Ya llevamos diez años de Twitter, aunque parezca mentira. Eso no significa que sea la más relevante de todas las redes sociales porque Facebook, Instagram y Snapchat la han adelantado en muchos sentidos, pero sigue siendo importante para la gente que quiere, por ejemplo, estar bien informada. Lo malo es que un problema que ya estaba ahí casi desde 2006 sigue muy presente a pesar de todo lo que se ha mejorado y cambiado en este tiempo.

Hablamos de los trolls, esa gente que acosa, molesta y que tiene cuentas enfocadas directamente a insultar a otras personas que están ahí para otras cosas. Recientemente, hemos visto cómo la actriz de la película de las 'Cazafantasmas', Leslie Jones, abandonaba la red social por los insultos raciales y otras vejaciones a la que le sometieron trolls. Y antes que ella lo hicieron otras figuras reconocidas como el polémico Milo Yiannopoulos.

¿Y el castigo? Mandar correos, banear cuentas y poco más. Aunque hay casos de denuncias llevas a los tribunales por acoso en Twitter, lo cierto es que la red en sí sigue sin tener unas herramientas efectivas para lidiar con sus peores usuarios. Mandar avisos no funciona, como tampoco lo hace banear cuentas -porque es posible crear otras-, ni pedir un número de teléfono para poder ‘asustar’ con denuncias en el mundo real: falsear un teléfono o poner el de otra persona es demasiado sencillo.

Los encargados de la red social saben muy bien que no tienen la estructura adecuada para lidiar con los trolls y los indeseables, que cuanto más importantes más esgrimen su derecho de libertad de expresión y más ruido perjudicial para Twitter generan. Movimientos como el GamerGate demostraron que era posible organizarse y llevar a cabo una estrategia de acoso y derribo directamente por Twitter, una que se viera luego replicada en la vida real con la publicación de datos privados, teléfonos, direcciones y muchas otras invasiones de la intimidad contra la que la red social no hace nada.

Está claro que muchos se piensan que acosar a un famoso por Twitter faltándole al respeto o diciendo burradas que jamás se dirían en la vida real a la cara es algo inofensivo, pero incluso si ese fuera el caso, que la red social permita que gente así campe a sus anchas porque esto no signifique que haya un peligro real para las personas es algo problemático. No es de extrañar que mucha gente no entre en Twitter porque no lo entiende o porque oye que está lleno de mala gente insultándose a diario.

Una de las vías para solucionar esto parece ser la verificación de cuentas, eso que sólo unas pocas cuentas podían tener por su relevancia o por pertenecer a una gran empresa, y que ahora podría expandirse a otros usuarios que lo soliciten. Si tienes una cuenta verificada, tienes más opciones para lidiar con el acoso que las cuentas estándar, y pese a que esto no significa nada 'per se' hay que reconocer que es un paso adelante con algo de fundamento.

La solución no es sencilla. ¿Banear IPs es la solución? También se puede rodear esta medida. ¿Exigir identificación y usar un nombre real? A Facebook casi se lo comen cuando propuso esta idea. ¿No permitir tuitear libremente? Te cargas Twitter en menos de un mes.

Sin embargo, este no es nuestro problema, sino el de Jack Dorsey y otros mandamases de la red social, que están más obsesionados en rentabilizar y llevar a nuevos públicos su producto que en apagar el fuego que tienen en el salón de la casa.