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ESTE NO ES EL TÍPICO REPORTAJE SOBRE PINGÜINOS

Cuatro historias alucinantes de pingüinos

Visten siempre de etiqueta y tienen una porte muy elegante a pesar de que anden de una manera bastante torpe, lo que ha hecho que se mofen de ellos llamándoles las “aves tontas”. Estamos hablando de los pingüinos, unas aves que no saben volar pero que encierran muchas historias fascinantes.

Los pingüinos, unas aves acuáticas muy singulares

International Polar Foundation Los pingüinos, unas aves acuáticas muy singulares

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Podemos encontrar a estas graciosas aves acuáticas en varios lugares del hemisferio sur, como Nueva Zelanda, Sudáfrica, las costas de Chile y Perú, las Islas Galápagos y en la Antártida, donde son prácticamente omnipresentes con sus imponentes colonias de pingüinos Emperador y Adela.

Hay más de quince tipos de estos animales, con tamaños que varían desde los 40 cm y los 1,30 metros de altura, aunque siempre tienen la misma estructura corporal. Todos tienen un pelaje que nos recuerda a un esmoquin de día de fiesta y esos andares que se asemejan más a cómo acaban algunos con unas copas de más que a un animal terrestre al uso.

Por esta característica la expedición de Vasco da Gama del siglo XV que se dirigía la India les tildaron de “pájaros bobos” cuando los avistaron por primera vez en las costas africanas.

Hace millones de años perdieron su capacidad de volar en aras de una mayor eficiencia en el nado, ya que unas buenas aletas son incompatibles con el vuelo, tal como recoge una investigación publicada en 'PNAS'.

“Los pingüinos tienen más peligro como depredadores en el agua que en tierra firme”, añade el estudio, por esto en su evolución se centraron en ser grandes nadadores, ya que es en el mar donde se alimentan de pescado, crustáceos y krill (este último alimento en las especies de la Antártida).

Los pingüinos Emperador

Pero si por algo destacan estos animales son por las historias curiosas que encierran. Hoy hemos elegido cuatro historias y hemos separado y titulado cada una como si fueran cuatro relatos breves.

1.- Prostitución o amor para toda la vida

Esta historia sería como las historias antiguas marineros, pero en lugar de un amor en cada puerto sería una piedra por cada favor sexual. Los pingüinos Adelia hacen su nido con cantos y estos escasean en la Antártida. Por ello las hembras, cuando su pareja está en el agua, coquetean y ofrecen sexo a machos solteros a cambio de unas buenas piedras.

Ellos creen que será mejor tener más crías y ellas mejoran la consistencia de su nido. ¡Vaya “pájaras”! (y eso que no vuelan). John Lloyd lo define en 'El pequeño gran libro de la ignorancia animal' como la “única forma conocida de prostitución aviar”.

En el extremo contrario (y con mejores condiciones climatológicas) se encuentran los pingüinos que viven en la zona de la corriente Humboldt (en las costas de Chile y Perú). Estos tienen una pareja para toda la vida y construyen sus nidos en madrigueras.

Ya veis, alta fidelidad versus prostitución.

2.- Robos y pillaje en la colonia

Este título podría recordar a una película de quinquis de los ochenta, pero es que algunos pingüinos pierden los huevos que están incubando con su pareja y se ven con la necesidad de robar huevos de otros para cuidarlos. “Esto es un atraco, nena”, como cantaban los Burning.

Esta actitud de afanar es comprensible contando con que los pingüinos Emperador solamente tienen un huevo al año. Y los peligros son muchos, ya que mientras uno de la pareja está cazando puede caer preso de tiburones, leones marinos o focas... y si el cuidador ve que su pareja no vuelve y no aguanta más sin comer puede dejar el huevo a merced de predadores aéreos o terrestres.

3.- Padres excelentes en la guardería

Una de las imágenes más bonitas del reino animal es la de una colonia de pingüinos en la Antártida, con la estatura aproximada de un niño pequeño. Se colocan agrupados para darse calor mutuamente y turnándose para que todos puedan tener su hueco en el centro.

En el caso de los pingüinos Emperador es la manera de sobrevivir en un clima hostil y extremo de hasta -50 ºC. Los padres, que se encargan de incubarlos, tienen que sujetar los huevos entre sus patas durante 64 días, mientras las hembras se alimentan en el mar.

Cuando vuelven las hembras los pichones ya han nacido y los machos han perdido casi la mitad de su peso corporal, por lo que se relevan de inmediato en el cuidado de la cría.

Pingüino con progenitores

La crianza es una especie de custodia compartida y, en muchas ocasiones, también la pueden llevar a cabo dos machos sin problemas. No solamente en los zoos hay pingüinos gais, también en estado salvaje. Según un estudio publicado en 'Ethology' su comportamiento se debe a la soledad y a la ausencia de suficientes hembras en la colonia.

Sea por la razón que sea estos animales son unos padres de lujo.

4.- El suicidio enigmático del pingüino

El director Werner Herzog fue invitado a la Antártida a rodar 'Encuentros del fin del mundo' y desde el principio dejó claro que no quería rodar “otra típica película de pingüinos”.

En una escena fantástica con un paisaje blanco, resplandeciente y totalmente congelado, aparecen un grupo de pingüinos que deciden ir al mar a alimentarse.

De repente uno se queda parado durante un buen rato y decide tomar el camino contrario del resto del grupo, hacia unas montañas bastante alejadas. Se dirige hacia allí a sabiendas de que le espera una muerte segura, según se cuenta en el film.

El pingüino solitario de vez en cuando se para y mira hacia atrás. Y nosotros nos quedamos pensativos, preguntándonos si busca la muerte, si ha tenido un arrebato de locura o si se ha hartado de sus congéneres.

Como es algo que se nos escapa un poco de las manos y para evitar ponernos metafísicos y emitir juicios elevados vamos a dejar la respuesta en el aire y concluir nuestra colección de relatos con estas imágenes:

Son imágenes del documental 'Penguins: Spy in the Huddle' y las grabó un caracara estriado que robó una piedra-cámara en una colonia de pingüinos pensando que era el huevo de un pichón de pingüino. Esto si que es un adiós a vista de pájaro.

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