Trabajadores esenciales. Esa es la palabra que en plena pandemia se nos quedó grabada. Eran los únicos ciudadanos a los que se les permitía salir a trabajar por lo imprescindible de su labor para el sostenimiento del país, En lo peor de la crisis sanitaria, en aquellos 15 días de abril en los que nadie podía salir de casa excepto ellos, aprendimos a valorar a nuestros vecinos. Cajeras, transportistas, operarios industriales, sanitarios… una serie de profesiones que se ganaron el respeto de la ciudadanía porque se comprendía que la clase obrera manual, aquellos a los que se suele despreciar, eran imprescindibles para mantenernos a salvo en nuestro hogar. La vacunación avanza rápido, se consideró que excepto algunas de las profesiones más expuestas, personal sanitario y docente y de seguridad, se vacunaría por rangos de edad. Se excluyó de esa vacunación por labor profesional a muchos de los que se consideraron trabajadores esenciales que están esperando su turno etario sin rechistar. Las cajeras ya no eran personal esencial ahora que había vacunas. Llega junio, llega la Eurocopa. Juega España, ¡yo soy español, español, español!

El gobierno ha autorizado que los futbolistas de la selección española no esperen el turno que les corresponde por edad y se vacunen de manera urgente después de que Sergio Busquets hubiera dado positivo. No se preocupen los fanáticos del fútbol, la Eurocopa se iba a celebrar igual sin vacunar a los jugadores. No pongan como excusa para la celebración del evento que es imprescindible entretener al vulgo en un momento en que necesita esparcimiento. La Eurocopa no estaba en riesgo. Quizás lo que les preocupa es llevar una selección menos competitiva ante el riesgo de ver a la bandera de España eliminada en primera fase. Es bastante dramático el espíritu servil que lleva desde algunos foros a justificar una vacunación saltándose el protocolo solo porque el pueblo quiere circo. No son 50 vacunas, es una posición ética y moral que impide dar privilegios por el poder económico, político y simbólico de un sector. Estos días se están realizando las pruebas de acceso a la universidad y los profesores universitarios que tienen que controlar las pruebas no han tenido acceso a la vacunación si no les ha correspondido por edad, porque no llevan la bandera de España en el pecho. Que esperen su turno.

No solo han sido los futbolistas. También a los deportistas que irán a los JJOO se les vacunó, pero eso no implica que la excepción hecha con la selección española de fútbol sea menos lamentable, y además con un extra añadido. Es el gobierno el que vacunará a los futbolistas españoles mientras que a los deportistas olímpicos lo hizo una organización privada como el COI llegando a un acuerdo privado con Pfizer. Las vacunas de los jugadores de la selección española forman parte del cupo destinado a todos los ciudadanos que tiene la sanidad pública fruto del acuerdo de la UE con las farmacéuticas. La vacuna que se le pone a un futbolista es la que estamos esperando todos los ciudadanos. La que espera tu familiar.

No son 52 vacunas, es un privilegio. Ahora son futbolistas, en otro momento fueron 60 de una escuela de negocio, o unos cuantos obispos que se colaron, o los 50 políticos que valiéndose de su cargo se saltaron el orden de vacunación. La selección no se ha saltado nada porque cuenta con la aquiescencia del gobierno más progresista de la historia. Es la confirmación de que no todos somos iguales y que no llevamos siéndolo mucho tiempo. El fútbol es el deporte con más privilegios y excepciones en términos generales para saltarse cualquier norma cívica. El fútbol como excusa y coartada para que unas elites ganen dinero sin cumplir con los mismos parámetros de convivencia. Cuando se reanudó el fútbol de élite los jugadores y miembros del cuerpo técnico de los equipos no tenían que cumplir cuarentenas de 10 días habiendo tenido un contacto con un positivo. Era muy jodido que trabajadores que necesitan de su labor para subsistir y guardaban la cuarentena a pesar del coste que le ocasionaba, vieran cómo un futbolista que tenía contacto con un positivo al día siguiente estaba entrenando o jugando. En el mes de mayo, en un momento en el que había un problema de desabastecimiento de pruebas PCR y que ni los sanitarios tenían acceso a ellas, el fútbol hacía pruebas masivas a sus jugadores por un acuerdo con el gobierno. Acuerdo que incluso se incumplió por exceso porque el protocolo firmado ente LFP y gobierno solo autorizaba pruebas por prescripción médica y se hizo pruebas PCR para volver al trabajo hasta Ronaldo, el presidente del Valladolid. Pero nunca pasa nada cuando se trata del fútbol.

Las vacunas son ahora el bien más preciado de nuestra sanidad pública, la esperanza que todos tienen para lograr recuperar su vida y vencer al miedo. Conocer el mensaje que convoca a un familiar a la vacunación es una de las mayores alegrías de estos confusos tiempos, por eso es comprensible el enfado y el desencanto de aquellos que todavía no lo han recibido para alguno de sus familiares vulnerables al ver que el fútbol tiene prioridad frente a sus seres queridos. La vacuna es la certeza de que no te contagias y pierdes tu trabajo, es un salvoconducto hacia el final de la incertidumbre laboral de muchos precarios. El fútbol tiene un poder anestesiante solo al nivel del nacionalismo, por eso van unidos. Las vacunaciones a políticos escandalizaron de forma transversal y hay quien defiende con uñas y dientes que el gobierno conceda una carta de privilegio para el fútbol. Vacunas para el circo, y algunos aplaudiendo.