Un Jimmy Hoffa con patillas ha ahogado a Pedro Sánchez en el espejo al que tanto se mira. El presidente del Gobierno, al igual que le ocurrió a Narciso, no ha sido capaz de separarse de su imagen, y ha caído en su propia trampa que no es otra que la trampa del espejo.

Por decirlo de otra manera, Pedro Sánchez, para contentar al verdadero poder, es decir, al Capital, no ha sido capaz de intervenir el mercado, dejando que este se regule por cuenta de la mano invisible, siguiendo la pauta de la doctrina neoliberal. Y ya sabemos lo que pasa cuando no hay intervención: el capitalismo entra en crisis, se pone en modo fascista y sale de paseo, en este caso conduciendo un camión.

Con todo, no es de recibo señalar al camionero como fascista, pues el origen del desastre de nuestra economía viene causado por la política neoliberal llevada a cabo desde un Gobierno que sigue las directrices del Capital y ha dado la espalda a las necesidades del pueblo. Como era de esperar, la derecha, en su dimensión extrema, ha instrumentalizando la legitimidad de toda protesta de la clase trabajadora.

No sé si me explico, pero lo de la huelga de transportes ha sido el efecto de políticas poco sociales, y Vox se ha puesto al volante aprovechando la coyuntura. La inflación desatada anuncia un conflicto social de difícil remisión, abriendo la grieta entre necesidades y hechos. Si seguimos así, las elecciones no tardarán. Al Capital no le gusta estar parado. Necesita moverse, pues el dinero también es mercancía.

Si aún quedasen dudas acerca de lo subyugante que resulta el trabajo de los camioneros, lo más acertado sería leer una de las mejores novelas sociales de todas las épocas. Se titula 'El salario del miedo' (Contraseña Ediciones) y es una obra maestra que salió en 1950 y que fue escrita por Georges Arnaud, un autor comprometido con la realidad político-social cuya activismo contra el orden establecido es referencia para los que nos dedicamos a esto. Pasó por la cárcel cuando alzó su voz a favor de la independencia de Argelia. Y su vida fue un permanente enfrentamiento contra los dueños de las fronteras. Moriría en Barcelona, en 1987.

La novela nos cuenta, con extrema dureza, las condiciones de los conductores que llevan camiones cargados de nitroglicerina por las difíciles carreteras de Guatemala. Se juegan la vida por los mil dolares que pagan por cada viaje, y ese es el salario del miedo. Miseria, egoísmo, crueldad, supervivencia, lucha interior, en fin, que esta novela revela la condición humana cuando el ser humano es llevado al extremo.

Hacen falta más escritores como Georges Arnaud, sobre todo en nuestro país, donde se echa en falta la conciencia crítica, y donde oponerse a un gobierno, cuyas políticas neoliberales están arrasando a la población, no resulta de buen gusto para una pseudoizquierda que ha perdido su hegemonía, pasando más tiempo en Instagram que protestando en la calle. Por eso, volviendo a lo mismo, los camioneros han capitalizado el descontento y Vox ha instrumentalizado la protesta. Es muy sencillo y no es algo nuevo.

En todo caso, es un asunto tan sucio como el engaño al pueblo que nuestros gobernantes llevan ejerciendo desde hace siglos.

Huele a goma quemada, las señales de humo anuncian que muy pronto habrá recambio de gobierno para seguir con las mismas políticas, que son las que dicta el Capital. Lo anuncia el espejo en el que lleva mirándose Pedro Sánchez desde que llegó al gobierno. Ha absorbido su imagen y ha quedado vacío.