada que no se deje arrastrar por los extremos.
La obra de Julián Casanova, Miguel Casanova y Carles Esquembre no pretende cerrar el debate —eso es imposible—, pero sí elevarlo. Invitar a hacerse preguntas, a leer más, a cuestionar más, a pensar más. Porque quizá la pregunta con la que arrancaba este texto sigue vigente. ¿Lo sabemos ya todo sobre la Guerra Civil? Después de leer esta novela gráfica, la respuesta sigue siendo "no". Pero al menos estamos un poquito más cerca de entenderla.
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