Es lógico preguntarse si los filtros solares que contienen las cremas podrían bloquear la radiación que llega a las algas y contribuir a la muerte de los arrecifes de coral. Los corales tienen algas en su superficie, responsables de su colorido. Necesitan que la radiación solar llegue a ellas para poder hacer la fotosíntesis; si esto no sucede, el coral se blanquea hasta morir. Hay decenas de estudios que han evaluado el impacto medioambiental de las cremas solares en el medio marino. La conclusión: se está poniendo el foco donde no es.

  • ¿Los corales son animales, plantas o rocas?

Los corales no son plantas. Tampoco son rocas. Los corales son animales; concretamente una agrupación de varios seres vivos que establecen entre sí una relación cooperativa, lo que en biología se conoce como "simbiosis".

Aunque hay varios tipos de corales, los más habituales y conocidos son pólipos cubiertos de algas. El pólipo tiene la capacidad de fijar sobre sus tejidos el carbonato de calcio disuelto en el mar y así formar las estructuras rígidas de los arrecifes de coral. Podría decirse que los pólipos coralinos construyen refugios de piedra con el carbonato cálcico que recogen del mar.

La estructura calcárea del coral es blanca. Los colores se deben a unas microalgas llamadas zooxantelas que viven en simbiosis con los pólipos coralinos.

Las algas zooxantelas realizan la fotosíntesis, es decir, producen oxígeno y azúcares a partir de radiación solar y dióxido de carbono. Así que las algas proporcionan el alimento a los pólipos. El resto de nutrientes lo obtienen del plancton. Por esta razón el coral necesita aguas transparentes para desarrollarse, para que las zooxantelas puedan realizar la fotosíntesis. Las algas zooxantelas pueden proporcionar hasta el 90% de las necesidades energéticas de los corales.​ A cambio, como un ejemplo de mutualismo, los corales dan protección a las zooxantelas y les proporcionan el suministro constante de dióxido de carbono que necesitan para la fotosíntesis.

Coral sano y coral blanqueando

Cuando los corales palidecen es indicativo de que están perdiendo las zooxantelas. Este fenómeno se denomina "blanqueo". Sin las algas se rompe el equilibrio simbiótico del coral, con lo que todas las especies que los habitan, incluidos los pólipos, acaban muriendo. Cuando esto sucede, el coral queda reducido a un esqueleto blanco sin vida. Resulta simbólico que cuando el coral se muere lo único que queda es su refugio de carbonato, como si dejase una lápida de piedra.

  • Corales, bivalvos y otras especies marinas en peligro

Se estima que el 10% de los arrecifes de coral ya están muertos y alrededor del 60 % están en riesgo. La situación es particularmente preocupante para los arrecifes del sudeste asiático, donde el 80% se consideran en peligro de extinción. Todavía no se comprende completamente el impacto a largo plazo del blanqueo de corales, pero sí se sabe que los hace vulnerables a enfermedades, detiene su crecimiento y afecta a su reproducción. Cuando el blanqueo es severo implica una muerte masiva del arrecife. En ese punto se consideran irrecuperables.

Colonia de Tubastraea micranthus parcialmente afectada por blanqueo

Los arrecifes de coral ocupan el 0,1% de la superficie de los océanos, conformando el hábitat del 25% de las especies marinas, incluyendo peces, esponjas, crustáceos, moluscos, estrellas de mar, erizos, tortugas marinas e incluso aves. Por ejemplo, el atolón de Midway en Hawái sustenta casi tres millones de aves marinas de 17 especies diferentes. También cumplen la función de proteger a las poblaciones costeras de las olas de alto impacto, reduciendo más de un 84% su altura y energía.

  • Qué dice la ciencia sobre el impacto de las cremas solares en el medio marino

Uno de los factores que se ha estudiado como posible amenaza para los arrecifes de coral son los filtros solares de los cosméticos que acaban disueltos en el mar. La evidencia científica de esta correlación es muy limitada.

Se han encontrado ciertos indicios que señalan a dos compuestos: la oxibenzona y el octilmetoxicinamato. Ambos son filtros ultravioleta cuyo uso está autorizado por las agencias reguladoras. De todos modos, el impacto real de estos compuestos sobre los corales ha sido muy cuestionado por la comunidad científica. Principalmente porque las condiciones experimentales de laboratorio no son comparables a las reales. Se utilizaron concentraciones de estos compuestos diez mil veces mayores (10 mg/l) que la concentración más alta reportada en el agua de mar por la literatura científica, que se corresponde a una playa muy concurrida de Noruega (1 µg/l).

Pese a la endeble evidencia científica, en 2018 Hawai se convirtió en el primer estado de EEUU en prohibir el uso de protectores solares con oxibenzona. No obstante, no hay ningún estudio científico (ni siquiera anterior a la prohibición) en el que se haya detectado este compuesto en las aguas de Hawai. La medida se tomó por «principio de precaución» a pesar de no contar con respaldo científico.

Los filtros solares que están bajo sospecha, la oxibenzona y el octilmetoxicinamato, siguen siendo ingredientes cosméticos de curso legal, pero actualmente hay muy pocos laboratorios cosméticos que los incluyan en sus fórmulas. De hecho, algunos laboratorios han colocado sellos en sus productos para indicar que son "respetuosos con el medio marino" por la sencilla razón de no contener estos compuestos en su formulación. Alegar que se es respetuoso con el medio marino sale prácticamente gratis para algunos: cambias un par de filtros solares por otros y listo.

Uno de los estudios más ambiciosos sobre el impacto de los filtros solares en el medio marino se realizó durante la la expedición TARA Pacific. El CRIOBE (Centre de Recherches Insulaires et Observatoire de l’Environnement) en colaboración con IFREMER (L'Institut Français de Recherche pour l'Exploitation de la Mer), aprovecharon la expedición para medir la concentración de filtros ultravioleta en la laguna de la isla de Moorea. El muestreo se prolongó durante semanas, con medidas con una sensibilidad nivel traza, posibilitando la detección en concentraciones extremadamente bajas, del orden de ng/l (un millón de veces más pequeñas que un miligramo por litro).

En paralelo el Centre Scientifique de Monaco evaluó el impacto en los corales de los principales filtros UV comúnmente utilizados en los protectores solares. Para ello se expusieron pequeñas cantidades cultivadas de la especie de coral Styllophora pistillata durante 5 semanas a concentraciones de 10 μg/L hasta 1 mg/L de los filtros ultravioleta Drometrizole trisiloxane, Ecamsule, Etilhexiltriazona, Octocrileno y Avobenzona. Se evaluó tanto el blanqueamiento como el rendimiento de la fotosíntesis de las algas coralinas. La conclusión del estudio es que ninguno de estos filtros indujeron el blanqueamiento de los corales ni redujeron la eficiencia fotosintética de las microalgas simbióticas a concentraciones 100.000 veces superiores a las reportadas en aguas naturales.

En el estudio también se pudo comprobar que ninguno de esos filtros solares afecta a la vida en aguas dulces (zooplacton Daphnia magna, microalgas Selenestrum capricornutum, huevas de pez Danio rerio) ni en aguas saladas (bacterias Vibrio fisheri, microalgas Pheodactylum tricornutum, larvas de erizo de mar Paracentrotus lividus, corales cultivados Stylophora pistillata).

La evidencia científica es clara: los filtros solares de las cremas no son los principales causantes del blanqueamiento de los corales.

  • Si no son las cremas, ¿qué está matando a los corales?

Los ecosistemas coralinos se ven a amenazados por la extracción, la escorrentía agrícola, la contaminación, la sobrepesca, la excavación de canales de acceso a islas y bahías… Aunque la principal amenaza es el cambio climático: el aumento de la temperatura, la subida del nivel del mar y la acidificación de los océanos son consecuencia de las emisiones de CO2.

Uno de los principales gases de efecto invernadero, el CO2, tiene una elevada solubilidad en agua, muy por encima del oxígeno o del nitrógeno. Los océanos absorben aproximadamente el 30% del CO2 atmosférico. Estrictamente el CO2 no se disuelve en el agua, sino que reacciona con ella. Al reaccionar forma ácido carbónico. Este ácido es el que acidifica el agua (hace descender el pH).

En el medio marino hay un equilibrio entre el carbonato y el bicarbonato que hacen posible la formación de conchas y estructuras de organismos calcificadores como corales, bivalvos o algas coralinas. Sus refugios están formados de carbonato que obtienen del agua. El problema es que cuanto más CO2 hay, más se acidifican los océanos, por lo que se formará más bicarbonato que carbonato. Este desequilibrio reduce la capacidad calcificadora de las especies marinas hasta provocarles la muerte.

Otro de los factores que está contribuyendo a la destrucción de los corales (aunque en menor medida que el cambio climático) es el mal llamado "ecoturismo". La declaración de la zona arrecifal como reserva de la biosfera o área protegida puede contribuir a la protección de los arrecifes de coral. Por eso el arrecife de barrera de Belice, el archipiélago de Chagos, Sian Ka'an, las islas Galápagos, la Gran Barrera de Coral, la isla Henderson, Palau y Papahānaumokuākea ya han sido declarados Patrimonio de la Humanidad.

  • Laboratorios cosméticos neutros en CO2: el verdadero compromiso medioambiental

Los laboratorios dermatológicos verdaderamente comprometidos con la preservación del medio marino han de ir más allá de la formulación limpia de sus productos de protección solar. Lo fácil y barato es cambiar un filtro solar por otro y colocar un sello al producto que acredite que la fórmula no contiene un par de sustancias. En muchos casos no es más que apariencia. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que es lo que de verdad importa, requiere de una inversión de mayor envergadura en infraestructuras y en investigación científica.

No todos quieren, no todos pueden, no todos llegan a tiempo. Porque asumir el objetivo del Acuerdo de París contra el cambio climático implica tener un plan para alcanzar cero emisiones netas de gases de efecto invernadero en 2050, contribuyendo así a mantener el aumento de la temperatura global dentro de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. Es un trabajo de investigación, desarrollo e innovación que el laboratorio tendría que haber emprendido hace al menos una década. Así que para saber si una crema solar es respetuosa con el medio marino, la respuesta no está en la lista de ingredientes del producto, sino en la política medioambiental del laboratorio. El compromiso con el medioambiente es, ante todo, un compromiso con la ciencia.