Una placa en el Instituto Smithsonian de Washington reza así: “Martha, última de su especie, murió a la 1.00 PM, a los 29 años, el 1 de septiembre en el zoológico de Cincinnati. EXTINTA”. Un epitafio que conmueve, ya que esta hembra de paloma migratoria americana (Ectopistes migratorius) pasó sus años sola y sin capacidad de reproducirse.

Martha acabó disecada. Lo que la placa que la acompaña no detalla es que su cuerpo es el recuerdo de la desvergüenza y la codicia humana que acabó con la que otrora representara entre el 25 y el 40% de la población total de aves de Estados Unidos, según datos de la misma institución.

Podemos hacernos una idea de la gran cantidad de ejemplares que había gracias a algunos testimonios del siglo XIX, que describían sus impresionantes migraciones formando bandadas de hasta 500 kilómetros de largo. Un modo de desplazamiento que dejó boquiabiertos a los primeros europeos que llegaron a Norteamérica y que también supuso su sentencia de muerte, al ofrecer unas facilidades inmensas para su caza masiva.

¿Quién se iba a imaginar que un animal tan abundante iba a caer presa de la codicia humana? Antes de 1.800 ya se cazaba a pequeña escala para comer su carne. Como se consideraba un recurso inagotable, a partir de esa fecha se comenzó a cazar en grupos inmensos, sin ningún tipo de control y con grandes facilidades gracias a sus hábitos de vida en comunidad.

“Fueron cazadas sin descanso, disparadas, capturadas en redes o chamuscadas en los dormideros comunales que construían en los árboles” según cuenta Pedro Cáceres en el blog de SEO/BirdLife. A los adultos se les disparaba, a los pichones se los cazaba con palos largos y con ollas de azufre y fuego se les aturdía para capturarles en grandes cantidades.

Los colonos iban expandiéndose por toda la costa Este de EEUU y se necesitaba un alimento barato para satisfacer sus necesidades alimenticias. La expansión del ferrocarril y de los terrenos agrícolas fue mermando los bosques donde anidaban en su zona habitual de cría. Además, estudios recientes apuntan a que los cambios en el clima también afectaron a las bellotas, una de sus principales fuentes de alimentación.

A mediados del siglo XIX la situación era preocupante y la población de palomas migratorias se había reducido a la mitad. No se tomaron cartas en el asunto hasta 1880, pero solo para intentar – de forma infructuosa – criarlas en cautividad.

Sin embargo las cacerías siguieron de forma descontrolada, a pesar de algunos vanos intentos legislativos. En 1876 en Michigan se cazaban a razón de 50.000 por día, sin dar tiempo a las supervivientes a formar nuevos grupos. Su vida colonial era su gran protección contra depredadores como halcones o zorros, pero no contra el hombre.

En 1896 se cazó, a sabiendas de la situación crítica, a la última gran bandada de 250.000 palomas. Se probó una veda de caza durante diez años, pero los pocos ejemplares que quedaban no fueron capaces de revertir la situación, ya que las hembras solo eran capaces de poner un huevo de cada vez.

Un niño abatió en Ohio en 1900 al último ejemplar de paloma migratoria que se avistó en estado salvaje. Durante varios años se ofreció una gran recompensa a quien volviera a ver alguna más, pero esto no sucedió.

Y ahora es cuando volvemos al zoológico donde vivió y murió en cautividad la última hembra de esta especie, que solo un siglo antes podría pasar por encima de nuestras cabezas en bandadas que duraban horas y horas. La historia se recoge en la canción de John Herald 'Martha (Last of the Passenger Pigeons)'

En el siguiente vídeo el zoo de Cincinnati conmemora los cien años desde su fallecimiento:

El cuerpo de Martha, que falleció a causa de su avanzada edad, fue disecado y se conserva en el Instituto Smithsonian. Las dos veces que ha sido expuesto en otras ciudades ha viajado en un avión en primera clase, acompañada en todo momento por una azafata de vuelo. Un privilegio que, conociendo la historia, es una triste ironía.

Ojalá este trato se le hubiera dado a su debido tiempo y que, en este momento, los humanos lo tengan con el 13% de las especies actuales de aves que está en riesgo de extinción.