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LA ESQUIVA DEFINICIÓN DE UN CONCEPTO ESQUIVO

El hombre que desafió la definición del tiempo en un tribunal

La definición exacta del término 'tiempo' ha pasado por varias fases a lo largo de la historia: desde la universalización del tiempo (que en una región sea siempre la misma hora y las demás atrasen o adelanten en función de los husos horarios) hasta la mera determinación de cuánto intervalo de tiempo es, por ejemplo, un segundo. Ello incluso supuso un desafío legislativo en un famoso juicio celebrado en el siglo XIX.

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Agencias Big Ben

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A pesar de que aún no se sabía muy bien qué era el tiempo y nadie se ponía de acuerdo en determinar de forma exacta cuánta duración tenía un minuto o un segundo, Reino Unido promulgó en 1880 una definición legislativa del tiempo para establecer un marco de convivencia y, sobre todo, una aplicación de las normativas locales. Esta definición se llamó la Ley del Estatuto (de Definición del Tiempo).

Pudiera parecer éste un propósito demasiado ambicioso, pero en realidad lo que trataba de dilucidar esta definición era algo tan simple para nosotros como conocer con exactitud qué hora era en cada lugar. Según la definición, el tiempo la imponía la hora de Greenwich, que se refería al tiempo solar medio en el Real Observatorio de Greenwich, muy cerca de Londres.

No obstante, eso también conllevó unas cuantas dificultades.

¿Qué hora era?

Un famoso juicio contra un hombre que no había encendido la luz de su bicicleta mientras circulaba puso de manifiesto cuán espinosa era la cuestión de establecer un marco uniformador sobre el tiempo en un mundo en el que apenas existían relojes y la gente no solía viajar más allá de un puñado de kilómetros en toda su vida.

El 19 de agosto de 1898, a las 8:15 p.m. (hora de Greenwich), la policía de Bristol detuvo a un hombre llamado Gordon porque montaba una bicicleta sin llevar la luz encendida. Según la normativa local, las bicicletas y carruajes debían llevar una luz encendida durante el período comprendido entre una hora después de la puesta de sol y una hora antes del amanecer. Dado que el sol se había puesto a las 7:13 p.m. en Greenwich, Gordon no tenía la luz encendida una hora y dos minutos después del ocaso.

Sin embargo, para Gordon esto no tenía ningún sentido. En Greenwich el sol se ponía a una hora distinta que en Bristol, que se pone diez minutos más tarde, de modo que no era de recibo el encender la luz si había luz. Los jueces de la ciudad de Bristol entendieron el razonamiento... pero el tiempo empezaba a dejar de ser una magnitud subjetiva e invocaron la Ley del Estatuto para declarar culpable a Gordon.

Darley & Cumberland, los abogados que defendían a Gordon, apelaron aquella sentencia, fallándose finalmente que la puesta de sol no es un período de tiempo, sino un hecho físico. Tal y como escribe James Gleick en su libro 'Viajar en el tiempo', el juez Chanell insistió en aquel fallo con estas palabras: "De acuerdo con la decisión de los jueces en su forma actual, un hombre en una bicicleta sin luz puede estar viendo el sol en el cielo y, sin embargo, ser culpable del delito de no llevar la luz encendida una hora después de la puesta del sol".

La definición de un segundo

Progresivamente, la definición del tiempo se ha ido mejorando en aras de evitar conflictos entre las partes, no sólo acerca de la hora que es en un determinado lugar, sino también lo que dura un simple segundo. Al principio, una vuelta de la Tierra alrededor del Sol era un año, mientras que una vuelta de la Tierra sobre sí misma era un día, que a su vez se dividía en 24 horas, la hora en 60 minutos y el minuto en 60 segundos. Por tanto, en 1900 se definió un segundo como 1/86.400 de un día solar medio.

Esto era suficientemente preciso para las actividades cotidianas, pero poco a poco se fue observando que la Tierra no era un reloj preciso. En 1950, en el Laboratorio Nacional de Física se construyó el primer reloj atómico.

Su precisión era tan elevada que en 1967 los organismos de normas internacionales cambiaron la definición de segundo basada en el movimiento de la Tierra por otra definición basada en el átomo de cesio: el segundo, pues, acabó siendo la duración de 9.192.631.770 oscilaciones de la radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo 133 del átomo de cesio a una temperatura de 0 grados Kelvin.

Esta definición era a todas luces un tanto complicada para el común de los mortales, pero por contraposición ganábamos un nivel inédito de precisión y objetividad. En 1972, finalmente, se adoptó una medida universal que utiliza la definición atómica de segundo. A ese tiempo se le llama en todas las lenguas UTC (Tiempo Universal Coordinado), algo que quizá deberíamos tener en cuenta si alguien nos acusa de haber llegado tarde a una cita.

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