En Europa estamos cada vez más concienciados con la importancia para la salud de llevar una dieta adecuada, así como de las consecuencias ambientales de nuestras elecciones alimentarias.

En consecuencia, muchos europeos han reducido su consumo de carne y de otros productos que pueden ser perjudiciales, como el azúcar, dando cada vez más protagonismo a los vegetales en su menú diario.

Algo similar ha ocurrido en otros países desarrollados como Estados Unidos, Canadá y Australia. Sin embargo, los mayores cambios en la cadena alimentaria se concentran en la parte oriental del planeta. Concretamente, en Corea del Sur, China y Taiwán.

Durante las últimas décadas, estos estados asiáticos han experimentado la tendencia contraria a la registrada en Europa: han incorporado a sus dietas más alimentos de origen animal, como la carne y los huevos, así como una mayor proporción de azúcar, vegetales, marisco y cultivos oleaginosos.

El consumo de frutas y verduras ha aumentado en Europa | Pexels

La globalización de las dietas

Lo mismo que otros sectores, la industria alimentaria también ha sufrido las consecuencias de la globalización. El desarrollo de tecnologías para mejorar el rendimiento de los cultivos, aumentar la producción de alimentos y optimizar su almacenamiento y conservación está provocando cambios en los sistemas alimentarios.

Además, factores como la tendencia de la población a concentrarse en las ciudades, el incremento del nivel de renta o la venta de comidas procesadas influye en la variedad de alimentos disponibles en un país o en su demanda, sus fuentes de procedencia y el precio.

Estas variaciones afectan a la seguridad alimentaria, a la salud de la población y a la sostenibilidad ambiental de los países. Es por eso que un equipo internacional de científicos ha analizado los cambios en los sistemas de provisión de alimentos (y por tanto en la dieta de los ciudadanos) de 171 naciones entre la década de 1960 y la de los 2010.

Su investigación, publicada recientemente en ‘Nature Food’, revela los diferentes cambios registrados en oriente y occidente. La disminución de dietas basadas en alimentos de origen animal y azúcares y la mayor disponibilidad de vegetales indican una tendencia hacia hábitos más saludables en algunas partes del mundo, como Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia.

Sin embargo, en Corea del Sur, China y Taiwán, el aumento del consumo de productos animales y azucarados experimentado en las últimas décadas ha venido acompañado de un preocupante incremento en el índice de obesidad de su población, además de problemas ambientales asociados a la producción intensiva de alimentos.

Otras regiones, como el África subsahariana, no han experimentado apenas cambios en sus modelos alimentarios. Según los expertos, esto podría explicar los problemas de malnutrición que sufre la población de estas áreas.

Conocer estas tendencias es una potente herramienta para que los países puedan diseñar políticas y estrategias para dirigir cambios hacia modelos de alimentación más saludables para la población y sostenibles para el planeta.

“Esperamos que nuestra investigación abra las puertas al análisis de los impactos para la salud de los patrones de las dietas a nivel global”, ha asegurado James Bentham, uno de los autores del estudio. “También debemos considerar los impactos ambientales de estas tendencias”, ha añadido.

“Los avances en la ciencia y la tecnología, junto con rentas cada vez más altas, ha permitido a muchos países tener acceso a una mayor variedad de alimentos”, ha señalado Majid Ezzati, coautor del estudio. Según Ezzati, debemos aprovechar esos avances para promover mejores elecciones alimenticias entre la población, especialmente entre aquellas personas que disponen de medios más limitados.

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