Normalmente asociamos Fiji con el surf. No es para menos, ya que aquí se encuentran algunas de las zonas de olas más importantes del mundo y cada año las principales firmas de moda y complementos de surf viajan hasta aquí para poner en marcha diferentes campeonatos. Sin embargo, la isla es también un paraíso debajo de sus olas, gracias a su barrera de coral, una de las más bellas del mundo.

Todo el archipiélago está atrapado en un coral de grandes dimensiones, de ahí que abunden lagunas naturales de agua salada y que no haya que navegar mucho para poder hacer inmersiones en aguas cristalinas que permiten incluso el descenso a 40 metros con buena visibilidad. El resultado, miles de pequeños lugares donde observar paisajes únicos en los que el protagonista es el color, el que ofrecen la conjunción de los corales con los peces y plantas tropicales, una paleta asombrosa que destaca sobre el azul intenso del agua.

Que sea así se entiende si tenemos en cuenta que en Fiji las temperaturas son muy constantes. El agua se suele mantener a 25 grados de mayo a noviembre, y en el verano austral no suele subir de los 30 ºC en los primeros cinco metros de profundidad. De todos modos, se aconseja hacer la inmersión durante las primeras horas del día, antes de que los vientos y las corrientes hagan su puntual aparición. Y en meses, evitar los de mayor pluviosidad, que coincide con la medianía del verano, ya que la lluvia y, sobre todo, las nubes pueden oscurecer la visibilidad en las islas principales.

De entre las diferentes zonas, se ha puesto de moda la playa de Volivoli, donde se encuentra un resort especializado en buceo. Aquí se puede realizar desde un cursillo de iniciación a todo tipo de inmersiones en alta mar, gracias a las diferentes lanchas y botes que posee el complejo, algunas con capacidad para hasta 35 buceadores a bordo. Y por si fuera poco, permiten complementar la experiencia con un paseo en un navío fascinante de velas azul petróleo.

Sin duda, la escapada a Fiji está más apuntada en la lista de deseos.