Gema García, jefa de servicio de Alergología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, explica que en una anafilaxia el sistema inmunitario libera sustancias que provocan inflamación, estrechamiento de los bronquios, caída de la tensión y, en ocasiones, edema en zonas como la garganta o la lengua, lo que puede dificultar gravemente la respiración y la deglución. "La evolución puede ser muy rápida, así que no conviene esperar a ver si mejora. Ante una sospecha clara, la adrenalina intramuscular es el tratamiento de primera elección", advierte.
Por eso se considera una emergencia médica que requiere actuación inmediata. A diferencia de otras reacciones alérgicas que pueden manejarse con antihistamínicos, la anafilaxia puede progresar en minutos hacia un estado de shock que pone en riesgo la vida del paciente si no se trata de forma adecuada y sin demora.
Quién puede sufrirla y por qué
Los desencadenantes varían según la edad y la historia clínica de cada persona. En niños, los alimentos son la causa más habitual, con la leche, el huevo, los frutos secos, el cacahuete, el pescado y el marisco entre los más comunes. En adultos, además de ciertos alimentos, tienen mucho peso los medicamentos, especialmente los antibióticos betalactámicos y algunos antiinflamatorios, y las picaduras de insectos como abejas o avispas.
La experta también señala que existen factores que pueden intensificar una reacción alérgica y desencadenar una anafilaxia en personas que en otras circunstancias no la habrían desarrollado: el ejercicio físico tras la ingesta de un alimento concreto, el consumo de alcohol, la toma de antiinflamatorios, las infecciones o el cansancio extremo. "Cuando se estudia una anafilaxia, no basta con preguntar qué comió o qué medicamento tomó la persona, sino que es necesario reconstruir todo el contexto", insiste García, subrayando la complejidad del diagnóstico y la importancia de una evaluación alergológica completa tras cada episodio.
Anafilaxia frente a reacción alérgica leve: en qué se diferencian
Una reacción alérgica leve suele manifestarse con picor, ronchas, enrojecimiento de la piel, estornudos, lagrimeo o molestias digestivas moderadas, síntomas molestos pero que no comprometen las funciones vitales. La señal de alarma aparece cuando la reacción va más allá y empieza a afectar a la respiración o a la circulación.
Los síntomas que deben alertarnos de inmediato son dificultad para respirar, tos persistente, pitidos en el pecho, opresión torácica, voz ronca, sensación de cierre en la garganta, hinchazón de lengua, vómitos repetidos, dolor abdominal intenso, mareo o pérdida de conocimiento. Ante cualquiera de ellos, la actuación debe ser inmediata.
García añade un matiz especialmente importante para el entorno de la persona afectada: "No todas las anafilaxias cursan con urticaria visible, algo que a veces retrasa la reacción del entorno". Es decir, que la ausencia de manchas o ronchas en la piel no descarta que se esté ante una emergencia alérgica grave, y esperar a que aparezcan puede costar un tiempo valioso.
Qué hacer ante la sospecha de anafilaxia
La recomendación principal es actuar rápido y sin dudar. Si la persona tiene indicado un autoinyector de adrenalina y los síntomas encajan con una anafilaxia, debe administrarse en la cara externa del muslo cuanto antes, sin esperar a que la situación empeore. A continuación, hay que administrar corticoide en la dosis prescrita y antihistamínico, y trasladarse a Urgencias o llamar al 112 de inmediato.
"Siempre que se emplea la adrenalina se necesita valoración médica. Hay que llamar al 112, incluso si existe mejoría, porque puede ser necesario un periodo de observación", subraya García. La mejoría inicial tras la adrenalina no significa que el peligro haya pasado: algunos casos pueden presentar una reacción bifásica horas después, por lo que la vigilancia médica es imprescindible.
Mientras llega la ayuda, conviene colocar a la persona tumbada con las piernas elevadas si presenta mareo o debilidad, para favorecer el retorno de la sangre al corazón. Si respira con dificultad, puede estar algo incorporada, pero debe evitar caminar o levantarse de golpe para no agravar la caída de tensión. "Los antihistamínicos pueden ayudar con el picor o las ronchas, pero no sustituyen a la adrenalina cuando hay riesgo vital", concluye la especialista.