24 de mayo de 2007. Mark Zuckerberg sube al escenario de la primera conferencia para desarrolladores de Facebook (F8), diez días después de haber cumplido 23 años, para hacer el que probablemente fue su primer gran anuncio al frente de la compañía. “Ahora mismo las redes sociales son plataformas cerradas”, afirma el jovencísimo multimillonario. “Y hoy vamos a acabar con eso”.

Así nacía Facebook Platform, el primer ecosistema de 'apps' en el seno de una red social. “Cualquier desarrollador del mundo podrá construir aplicaciones completas dentro de Facebook”, dijo un visiblemente emocionado Zuckerberg. Y no solo eso: también prometió un entorno de competencia perfecta, sin favoritismos, donde ningún programador jugara con ventaja y pudiera plantar cara incluso a los servicios de la propia Facebook.

La cita pasará sin duda a la historia de internet. En ese momento, y con esas palabras, la red social dejaba de ser un prometedor rival de MySpace para convertirse en una plataforma en toda regla que pronto plantaría cara a la mismísima Google. Hoy, seis años después, compite no solo con el todopoderoso buscador, sino también con el resto de gigantes de la tecnología: Amazon, Apple, Microsoft, Yahoo!... Y, sin embargo, poco queda de aquella plataforma e incluso el evento donde se anunció: la conferencia para desarrolladores de Facebook ha desaparecido. Su última edición tuvo lugar en 2011.

Un error imperdonable

Sin su plataforma, es muy probable que Facebook jamás hubiera llegado a ser el coloso que conocemos hoy en día. Haciendo un poco de memoria, seguro que vuelven a tu mente algunas imágenes de la época dorada de la red social. Aquellos maravillosos años en los que Farmville nos tenía irremediablemente enganchados e incluso los más escépticos de entre tus amigos se abrían una cuenta para probar el juego de moda.

Ahora, seis años después de su nacimiento, Facebook Platform no es más que la sombra de lo que podría haber sido. Una oportunidad perdida con la que probablemente se fue el verdadero negocio de Facebook, una empresa con miles de millones de clientes potenciales a la que le cuesta hacer caja, mientras Apple y Google se llenan los bolsillos con los ingresos procedentes de la venta de aplicaciones. La App Store es a la plataforma iOS y Play es al ecosistema Android lo que podría haber sido el App Center para los de Zuckerberg... si no hubieran dado la patada a los desarrolladores.

Los de Menlo Park cometieron un imperdonable error al no escuchar lo más acertado (y enfático) que ha dicho Steve Ballmer en toda su carrera: "Developers, developers, developers!"

La gran patada

“Hemos diseñado Facebook Platform de forma que las aplicaciones de terceros estén al mismo nivel que las aplicaciones desarrolladas por Facebook”, rezaba la antigua página de preguntas frecuentes del proyecto. Sin embargo, solo un año después del estreno, la firma comenzó a romper su promesa de 'fair play'.

Zuckerberg y su equipo de ingenieros comenzaron a introducir restricciones, dejando fuera de juego a cientos de desarrolladores que habían invertido su tiempo y su dinero y ahora veían desaparecer, uno tras otro, los aspectos más atractivos de la plataforma, aquellos por los que habían decidido sumarse. Primero, para evitar que ciertas aplicaciones llenasen de 'spam' los muros de los usuarios limitaron el uso de las notificaciones. Después directamente las eliminaron, dejando a los programadores sin una forma sencilla de comunicarse con sus usuarios.

Hubo quien llamó a aquello el 'Día D'. Incluso se revocó el acceso de algunos desarrolladores a la API, dejando sus 'apps' completamente inservibles y obligándoles a introducir costosas modificaciones. Se trataba de proteger a los usuarios, sí, pero pagaron justos por pecadores y Facebook se disparó en el pie, dejando a Platform, la niña de sus ojos, herida de muerte.

La confianza quedó hecha pedazos. Después de aquello, ningún desarrollador en su sano juicio se atrevía a programar para Facebook, que comenzó a lucir como una plataforma inestable. Muchos comenzaron a abandonarla, incluso a vender sus 'apps', y los que decidieron quedarse tardarían poco en estar arrepentidos. Si lo anterior había sido el 'Día D', aún estaba por llegar lo que alguno bautizó como la “crisis de los misiles”.

Más se perdió en Cuba...

En 2010, Facebook se sacó de la manga Credits, una moneda con la que pretendían centralizar los pagos en su plataforma y arañar algo de beneficio. Tuvieron entonces la genial idea de presionar a los desarrolladores para que la adoptasen, e incluso trataron de fijar un impuesto sobre el dinero que entrase en las arcas del desarrollador por esta vía.

Consiguieron cabrear incluso a Zynga, creadora de Farmville y Words With Friends, que en aquel momento era responsable de más del 12% de los ingresos de la red social. La relación entre las dos empresas jamás llegó a recuperarse de este durísimo golpe y, desde entonces, los juegos de la firma se han ido trasladando lenta y dificultosamente a las plataformas móviles y los chats.

Pero es que esa lección tampoco la aprendieron y han seguido repitiendo la misma estrategia hasta la actualidad. Por dar el ejemplo más reciente, Facebook se puso a hacer limpieza el 13 de agosto y deshabilitó numerosas aplicaciones completamente legítimas (durante horas) por no molestarse en comprobar manualmente cuáles eran las verdaderamente maliciosas.

Más ejemplos. SocialCam y Viddy, ambos bautizados en su día como 'los Instagram del vídeo', se despeñaron después de cautivar a millones de usuarios por culpa de la política de Facebook. BranchOut, una de las alternativas a LinkedIn más prometedoras, pasó de 39 millones de usuarios mensuales a solo unos 100.000 cuando la red de Zuckerberg acabó con el sistema que les estaba permitiendo expandirse.

¿Y por qué? ¿Por qué quiere Facebook, antaño paraíso de los desarrolladores, ser un coto cerrado? ¿Hay alguna razón?

Según la compañía, el problema es que esas aplicaciones se están aprovechando de su plataforma sin dar nada a cambio y, por si fuera poco, tratando de reemplazar servicios que son vitales para Facebook. En cualquier caso, justificados o no, todos estos vaivenes han acabado por destrozar Platform: a día de hoy, desarrollar una aplicación dentro de Facebook parece una idea absolutamente horrible (a no ser que sea un juego).


Fuente: Flickr Jakob Steinschaden

Entonces, ¿Facebook lo ha hecho todo mal?

No todo. Hay al menos una parte de su plataforma que se ha desarrollado excepcionalmente bien o, mejor dicho, Zuckerberg ha conseguido quedarse a medio camino entre ser una auténtica plataforma y ser solo un servicio. “Facebook ocupa un espacio interesante en el mercado móvil. No somos un sistema operativo, pero tampoco somos solamente una 'app'”, admitió durante una entrevista para Wired. Ahora mismo, las aplicaciones de terceros no se integran EN Facebook, pero procuran integrarse CON Facebook.

Fue en 2008, con el lanzamiento de Connect, cuando dio comienzo esta estrategia, que es en unos pilares de la red social como la conocemos hoy en día. Básicamente, Facebook se ha convertido en el intermediario más utilizado a la hora de hacer 'login' en otras aplicaciones. A los usuarios les gusta porque no tienen que recordar su contraseña y a los desarrolladores les gusta porque les permite conseguir nuevos usuarios rápidamente: en cuanto estás conectado y verificado, compartir tu estado y tus logros en la aplicación con tus amigos de Facebook es tan sencillo como pulsar un botón.

Tal es el éxito de Connect que 81 de las 100 aplicaciones más exitosas de iOS y 62 de las más exitosas de Android utilizan este sistema de 'login', según datos de The Next Web, que cita como fuente a la propia compañía.

Para que lo entiendas, puede que Facebook ya no tenga el aliciente de revoluciones como Farmville dentro de su propia plataforma, pero los grandes 'hits' del momento, como Candy Crush, siguen necesitando a la red social para convertirse en un fenómeno social. Eso sí, el dinero se queda en las arcas de King, Apple y Google.

Un segundo intento

Parece que en Menlo Park ya son conscientes del error que han cometido. Por fin. Tal vez por eso han decidido dar una segunda oportunidad a su plataforma con el programa 'Facebook Mobile Games Publishing'. Básicamente, se trata de ofrecer a pequeños desarrolladores la posibilidad de distribuir sus videojuegos para móviles a través de Facebook a cambio de un porcentaje de los ingresos. Justo lo que tendrían que haber hecho la primera vez.

Hay razones para predecir su éxito, pero también para augurar su fracaso. Es cierto que en iOS y Android cada vez es más difícil dar a conocer una nueva aplicación, porque sus plataformas han alcanzado la madurez y están empezando a saturarse. Por ahí podría colarse Facebook. Sin embargo, también hay un problema de confianza. Los antecedentes de la red social son tan negativos que los desarrolladores ya no se fían y no va a ser sencillo convencerles de que esta vez no se quedarán tirados.

Además, la competencia cada vez es más fuerte. Las aplicaciones de mensajería instantánea no solo estás ganando terreno a Facebook en el ámbito de la comunicación, sino que además, en su afán de derrocar al rey WhatsApp, están dando pasos para crear sus propias plataformas. Los chats alternativos, con el popular Line a la cabeza, están apostando por las 'apps' para convertirse en los gigantes del futuro.

Su hipótesis es que, igual que la web ha estado en manos de los buscadores y las redes sociales, la web móvil estará en manos de las herramientas más directas de comunicación. La mensajería instantánea podría ser el centro de la experiencia 'online' del futuro, la puerta de entrada al resto de servicios y aplicaciones.

En definitiva, la guerra por los 'smartphones' no ha hecho más que comenzar y, para su desgracia, Facebook parte con un enorme 'handicap': a los desarrolladores aún les duele su gran patada en el culo. ¿Qué podrá hacer Zuckerberg para que le perdonen?