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SU PROTECCIÓN, UNA ASIGNATURA PENDIENTE

Los peces más vulnerables a la pesca tardan décadas en recuperarse

Si no se asegura su protección, la destrucción de especies en reservas marinas como la lubina o el mero se acelera, según investigadores del CSIC y de la Universidad de Barcelona.

Islas Medas

CSIC Islas Medas

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La recuperación total de las poblaciones de especies de peces comerciales en áreas protegidas es posible, aunque en algunos casos puede llevar décadas. Es una de las conclusiones del estudio llevado a cabo por el CSIC y la Universidad de Barcelona tras 20 años de seguimiento de seis especies en la reserva marina de las islas Medas, frente a la costa catalana.

Este archipiélago de 21 hectáreas de superficie posee un rico fondo marino que atrae cada año a multitud de investigadores y ha convertido esta reserva en una de las más importantes del Mediterráneo. Las siete islas fueron declaradas Parque Natural Nacional Protegido en junio de 2010 por su gran diversidad de fauna y flora: de hecho, la raya común y el coral rojo son especies habituales de estas aguas.

Los investigadores Antoni Garcia-Rubies, del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB) del CSIC, y los científicos de la Universidad de Barcelona Bernat Hereu y Mikel Zabala han realizado a lo largo de veinte años de inmersión en aguas de la reserva de este archipiélago inventarios de sargo imperial, lubina, mero, corvallo, dorada y dentón, en uno de los estudios más completos realizado en una zona de estas características en el Mediterráneo.

En este tiempo, el mero, el sargo imperial y la lubina se han recuperado casi en su totalidad. El dentón y el corvallo siguen aumentando, mientras la dorada “no sólo no se ha recuperado sino que ha disminuido el número de ejemplares respecto a los primeros años de protección”, suscriben estos investigadores en su estudio, publicado en la revista Plos One. Los científicos achacan este retroceso a que la dorada se reproduce en la periferia de la reserva, donde sospechan que es pescada mediante artes de cerco ilegales.

El estudio se ha centrado en estos ejemplares porque son peces de vida larga, que pueden alcanzar gran tamaño, sedentarias, muy apreciadas para el consumo y por ello muy vulnerables a la presión pesquera. Los investigadores concluyen que “las especies más vulnerables a la pesca requieren un largo tiempo de protección total para recuperarse. Si no se asegura la protección, puede llevar a su destrucción en pocos días”.

Conocer estos datos, dicen estos expertos, “debería servir a las Administraciones para seleccionar las mejores zonas marinas para proteger. Las reservas marinas actuales albergan biomasas de peces más bien pequeñas, “y algunas zonas no protegidas con un enorme potencial”.

El interés de aumentar la red de espacios protegidos es que cuando una zona alcanza su máxima capacidad de peces parte de su población podría desplazarse a zonas limítrofes y ayudar así a mantener las poblaciones explotadas de los alrededores. Pero para que este trasvase funcione “en la costa también debería haber una reserva, sin discontinuidades de hábitat entre las zonas protegidas y las no protegidas, permitiendo un intercambio de fluido de peces entre unas zonas y otras”. El problema de un corredor marino así es que, aunque favorecería a la pesca, no garantizaría la total protección de las especies, al mantenerse la explotación pesquera de parte de la población.

Para estos científicos, se debería crear una red de reservas situadas en lugares no muy alejados unos de otros, en la que se alternaran reservas aisladas, como las islas Medas, y zonas costeras.

Para el profesor Bernat Hereu, “se trata de peces que son buenos indicadores del efecto reserva porque son especies vulnerables a la pesca profesional y deportiva, de larga vida y con un hábitat compartido, y debido a la protección, son más abundantes dentro que fuera del área protegida”.

 

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