Detrás de esta investigación hay más de una década de trabajo liderado por la neurocientífica Maiken Nedergaard, de URochester Medicine, cuyo laboratorio descubrió en 2012 el sistema glinfático, una red cerebral que hace circular el líquido cefalorraquídeo por el cerebro para eliminar productos de desecho y residuos tóxicos. Estudios posteriores demostraron que esta actividad de limpieza es especialmente intensa durante el sueño y que sigue ritmos circadianos propios, independientes del descanso en sí.

Tras un ictus, el sistema glinfático se ve dañado, lo que limita la capacidad del cerebro para eliminar las moléculas inflamatorias que se acumulan durante la recuperación. "Creemos que parte del problema puede deberse a un fallo en la limpieza", explica Lauren Hablitz, autor principal del estudio. "Si el sistema responsable de eliminar las moléculas de señalización no funciona correctamente, todo se acumula".

Sincronizar el reloj biológico para mejorar la recuperación

Los investigadores partieron de una observación conocida: los ictus suelen ocurrir con mayor frecuencia por la mañana y tienden a ser más graves al final del periodo de sueño. Además, muchos pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular presentan alteraciones en sus ciclos de sueño y vigilia, lo que se asocia con una peor recuperación, mayor riesgo de depresión y menor calidad de vida. Esto llevó al equipo a preguntarse si reforzar el reloj biológico podría mejorar los resultados.

Para comprobarlo, evaluaron cuatro intervenciones conocidas por influir en los ritmos circadianos: la exposición a la luz en momentos específicos, la melatonina, un fármaco que actúa sobre el reloj biológico llamado KL001 y la alimentación con restricción horaria, es decir, comer solo durante una ventana de tiempo determinada al día.

Mejora motora y menos inflamación, incluso días después del ictus

Los resultados fueron especialmente relevantes por una razón: el tratamiento comenzó tres días después del accidente cerebrovascular, mucho más allá del estrecho margen de tiempo habitual para las intervenciones agudas. A pesar de esa demora, los animales que recibieron cualquiera de las dos intervenciones más prometedoras, el fármaco KL001 y la alimentación con restricción de tiempo, mostraron una mejor recuperación motora, menor volumen de las lesiones, mayor flujo glinfático y menores niveles de citocinas inflamatorias en el cerebro.

"Todas las citocinas se movieron en la misma dirección", señala Hablitz. "Eso sugiere que tal vez no estemos atacando una vía inflamatoria específica. En cambio, podríamos estar ayudando al cerebro a eliminar las señales inflamatorias de manera más eficaz".

Una estrategia que podría aplicarse en casa

Uno de los aspectos que más entusiasma a los investigadores es la accesibilidad de estas intervenciones. La alimentación con restricción de tiempo no requiere hospitalización ni medicación: podría implementarse en el propio hogar del paciente durante el proceso de rehabilitación. "Uno de los aspectos más interesantes de este trabajo es que estamos estudiando intervenciones que podrían implementarse no solo en hospitales, sino también en los hogares", destaca Hablitz.

Los investigadores advierten que los hallazgos se limitan por ahora a modelos animales y que se necesita más investigación para entender exactamente cómo interactúan los ritmos circadianos, la función glinfática y la inflamación tras un ictus en humanos. Los próximos estudios tratarán de determinar si la mejora del flujo glinfático impulsa directamente la recuperación y si estas intervenciones pueden trasladarse a ensayos clínicos. En un horizonte más amplio, el trabajo abre la puerta a nuevos enfoques para otros trastornos neurológicos caracterizados por inflamación y eliminación deficiente de desechos cerebrales.