Lucía Marín

Editorial: Editorial 16

Fecha de publicación: 2026

Broma arranca haciendo una distinción temporal. Un antes y un después de la muerte del padre de Julia, su protagonista. Esa linde separa dos etapas en su vida y las transforma en un espejo desde el que observamos cómo se desplaza en dos direcciones. Una que va hacia la infancia, hacia la felicidad inocente del 'antes de', mientras que la otra trata de no repetir los mismos errores, convertida en un reflejo de lo vivido.

Lucía Marín debuta en la novela después de dos libros de relatos, No somos flores (Nazarí) y Las gallinas ponedoras. Lo hace con un texto editado por Sabina Urraca para Editorial 16 que derrocha personalidad para hablarnos de la violencia del día a día, de relaciones abusivas y heridas profundas que empezaron en la infancia.

Lo del padre

La muerte divide Broma en dos mitades. Un tajo que atraviesa la vida de Julia pero que, igual que las pesadillas o los traumas, se repiten una y otra vez. Ella misma nos invita a conocer todos los detalles de la vida de su padre, a intentar conocerle con las mismas dificultades a las que se enfrenta su protagonista.

Un tajo que atraviesa la vida de Julia pero que, igual que las pesadillas o los traumas, se repiten una y otra vez

Al principio recuerda al hombre como alguien vital, cargado de energía y un humor que derrochaba en los veranos de la casa familiar. En una fiesta constante que se fue apagando hasta el divorcio que cercenó su infancia. A partir de ese momento, Julia trata de volver a entender quién es él a través de sus novias, su entrega a los más desfavorecidos, niños apadrinados, charlas sobre psicología y un largo etcétera que se convierte en una enorme metáfora que nos interroga sobre la negligencia paterna.

A medida que la vida de aquel hombre avanza e intenta convertirse en el padre y mentor de cada vez más gente, Julia se siente desvalida. La relación fluctúa, dejan de hablar o se reencuentran casi al final de su vida, cuando el cáncer le devora. Pero, ¿y Julia? ¿Qué sabemos de ella?

Lo de Julia

Lucía Marín construye a una protagonista sometida a los errores de otros, muchos de ellos aceptados y convertidos en decisiones vitales. Por momentos, tenemos la sensación de que hay una gravedad que atraviesa Broma y que carga su existencia, empujándola a repetir los mismos errores y sometida a las mismas figuras masculinas.

Julia se termina por convertir en un producto incómodo de la aceptación del maltrato y la violencia

Julia se termina por convertir en un producto incómodo de la aceptación del maltrato y la violencia. Marín nos pone en una posición complicada como lectores. Reconocemos los patrones que su protagonista parece obviar, observamos de forma lineal y cronológica cómo su presente avanza hacia un futuro marcado por esa violencia. Sin embargo, el pasado se reparte en capítulos, es caótico y está lleno de saltos temporales que lo desordena, como queriéndonos decir que por mucho que avance, algo siempre regresa.

En ese espejo, mientras la imagen del padre desaparece, se empieza a generar la de otro hombre con quien pasará los años siguientes, convertidos en un eco de todo lo que ya ha vivido. Julia se embarca en una relación en pleno duelo que parece querer recrear y asir las mismas sombras que dejó el patriarca en su vida.

Lo del novio

Adri y Julia se conocen compartiendo piso, en una convivencia forzosa y desigual, desde la que ella siempre se siente más pequeña e intimidada por sus amistades. Ellos son sofisticados e inteligentes, cultos y bohemios, mientras que Julia se siente incompleta y torpe en su presencia.

Ellos son sofisticados e inteligentes, cultos y bohemios; mientras que Julia se siente incompleta y torpe entre ellos

Adri encapsula esa nueva vida, la promesa de que puede haber otros hombres en su vida, que no desaparecerán de su vida como lo hizo su padre. Pero no es así. La relación está marcada por el miedo al rechazo, el aguantar con todo y un embarazo que la empujará al sufrimiento y las heridas que no terminó de sanar en la infancia. Julia se interroga sobre cómo no volver a repetir los mismos errores y nosotros nos convertimos en espectadores incómodos.

Adri es inmaduro, espontáneo, no tiene cargas emocionales que le lastren. Su vida no está cercenada en dos mitades, no parece que su pasado regrese cada 20 páginas para acosarle y preguntarle si estaba en el lugar correcto, haciendo las cosas correctas. Julia desea ser más como Adri, pero, sobre todo, desea que este le mire, le convierta en algo más que la protagonista de una novela sobre errores. Pero esta es una novela sobre errores y Adri, vamos a ser claros, es un capullo.

Lo de su madre

La madre de Julia es un personaje silencioso, sentimos que incluso complaciente con las idas y venidas de su exmarido. Su hija se enfrenta a ella. Recién divorciada, soporta los desaires de una hija que desea estar con un padre que se marchó en un arrebato de egoísmo, disfrazado de una vida entregada a los más pobres.

La madre de Julia es un personaje silencioso, complaciente incluso con las idas y venidas de su exmarido

Soporta ver a su hija sufrir, errar y darse golpes contra un muro: primero el paterno, después será el de Adri, la maternidad, los celos y desaires. Marín la convierte en un reflejo de Julia, escondido pero omnipresente. Sabemos que la violencia que ejercen los hombres de Broma no viene de la nada, tuvo que haber un primer impulso, alguien que la aceptase y convirtiese en norma, abriéndose así un nuevo juego de espejos dentro del libro, esta vez mudo por una de sus caras.

Su autora no hace una valoración moral. Cuando cerramos sus páginas no sentimos que las cosas podrían haber sido de otra forma, porque, quienes soportan ese peso, rara vez encuentran algo de satisfacción en la condescendencia del "pobrecita", de los consejos pueriles sobre valorarte más o cambiar tu vida.

Broma

Tatiana Țîbuleac escribió en El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes acerca de los errores que cometemos en vida. La madre de su protagonista explica que estos deben asumirse, porque enmendarlos con otros errores acaba resaltando más el que ya estaba ahí originalmente. Y algo de esa filosofía existe en los personajes de Broma.

Lucía Marín firma un debut novelístico más que sólido, un ejercicio de estilo que se extiende a lo largo de sus 352 páginas

Lucía Marín firma un debut novelístico más que sólido, un ejercicio de estilo que se extiende a lo largo de sus 352 páginas y que no deja de explorar distintas formas de contar. El estilo fragmentario está cuidado para que no resulte confuso y la experiencia se convierte en una lectura que desearíamos que no acabase nunca para permanecer más tiempo cerca de Julia.

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