Hay dos maneras de hacer frente a la pésima gestión actual de los plásticos: apoyar el reciclaje y la reutilización transformando los residuos plásticos en recursos, y/o reducir el uso de plásticos que actualmente no se reciclan porque económica o tecnológicamente no es viable.

Para reducir el uso de plásticos que no se reciclan, la Comisión Europea ha aprobado una directiva que establece que a partir del 3 de julio de 2021 no se pueden introducir en el mercado comunitario 10 productos de plástico de un solo uso: pajitas, bastoncillos, cubiertos, platos, agitadores de bebidas, palitos de globos, vasos, bolsas, recipientes para alimentos y bebidas de poliestireno expandido y todos los productos fabricados con plástico oxodegradable, porque cuando se abandonan en la naturaleza dejan residuos microplásticos difíciles de eliminar. El gobierno español aprobó en mayo un proyecto de ley de residuos en el que se traspone la directiva europea. Ahora la norma se está enmendando en el Congreso y no se espera que entre en vigor hasta el próximo año.

Cada año acaban en el mar más de diez millones de toneladas de plástico. El plástico llega al mar cuando no se recicla, ni se reutiliza, ni se destruye. China, Indonesia y Filipinas encabezan la clasificación de los países que más cantidad arrojan, y los 20 primeros –todos en Asia y África, excepto Estados Unidos y Brasil– son responsables del 83% del plástico mal gestionado que acaba en el mar. En España solo el 66,5% del plástico se recicla y el 12% se incinera para obtener energía. En Europa apenas se recicla el 30%, de ahí la urgencia de impedir que estos plásticos lleguen al mercado.

El problema no está en el material, sino en la mala gestión que se hace de él. Los plásticos (o lo que coloquialmente se llama “plásticos”) son polímeros y pertenecen a una gran familia de materiales, la mayoría son ligeros, inertes, resistentes y sostenibles. Hay mucha desinformación sobre los plásticos, lo que ha llevado a demonizarlos injustamente.

No se puede valorar el impacto medioambiental de un material mirando solo si este se biodegrada con facilidad al abandonarlo en la naturaleza. Hay muchos más factores a considerar, por eso en ciencia de materiales se hace el Análisis del Ciclo de Vida (ACV), que es un balance ecológico con el que se evalúa el impacto ambiental de un producto durante todas las etapas de su existencia, desde la extracción de materias primas, la producción, la distribución, el uso, la posible reutilización, el reciclaje, la valorización y la gestión de residuos.

Aunque la directiva europea aún no ha entrado en vigor en España, una larga lista de fabricantes y distribuidores ya se han ido adaptando al cambio, ofreciendo alternativas al plástico de un solo uso. A continuación, una lista de opciones que de verdad son más sostenibles, no solo en apariencia, sino con el aval de la ciencia. Destripo el final: en muchos casos la mejor alternativa a los productos de plástico de un solo uso es usar un plástico mejor.

1. Bastoncillos

Los bastoncillos para los oídos suelen ser de polietileno de alta densidad o polipropileno, ambos son reciclables, pero la realidad es que no suelen separarse para reciclar, incluso algunas personas los tiran indebidamente por el retrete. La mejor solución sería separar el algodón de la varilla de plástico y reciclarlo. Como eso no se hace, la solución es fabricar la varilla con papel. Aunque el ACV del papel indica que es un material con mayor impacto medioambiental que el plástico, al menos si acaba en el mar se biodegradará con facilidad.

2. Pajitas

Las pajitas, pajillas o cañas de plástico para beber suelen ser de polietileno de densidad media. No se reciclan. Tampoco es seguro reutilizarlas porque es complicado garantizar que se puedan lavar correctamente tras su uso. Una alternativa podría ser el papel, pero su huella ecológica sigue siendo disparatada. Talar árboles para hacer pajitas no es sostenible, y menos si el producto final va a estar en contacto con alimentos y por tanto no se puede reciclar. No obstante, es la opción que se baraja para hostelería. Otra alternativa podría ser la madera, como el bambú, pero su huella ecológica sigue siendo alta, y además las maderas se desaconsejan para uso alimentario, ya que son un sustrato orgánico y poroso, es decir, desde el punto de vista sanitario los utensilios de madera son un riesgo biológico.

Por eso la mejor alternativa son las pajitas de plástico rígido o de metal, provistas de un cepillo que permita limpiarlas por dentro y así usarlas una y otra vez. O algo más sencillo: no usar pajitas si no es imprescindible.

3. Platos, cubiertos y vasos

Cualquier material de un solo uso tendrá un alto impacto medioambiental. Por eso, aunque la alternativa que más se encuentra en los supermercados son los utensilios de papel, cartón o fibras de madera, no son mucho más sostenibles que el plástico si tenemos en cuenta el ACV de cada material. Si bien estos materiales se biodegradan con facilidad si se abandonan en el medio natural, la mejor alternativa es no generar residuos. Por eso la solución pasa por utilizar platos, cubiertos y vasos ligeros y resistentes que se puedan usar una y otra vez, como los de plástico rígido de polipropileno de uso alimentario. Se pueden lavar en el lavavajillas, calentar en el microondas, tienen una larga vida útil y apenas sumarán peso a la cesta del picnic.

4. Táperes y recipientes de comida para llevar

La directiva europea prohíbe el uso de poliestireno expandido (coloquialmente denominado 'porespán') para vasos de bebida y recipientes con comida. Es un material difícil de reciclar que apenas se reutiliza. Sus principales virtudes son que es muy ligero, inerte y aislante, por lo que conserva la temperatura de los alimentos. Esto no lo ofrece ningún otro material simple. Por ejemplo, el cartón que ha estado en contacto con los alimentos no se puede reciclar, y si el contacto se dilata en el tiempo, se vuelve inseguro, ya que es un sustrato orgánico y poroso.

Las alternativas actuales suelen ser materiales compuestos que integran cartón y polímeros. El problema es que los materiales compuestos, si no están diseñados para que se pueden separar fácilmente, no se reciclan. Por eso la mejor alternativa pasa por prescindir de cualquier material de un solo uso y apostar por los táperes de polipropileno tradicionales, que se pueden lavar en el lavavajillas, calentar en el microondas y usar una y otra vez. Además, son más ligeros, duraderos y resistentes que la otra alternativa, los táperes de vidrio.

Una actitud sostenible también consiste en reutilizar los táperes de plástico en los que vienen envasados algunos alimentos, sumándolos a la colección de recipientes reutilizables, igual que se hace con los botes de vidrio.

En la actualidad hay empresas que están tratando de normalizar el uso de táperes "con vuelta" en la comida a domicilio. En hostelería, conciertos o festivales, la opción más sostenible es utilizar vasos de plástico de polipropileno que se puedan rellenar.

5. Botellas

Si la botella va a ser de un solo uso, el material más sostenible es el plástico PET reciclado. En la actualidad cada vez más empresas embotelladoras están empleando este material.

La alternativa más sostenible será la que sea más ligera, resistente y duradera, que permita usar la botella una y otra vez. La primera en la clasificación de sostenibilidad sería la botella de plástico rellenable, en segunda posición estaría la de aluminio y en tercera la de vidrio.

6. Bolsas

En contra de la creencia popular, si la bolsa se va a usar una única vez, la más contaminante es la de algodón, le sigue la de papel, y por último la de plástico. La alternativa ideal es reutilizar las bolsas de plástico, como las de rafia, ya que su huella ecológica es la menor de todas.

En conclusión, hay muy pocas alternativas de un solo uso que sean más sostenibles o seguras que el plástico. El problema está en "un solo uso" y no en el material.

Para ilustrar esto sirven de ejemplo los cepillos de dientes: hoy en día no hay ninguna alternativa segura a los cepillos de plástico. Los cepillos de dientes de madera son un disparate sanitario, por eso hay que seguir usándolos de plástico, aunque se genere un residuo cada tres meses.

Por todo esto, lo que no es de recibo es resolver con prohibiciones un problema medioambiental que debería abordarse desde una mejor gestión de los residuos y desde el compromiso con alargar la vida útil de los productos, empezando por el diseño sostenible.

Menos usar y tirar, y más usar una y otra vez.