Dicen los expertos que la impresión 3D va a cambiar el mundo, porque muchos de los sectores que actualmente conocemos tendrán que adaptarse ante la revolución que supone que cualquiera de nosotros, en nuestra casa, seamos capaces de fabricarnos cualquier cosa: una taza, una cuchara, un marco para cuadros e incluso con maquinaria especial, una vivienda entera.

Además, hasta hoy, todas esas técnicas de impresión 3D estaban bastante establecidas y, dependiendo del material que quisiéramos utilizar, el principio era el mismo: una cabeza va esculpiendo, capa a capa y de abajo a arriba, cada una de las partes que forman el objeto. Pero todo eso podría saltar por los aires tras lo descubierto por un grupo de investigadores suizos.

Se trata de los científicos que trabajan en la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), Suiza, donde han dado con una nueva forma de imprimir objetos 3D que tira por tierra todas las convenciones anteriores. No solo ahorra tiempo, sino que cuenta con una precisión absolutamente asombrosa y es capaz de fabricar cada nuevo modelo de una sola pieza, sin necesidad de un proceso de acabado posterior.

Los primeros pasos de una nueva tecnología

Esa nueva técnica, que ha sido desarrollada por los investigadores de la EPFL, no solo tarda muy pocos segundos en imprimir un objeto 3D, sino que lo hace a partir de un único bloque de material y, además, tiene una precisión en el trazado que se mide en micrómetros. Esto supone un avance extraordinario para áreas como la medicina o la biología, donde será posible construir a medida, y casi en el momento, objetos blandos como tejidos, órganos, audífonos o protectores bucales.

El método que han utilizado para desarrollar esta tecnología se basa en un principio básico de la tomografía, ya que recurre a una representación transversal de un objeto para, utilizando rayos X y ultrasonidos, iluminar una pieza de resina desde distintos ángulos para solidificarla dándole la forma necesaria. Es decir, sería algo así como lo que decía Miguel Ángel de las rocas que esculpía: "¿Cómo puedo hacer una escultura? Simplemente retirando el bloque de mármol todo lo que no es necesario".

Según Paul Delrot, CTO de Readily3D –empresa creada expresamente para comercializar esta tecnología– "Se trata de la luz. [...] El láser endurece el líquido a través de un proceso de polimerización. Dependiendo de lo que estemos construyendo, usamos algoritmos para calcular exactamente dónde necesitamos apuntar los rayos, desde qué ángulos y en qué dosis".

En este momento, esta nueva tecnología de impresión 3D solo es capaz de crear objetos de un tamaño de unos dos centímetros, con una precisión de 80 micrómetros –como un pequeño mechón de pelo. Sin embargo, desde la compañía están convencidos de que podrán escalar la máquina que han desarrollado para llegar a imprimir modelos más grandes, de hasta 15 centímetros. Tanto es así que, desde la EPFL, afirman que "El proceso también podría usarse para construir rápidamente piezas pequeñas de silicona o acrílicas que no necesitan acabado después de la impresión".