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LAS GRANDES METEDURAS DE PATA DE LA RED SOCIAL

Los pecados capitales de Facebook

Con 1.000 millones de usuarios, es normal recibir alguna queja que otra y es importante aprender a relativizarlas. Dicho esto, Facebook tiene un historial de meteduras de pata históricas de las que únicamente se ha librado por su posición privilegiada: todo el mundo está ahí.

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Facebook Agencias

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Cualquier artículo sobre los pecados capitales de Facebook podría resumirse con una única palabra; privacidad. Sin embargo, conviene desarrollar el concepto, aunque simplemente sea para no tener que lidiar con un editor que se hace preguntas.

Desde sus comienzos, la red social ha asegurado preocuparse por la privacidad de sus usuarios mientras tomaba medidas que parecían comprometerla. Últimamente lo ha corregido ligeramente, con herramientas para proteger mejor nuestra información y publicaciones, pero siempre de cara a otros usuarios y no a terceros. Es decir, se protege la parte más personal (fotos de borracheras o comentarios sobre el último episodio de Top Chef), pero se venden al peso los datos con más valor comercial. Sí, Oreo sabe más de ti de lo que crees. Ahora bien, no le importa mucho.

Aunque la compañía ha mejorado mucho en este aspecto -más por presiones de gobiernos y asociaciones que por amor al arte-, esta será una controversia que siempre acompañará a la empresa, una de las más poderosas del mundo... Con problemas para monetizar su ingente base de usuarios. La publicidad no siempre financia. Que nos lo digan a los periodistas.

Por otro lado, está el elefante en la habitación: Facebook es aburrido. O, mejor dicho, se ha convertido en algo aburrido. Su algoritmo para ofrecer contenido funciona mal y su intención de convertirse en algo así como una página de inicio desde la que podemos ver aquello de lo que se está hablando (como Twitter), unida a dicho algoritmo, es el equivalente virtual a un mono con una metralleta que en lugar de balas dispara titulares llamativos y no creerás lo que pasó después.

La firma lo ha visto y quiere solucionarlo. Sin embargo, para ello necesita que sean los usuarios quienes decidan qué es lo que quieren ver y qué les interesa menos. El problema es que los controles son limitados: se pueden bloquear o priorizar páginas y personas, pero no la actividad de estos. Es decir, igual estoy interesado en la vida de un amigo, pero no quiero enterarme de cada like que hace. Facebook, por ahora, solo permite hacerle desaparecer por completo.

Y, por supuesto, están los fracasos pasados, que nos recuerdan el otro gran pecado de Facebook: la búsqueda de una identidad. Es una red social -la red social-, pero quiere ir a más. Para su desgracia, cada intento es un tropiezo más doloroso que el anterior.

De Slingshot (su fallida respuesta a la cobra de Snapchat) a Home, que vino acompañado de uno de los teléfonos más inexplicables de la historia del mercado, HTC First. La capa de Android que hacía de Facebook el centro de nuestras vidas móviles no generó ni curiosidad, lo cual resulta paradójico, porque todo el mundo sabe que Facebook es precisamente para eso, curiosear.

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