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SERPIENTES VENENOSAS

El (falso) color del veneno

Así como existen animales discretos, amigos de camuflarse y pasar desapercibidos, hay otros que por sus colores vibrantes y chillones casi parecen querer llamar nuestra atención.

El mensaje está claro: ni te acerques

CienciaXplora El mensaje está claro: ni te acerques

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Rafael Medina | @copepodo | Madrid
| 30.04.2014 08:24

Los biólogos saben que cuando hay animales vestidos de colores llamativos no suele ser por nada bueno. A menudo las coloraciones de este tipo equivalen a un mensaje de advertencia o peligro, pues los animales que las portan son frecuentemente venenosos: pensemos en las bandas amarillas y negras de las avispas, el rojo y negro de la viuda negra o los moteados multicolores de las ranitas dardo del Amazonas. El nombre que recibe este fenómeno es aposematismo, y no por conocido deja de suscitar algunas preguntas: ¿Por qué ocurre este fenómeno? ¿Qué relación tienen los colores chillones con el veneno?

En principio, los colores rojo, amarillo y negro no tienen ninguna relación lógica con ser venenoso (el veneno en sí no tiene por qué tener color alguno, y de hecho hay muchos animales venenosos que no son aposemáticos). Al igual que ocurre con el lenguaje simbólico, no parece haber ninguna relación inevitable entre el significante (colores chillones) y el significado (veneno) más allá de un consenso que muchos animales parecen reconocer, y eso es precisamente lo interesante. De alguna forma cuando un animal venenoso exhibe esos colores de advertencia, está, sorprendentemente, “educando” al resto de la fauna en el “significado” de ese mensaje.

La efectividad de la coloración aposemática no está, por lo tanto, en los colores en sí, sino en la facilidad de ser recordados. De la misma manera que después de atravesar una calle abarrotada recordaremos con más facilidad haber visto a un señor disfrazado de Pikachu que a un desconocido cualquiera sin nada destacable, los animales con colores muy llamativos facilitan que un depredador potencial recuerde una experiencia pasada (una mala experiencia, probablemente) con algún miembro de esa misma especie. El pajarillo inexperto que se come un insecto venenoso de sabor desagradable probablemente lo recordará más fácilmente si éste muestra bandas rojigualdas que si es un anodino chinche pardo del montón. El pajarillo queda “educado” de esta forma en tan curioso mensaje: “no me toques”. Incluso a pesar de que el primer insecto muriera en heroico acto de servicio docente, pues en última instancia la selección natural actúa sobre el rasgo, no sobre el individuo.

No nos debe extrañar, pues, que el aposematismo sea un mecanismo de protección eficaz que ha evolucionado muchas veces entre animales muy dispares. Tan frecuente es que acaban saliendo imitadores, unos más sinceros que otros. Puede ocurrir que en varias especies próximas, todas ellas venenosas, se seleccionen o se mantengan coloraciones aposemáticas más o menos uniformes. El resultado es que el mensaje se refuerza en su conjunto y todos los partícipes del mecanismo resultan beneficiados.

Pensemos por ejemplo en las serpientes de coral americanas (que pertenecen a la misma familia que las cobras): son más de 70 especies que poseen una poderosa neurotoxina y que suelen advertirlo con un aposemático bandeado rojo, amarillo y negro. El aposematismo es mucho más eficaz (“difunde su mensaje” más rápido y a más lugares) si las 70 especies lo expresan que si sólo lo hace una de ellas.

Sin embargo, lo realmente fascinante son los imitadores fraudulentos. Por ejemplo, en las mismas áreas habitadas por las serpientes de coral, toda una estirpe de culebras totalmente inofensivas (las falsas coral) presentan una coloración muy parecida. No resulta difícil deducir que portar una librea tan temida y respetada, incluso por depredadores de culebras, puede ser una tremenda ventaja en términos de selección natural (lo que explica esta curiosa convergencia).

El parecido es asombroso pese a que ambas estirpes sólo están lejanamente emparentadas. Pese a todo, un observador bien informado a menudo puede distinguir la coral venenosa de la imitadora fraudulenta: las corales genuinas suelen tener las bandas rojas bordeadas por amarillo, mientras que en las falsas corales el rojo está en contacto con el negro.

Los estadounidenses, que son muy de usar reglas mnemotécnicas (y que pueden salvarse de algún susto desagradable si la recuerdan) dicen que “Red on yellow will kill a fellow, but red on black is a friend of Jack”. Desde cualquier parte del mundo, incluso si no corremos el riesgo de vernos las caras con una serpiente de coral, esto nos servirá para decidir si el protagonista de tal o cual película debería estar tan preocupado como aparenta por el escamoso y colorido visitante de su salón.

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