Internet es un circuito donde unos vuelan en avión y otros van en coche de caballos. Tu conexión, me temo, viaja en carruaje, como la mía. Pero los científicos de decenas de laboratorios, universidades, centros de investigación y la NASA utilizan una velocidad que produciría vértigo a un individuo acostumbrado a la conexión habitual de un hogar.

Esa red por donde circula la ciencia se llama ESnet y es unas mil veces más rápida que la conexión comercial que ofrecen las teleoperadoras. La velocidad varía en función de la infraestructura tecnológica (fibra óptica, par de cobre...) y la capacidad contratada, pero, por establecer una referencia, una oferta común en nuestro país es de 10 megabytes por segundo en ADSL base y 30 megas en VDSL.

Por ESnet pueden viajar hasta 91 Gbps por segundo entre dos puntos cualquiera de EEUU. Una cifra récord que consiguió el High End Computer Networking de la NASA en un envío entre Denver y el Goddard Space Flight Center de la NASA, en Greenbelt (Maryland, EEUU), según la revista Wired.

Esnet, creada por el Departamento de Energía de EEUU, anunció hace dos años que podría alcanzar transferencias de 100 Gbps pero, de acuerdo con esta publicación, esas cifras suelen quedar en la teoría porque “los datos no viajan en línea recta”.

El hito anterior ocurrió hace dos años. En aquella ocasión la NASA transfirió 98 Gbps entre Goddard y la Universidad de Utah. Pero la mejor marca está en manos de Alcatel-Lucent y BT, según la publicación estadounidense. Estas dos compañías consiguieron una conexión de 1,4 Tbps (1 Tera es igual a 1.000 Gigas) a principios de este año entre Londres y Ipswich (la distancia en línea recta entre la capital del Reino Unido y esta ciudad, al este de Inglaterra, es de 120 kilómetros).

ESnet nació en 1986 de la unión de la red High Energy Physics (HEPnet) y Magnetic Fusion Energy (MFEnet). La línea inicial era de 56 Kbps pero las investigaciones de estos dos centros y de algunas instituciones científicas más fue requiriendo una infraestructura y unas supercomputadoras con tarjetas de red mucho más potentes. Hoy muchos de los estudios sobre energía, climatología, astrofísica y los orígenes del universo pueden llevarse a cabo porque toda la documentación y el procesamiento de datos se mueve en una red con estas capacidades.

Uno de ellos fue, por ejemplo, el descubrimiento de una supernova. Un telescopio robótico llamado Palomar Transient Factory (PTF) recogió la información lejana. ESnet transmitió los datos a una velocidad inimaginable para una red comercial y eso hizo posible que unas supercomputadoras pudieran procesar todos los datos casi en tiempo real.

Miles de científicos de todo el mundo desarrollan su trabajo utilizando esta red. Por ella se mueven cada mes decenas de petabytes de información y la cifra no para de crecer. Cada año la cantidad de datos aumenta en un 70%, según FedTech.

La ciencia requiere máquinas potentes y velocidades supersónicas. Un sistema de conexión como ESnet permite mirar hacia lo más grande (estudios de astrofísica y el universo) y lo más pequeño (también lo usan en el mayor acelerador de partículas del mundo, el Gran Colisionador de Hadrones).

El desarrollo tecnológico es otra forma de definir épocas. Es un medidor que valora el progreso sin mirar fechas ni calendario. Así pues, si borramos los siglos y establecemos un baremo basado en la velocidad y capacidad de internet, la NASA y los laboratorios conectados por ESnet llevarían a la inmensidad de oficinas y hogares a la época de las cavernas.