CÉLULAS VIEJAS, CÉLULAS JÓVENES

CÉLULAS VIEJAS, CÉLULAS JÓVENES

¿Qué edad tienen los órganos del cuerpo?

Hasta ahora, se pensaba que las neuronas y las células del corazón eran, posiblemente, las más longevas del organismo. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que órganos como el hígado o el páncreas también poseen células muy antiguas.

Algunos órganos presentan células muy antiguas
Algunos órganos presentan células muy antiguas | RockSnap I Pixabay
Lucía Caballero
  Madrid | 21/06/2019

Ni al corazón ni al hígado les salen arrugas a medida que envejecen. Sin embargo, más allá de nuestra piel, que manifiesta externamente los signos de la edad, el tiempo también pasa inevitablemente por nuestros órganos internos. Pero ¿se conservan todos igual de bien? ¿Tenemos alguno más viejo que otro?

La clave para determinar su longevidad está en las unidades que los constituyen: las células. Hasta el momento, las investigaciones han apuntado a las neuronas o las células del corazón como las más ancianas del cuerpo adulto. “Hay una idea general de que las neuronas son longevas, mientras que otras células del organismo son relativamente jóvenes y se regeneran durante la vida”, explica Rafael Arrojo e Drigo, del Instituto Salk de Estudios Biológicos (California).

Sin embargo, este científico es el autor principal de un reciente estudio, publicado en la revista ‘Cell Metabolism’, que sugiere que otros órganos como el hígado y el páncreas están formados por conglomerados de células y proteínas de diferentes edades, algunas tan antiguas como las neuronas.

Según Martin Hetzer, también coautor del trabajo y director del instituto estadounidense, sus hallazgos indican la existencia de una gran complejidad celular y “tiene implicaciones interesantes para el estudio del envejecimiento de órganos como el cerebro, el corazón y el páncreas”.

Las células no hablan de su edad

Los científicos combinaron en el laboratorio el llamado marcado isotópico con una nueva técnica de imagen para visualizar y cuantificar la edad de las células y las proteínas en el cerebro, el páncreas y el hígado de roedores tanto jóvenes como adultos.

Así, pudieron comprobar que las neuronas eran tan viejas como el propio organismo de los animales. Algo que ya intuían: la mayoría de las neuronas no se dividen durante la edad adulta, es decir, no son reemplazadas por otras nuevas. Por eso, los científicos las utilizaron como patrón para comparar el resto de células y validar sus resultados.

Los análisis desvelaron también que las células endoteliales, que recubren la cara interna de los vasos y capilares sanguíneos, eran tan antiguas como las neuronas. Por lo tanto, existen otras células en el organismo que, como las neuronas, tampoco se renuevan.

Mosaicos celulares

El páncreas, el órgano responsable de mantener los niveles de azúcar en sangre y producir enzimas digestivas, tiene células de diferentes edades. En una pequeña zona llamados islotes de Langerhans, algunas células beta, que segregan insulina, se renuevan constantemente (son relativamente jóvenes), mientras que otras no se dividen (tienen mayor antigüedad). Otro tipo, las células delta, tampoco se replican.

Imagen que muestra células jóvenes (azul-verde) y antiguas (amarillo-rosa) en un islote de Langerhans. | Instituto Salk

Aunque estudios anteriores habían demostrado que el hígado puede regenerarse durante la edad adulta, los investigadores del presente trabajo encontraron que muchas de las células de este órgano en ratones eran tan antiguas como el propio animal. Mientras tanto, otras células como las células estrelladas hepáticas eran mucho más jóvenes.

Asimismo, a escala molecular, algunas de las células observadas contenían complejos de proteínas que también presentaban este mosaicismo de edades.

Las novedosas técnicas de imagen utilizadas por los investigadores fueron claves en el éxito de su trabajo y les permitirán continuar en el futuro con estudios para cuantificar la edad de ácidos nucleicos y lípidos y entender cómo la distinta antigüedad de células y moléculas se relaciona con el desarrollo de enfermedades como la diabetes.

Determinar la edad de las células y sus estructuras permitirá entender mejor los mecanismos de mantenimiento y reparación celular y analizar los efectos de su envejecimiento en órganos como el corazón y en el desarrollo de enfermedades. “El fin último es utilizar esos mecanismos para prevenir o retrasar el declive asociado a la edad de aquellos órganos con una renovación de células limitada”, concluye Hetzer.

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