Los Estados Unidos probaron, durante 12 años, 67 armas nucleares en las Islas Marshall, provocando niveles de radiación diez veces más altos que los de Chernóbil.

Era 1946, el mundo apenas había empezado a recuperarse tras el conflicto más mortífero de la historia, y la tensión era máxima entre los dos grandes imperios que regían el mundo. Eran los comienzos de más de 40 años de Guerra Fría.

Tras lanzar las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki en 1945, los Estados Unidos decidieron seguir aprendiendo más sobre las armas nucleares y su destructividad. Así que lo hicieron en el archipiélago del Pacífico situado a medio camino entre las Filipinas y Hawái: las Islas Marshall, que desde 1944 estaba bajo su control administrativo, y así lo fue hasta finales del siglo XX.

Las pruebas se realizaron en dos atolones (islas coralinas con forma de anillo): Bikini y Enewetak. Los habitantes de estos atolones fueron ubicados en otros lugares de la isla, y tras comenzar las pruebas descubrieron que las consecuencias afectaban a más atolones habitados, Rongelap y Utirik, así que evacuaron todo. Aun así, las partículas radioactivas se extendieron por todo el archipiélago.

En 1946 comenzaron las primeras bombas: Able y Baker, en Bikini. Cinco años después se probó, en Enewetak, la primera bomba de hidrógeno, llamada en clave Ivy Mike. Y en 1954 tuvo lugar la prueba nuclear más grande que Estados Unidos podría haber realizado: Castle Bravo, 1.000 veces más poderosa que el arma de uranio que destrozó Hiroshima.

Entre 2015 y 2018 investigadores del Centro de Estudios Nucleares de la Universidad de Columbia realizaron tres estudios en los que analizaron los niveles de radiación recogiendo muestras de suelos, sedimentos marinos, frutas y plantas de todos los lugares afectados por las bombas. Así han descubierto que los niveles de radiación en algunas islas eran entre diez y 1.000 veces más altos que los de Fukushima, y diez veces mayores que los de Chernóbil.

Han pasado más de 60 años. De los 29 atolones y 5 islas que componen la región, la mayoría de sus 70.000 habitantes están apiñados en tan sólo dos de las islas porque no puede regresar a su isla natal, pues los niveles de radiación siguen siendo demasiado altos en muchas zonas del archipiélago como para que cualquier vida pueda crecer ahí. Dale play al vídeo para ver las imágenes del lugar del que hablamos.

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