Fijémonos en el 'look' de Shaggy y en el apetito voraz que les distinguía tanto a él como a su perro. Mirad los ojos del flacucho: ¡son todo pupilas! También resulta sospechoso el miedo injustificado de ambos a que sus enemigos resultasen ser fantasmas de verdad... muy a pesar de que nunca lo fuesen.

Esto nos hace preguntarnos qué tenían en realidad las “Scooby galletas” que Shaggy devoraba a pesar de ser alimento para canes. Aunque el equipo creativo niega cualquier adicción por parte del cabeza del grupo, las pruebas apuntan a que los rumores podrían tener razón.