GEOLOGÍA

Así se formó el Etna, uno de los volcanes más raros de Europa

Este gran monte siciliano tiene 500.000 años de antigüedad y posee unos 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Un estudio internacional revela cómo evolucionó y explica la razón por la que su actividad volcánica es tan frecuente y diferente al resto.

Etna

Etna Pixabay

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El pasado 26 de junio, el Etna comenzó un nuevo proceso eruptivo caracterizado por expulsión de lava, lo que ha obligado a las autoridades italianas a intensificar el nivel de vigilancia sobre el volcán, según informa la Agencia EFE.

Hasta ahora, la actividad eruptiva ha provocado el cierre temporal del aeropuerto de Catania (Sicilia) debido a la emisión de ceniza volcánica. En concreto, este fenómeno ha cancelado más de 120 vuelos y se han desviado más de 60 a otros aeropuertos de la región.

El Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (INGV) ha informado que la emisión de ceniza comenzó el pasado domingo y que, como consecuencia, se ha generado una columna de ceniza de unos 1,5 kilómetros de altura que el viento está desplazando hacia el sur, un hallazgo que confirman los modelos de previsión elaborados con datos meteorológicos.

Un misterio geológico

Por raro que pueda parecer, este fenómeno no es infrecuente. El Etna puede presentar actividad magmática varias veces al año y, según un estudio publicado el pasado abril en The Journal of Geophysical Research, es uno de los volcanes más activos de Europa.

Tiene más de 500.000 años de antigüedad, posee una altura de 3.000 metros sobre el nivel del mar y su origen sigue siendo incierto para los científicos al carecer de un modelo geológico que explique su formación de manera exhaustiva.

Motivados por el misterio de su evolución, investigadores de la Universidad de Lausana (Suiza) y el INGV presentaron recientemente una nueva hipótesis que podría transformar nuestra comprensión sobre su origen. Los resultados arrojan luz sobre las erupciones frecuentes del volcán y permiten allanar el camino a una mejor evaluación del riesgo volcánico.

Diferente hasta la médula

Los volcanes de la Tierra se forman cuando parte del manto terrestre se funde, asciende a la superficie y se solidifica, por lo que, hasta ahora, los expertos pensaban que solo se podían configurar mediante tres vías.

La primera hace referencia al límite entre dos placas tectónicas, cuya separación permite que el material del manto terrestre ascienda y se funda. La segunda se activa cuando una placa se sumerge debajo de otra, lo que produce volcanes muy explosivos como el del monte Fuji en Japón. Y la última se refiere a un fenómeno conocido como ‘punto caliente’, en el que asciende material del manto en medio de las placas tectónicas.

Sin embargo, el Etna no se formó a través de estos mecanismos. Situado cerca de una zona de subducción, su composición química se asemeja a la de los volcanes de punto caliente, pero no tiene las características físicas para serlo.

El estudio muestra que, a diferencia de los volcanes convencionales –en los que el magma se forma poco antes de una erupción– el Etna se alimenta de pequeñas cantidades de magma presentes en el manto superior, a unos 80 kilómetros por debajo de la superficie.

Estos magmas se mueven de forma esporádica hacia la superficie por los movimientos tectónicos que se producen dada la colisión entre las placas africana y euroasiática. La lava asciende a través de fracturas en las placas al doblarse cerca de la zona de subducción de una forma muy similar a cómo se exprime una naranja.

De este modo, el volcán siciliano podría pertenecer a una cuarta categoría poco conocida denominada 'petit – spot', descrita por primera vez en 2006 por geólogos japoneses. Estos diminutos volcanes submarinos ofrecen evidencias de bolsas de magma en la parte superior del manto terrestre y demuestran que, en determinadas condiciones, esos conjuntos pueden dar lugar a volcanes.

"Nuestra investigación sugiere que el Etna podría haberse formado mediante un mecanismo similar al que genera los volcanes submarinos de tipo petit – spot", señala el catedrático de la Facultad de Geociencias y Medio Ambiente de la Universidad de Lausana y autor principal del estudio, Sébastien Pilet. "Hasta ahora, estos procesos se habían observado en estructuras volcánicas muy pequeñas, que por lo general no superaban unos cientos metros de altura. En comparación el Etna es un gran estratovolcán", informa.

Para saberlo, los expertos recogieron muestras del monte Etna y reconstruyeron la historia química de la lavas expulsadas hasta la actualidad. Mediante datos experimentales, demostraron que su composición se había mantenido constante a lo largo del tiempo. Este hallazgo revela que el magma que alimenta el Etna preexiste en el manto superior y que la cantidad de material expulsado depende por el movimiento de las placas.

Referencia:

Pilet. S. et al. Mount Etna as a leaking pipe of magmas from the low velocity zone. The Journal of Geophysical Research, 2026.

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