De forma consciente o inconsciente, la gente tiende a pensar que las tormentas llamadas Christina o Victoria serán menos peligrosas que Alexander o Victor. Esto es lo que propone un nuevo estudio realizado en la Universidad de Illinois (EEUU) y publicado esta semana en PNAS.

El trabajo ha analizado las bajas registradas por huracanes entre 1950 y 2012. Estadísticamente, los huracanes femeninos causan más bajas. Para conformar su hipótesis, los investigadores encuestaron a más de 300 personas sobre su percepción del riesgo que supondrán huracanes previstos para 2014.

En la actualidad, la Organización Meteorológica Mundial es la encargada de darle un nombre a los huracanes, alternando entre uno masculino y uno femenino. En el estudio, los encuestados tuvieron que estimar el riesgo que supondrán cinco huracanes macho y otros cinco hembra previstos para 2014. Los resultados indican que Arthur, Cristobal, Omar, Kyle y Marco eran percibidos por la mayoría de encuestados como más peligrosos que Bertha, Dolly, Fay, Laura y Hanna.

“La gente parece estar usando sus creencias sobre cómo se comportan los hombres y las mujeres para estimar cómo de intensa será una tormenta”, ha explicado Sharon Shavitt, coautor del estudio, en una nota de prensa de su institución. “Esto hace a un huracán con nombre de mujer, especialmente uno con un nombre muy femenino como Belle o Cindy, parecer más suave o menos violento”, asegura el investigador.

Shavitt y el resto de su equipo alertan de que este aparente sesgo en la percepción del riesgo por creencias machistas es un baldón para el método actual para nombrar huracanes y que los políticos, los meteorólogos y los medios deberían tenerlos en cuenta a la hora de alertar a la población cuando llegan estas tormentas.

Pero el estudio puede no bastar para demostrar esa conexión entre las bajas en huracanes y posibles sesgos de género. Por nombrar solo dos problemas, la muestra, a pesar de abarcar seis décadas, tiene un total de 94 tormentas. A esto se suma el hecho de que hasta 1979 los nombres que se les daba a estas tormentas eran siempre de mujer, una costumbre con la que los meteorólogos querían expresar el carácter impredecible de estas tormentas, según explica la Universidad de Illinois. En 1979 se cambió el modelo por el actual, que alterna un nombre de cada sexo.

Los investigadores aseguran que, si se estudian las bajas antes y después de ese año, los resultados fundamentales del estudio se mantienen, aunque reconocen que la muestra es entonces demasiado pequeña como para ser representativa. Además en las encuestas sí hay nombres femeninos que son percibidos como más peligrosos que otros masculinos.

Varios expertos han ensalzado el trabajo por “abrir una nueva caja de los truenos” sobre los prejuicios machistas. Otros alertan de que es pronto para darlos por buenos y cambiar el sistema para bautizar tormentas. Queda por ver si este año huracanes como Omar o Cristobal serán menos cruentos que Dolly o Fay.