La historia es más o menos como sigue. Esta semana se celebra el campeonato de España de Pádel en el Wizink Center de Madrid. La federación española de este deporte, encargada de organizarlo, decide contratar a una empresa que se ocupe del asunto. La empresa se llama Urban Event.

El reparto de premios, al ser una competición oficial, está bien claro. 30.000 euros en el caso de los hombres y otros tantos para las mujeres, que se repartirán según se estipule. Hasta aquí, imagino, lo tienen igual de claro que yo.

Ahora viene el nudo del caso que hoy nos ocupa. Como es un evento televisado y la empresa que lo organiza es tan privada como la propiedad de mi casa, asoma el business. Los patrocinadores, deseosos de amortizar hasta la última pela (y como es normal), aseguran un pago generoso a Urban Events si estos aseguran que acudirán al campeonato los mejores de este deporte. Quédense con el concepto de los mejores, que tiene tela.

¿Qué se le ocurre a Urban Event para asegurarse de que participen? Les pagan bajo cuerda. A ellos. Un fondo de 9.000 euros para garantizar que las estrellas masculinas preferirán el Wizink Center a Dubai o Italia, donde se disputan otros campeonatos de este deporte.

¿Ven cómo empezaba lo bueno?

Las jugadoras se enteran y llaman a la federación para comunicar la irregularidad y de paso pedir explicaciones. "El presidente desconocía esta práctica y habla con la empresa, que primero juega al despiste aunque al final lo acaba reconociendo", explica José Carlos Bouzas, abogado de las jugadoras, que afirma que a la compañía no se les ocurrió otra cosa que ofrecerles a ellas lo mismo. "Pero se niegan a participar de esta irregularidad", aclara.

Resumen: vienen las disculpas, algunas de las jugadoras (Gemma Triay, Alejandra Salazar, Patty Llaguno, Lucia Sainz, Delfi Brea y Nuria Rodríguez) anuncian que no participarán en el campeonato y lo anuncian en un comunicado emitido la tarde del sábado. El presidente de Urban Event, Pedro San Román, dimite. Que tiene un impacto parecido al de mi dimisión como autónoma, porque la sede de la empresa está dentro de una escuela infantil de Alcobendas con el sugerente nombre de Brain (cerebro en inglés) Nursery School. Vamos, que mucha estructura no parece que tenga.

El campeonato empezó el domingo y ellos siguen adelante. "No sabemos si han devuelto el dinero o no", explica Bouzas. De las 58 parejas femeninas que estaban inscritas, 48 han decidido quedarse en casa. "Respetamos todas las decisiones, tanto las que han decidido seguir adelante y las que no. La federación las ha apoyado en todo y el Consejo Superior de Deportes también", añade el letrado.

A las jugadoras, aclara, les embarga un sentimiento de rabia porque es un orgullo participar en un campeonato oficial y de esta categoría. Es el momento para el que se preparan el resto del año. Pero además de la rabia, albergan la esperanza de que este desplante sirva para algo. Eso sí, no les consta que ninguno de sus compañeros haya declinado participar al enterarse de la noticia, que ha salido en muchas partes, ni que alguno de los patrocinadores haya abierto la boca. "Urban Event lo ha asumido como error propio, y ya está", dice Bouzas.

Hasta aquí, un caso más de discriminación en el que las mujeres salen perdiendo y compiten en desigualdad de condiciones. Una denuncia más a la que se añade su ración de estulticia. Porque resulta que en el pádel, las buenas son ellas. De las diez mejores jugadoras del mundo, dice Bouzas, seis son españolas. Unos datos que ellos no tienen.

Ya les dije que prestaran atención al concepto de los mejores. O más bien LAS mejores.