Carolina Sarmiento

Editorial: Siruela

Año de publicación original: 2026

Este libro empieza con un tratado. En concreto con el Tratado de Desocupación, por el que los pueblos de la Tierra, unidos, deciden, en un último intento por salvarse de sí mismos, devolverle la mitad del planeta a la naturaleza. Para ello, los habitantes de las zonas afectadas por la despoblación tienen diez años para abandonarlas. Mientras tanto, su manutención está garantizada, por lo que la pesca, la caza y la tala quedan terminantemente prohibidas.

En un espacio sin futuro, donde el dinero no tiene sentido, el prójimo puede significarlo todo o nada

Y este texto legal, casi burocrático, que ocupa las dos primera páginas de Las fronteras, es el último vestigio de formalidad... es más, es el último vestigio de la humanidad tal y como la conocemos. Porque a partir de ahí nos adentramos en ese territorio fronterizo en el que las reglas son diferentes y las relaciones se tambalean constantemente.

En un espacio sin futuro, donde el dinero no tiene sentido y el fin espera para todos pasado mañana, el prójimo puede significarlo todo o puede no significar nada. Y el protagonista de esta historia, responsable de la seguridad de la zona y de que se cumplan las normas, tiene muy claro que ya nada importa.

Un mosaico de almas olvidadas

Superviviente de innumerables guerras que solo se intuyen en el texto, este hombre despierta una mañana y encuentra junto a él una fotografía de su propio sueño. El caballo de Aki. Un hombre al que estaba muy unido, no sabemos por qué, y que ha desaparecido, tampoco sabemos cómo. Y así, avanzando entre sombras, Las fronteras va iluminando lenta y progresivamente todo lo que no sabemos y solo se nos muestra como indicio.

Los personajes son almas olvidadas, resignadas, condenadas que siguen mostrando retazos de avaricia, egoísmo y maldad

Como si estuviéramos escuchando constantemente respuestas a preguntas que nadie nos ha revelado. Como avanzar por un pasillo empujando trastos que no sabemos quién ha dejado por medio. Y leer así puede resultar dificultoso en principio, pero en seguida pasa a ser inquietante y después, cuando empiezas a unir los puntos, adictivo.

Los personajes que aparecen en el fondo de cada página son almas olvidadas, resignadas, condenadas y aún así, siguen mostrando retazos de avaricia, egoísmo y maldad. Como un pañuelo manchado de sangre que no cabe entero en el bolsillo de la camisa, exponiendo siempre lo peor de su portador.

Descrito con un lirismo aterrador, los espacios van ganando terreno a esos personajes machacados por el destino, como si de un westernecológico se tratara en el que los cowboys tienen que lidiar con bosques y fieras en vez de desiertos y forajidos.

Una cuenta atrás inquietante

Además, nada más empezar a leer Las fronteras, algo sencillo llama poderosamente la atención. El primer capítulo está marcado con el número 24. El siguiente lleva el número 23. A este le sigue el 22 y así sucesivamente. Una numeración estúpidamente simple y a la vez el comienzo de un agobio creciente.

Entiendes desde un primer momento que nada bueno puede salir de aquí

Porque una cuenta atrás significa lo que significa. Esto es: el comienzo del fin de algo. Y solo con esos pequeños números sin mayor importancia, Carolina Sarmiento coloca un peso en el pecho del lector que ya en las primeras líneas sabe que tiene en las manos algo que se acaba, que tiene un final, que está a punto de destruirse o, lo que es peor, de explotar.

Una espada temblando, agarrada a un pequeño hilo sin aparente fuerza, sobre la cabeza de un protagonista recio, rudo, sobrio, pero a la vez admirable por su lealtad a la norma y entrañable por un pasado atormentado. Y entonces entiendes desde un primer momento que nada bueno puede salir de aquí.

Además, Las fronteras está narrada en poco más de 120 páginas, lo cual convierte su lectura en un impulso, un golpe en el que no puedes dejar de alimentarte de su oscuridad.

El talento de Carolina Sarmiento

Carolina Sarmiento ya nos impresionó hace unos años con otra novela, Vrësno, en la que demostraba su habilidad para montar historias en las que, como una sequía, el drama se va descubriendo poco a poco. Además, ha publicado un par de libros de poemas, Ikiru y Vértigo en la boca y un libro de relatos, Animales urticantes.

Carolina Sarmiento ha demostrado talento y originalidad como para llamar la atención del gran público

Con este Las fronteras ha dado el salto a la editorial Siruela, responsable de los últimos grandes bombazos literarios de nuestro país. Desde La península de las casas vacías a El infinito en un junco, pasando por el esclarecedor ensayo de Nazareth Castellanos, El puente donde habitan las mariposas.

Y después de leerlo, tiene pinta de que este no va a ser el último salto de Carolina Sarmiento, que ha demostrado talento y originalidad como para llamar la atención del gran público o, al menos, para ser admirada por todo aquel amante de la literatura.

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