Con la llegada de Hitler al poder, el terror se instauró en lo más profundo del ser humano: su subconsciente. "Estoy despierto con la sensación de que toda nuestra existencia va a ser alterada. En la vigilia consciente creía que podríamos escapar a lo peor, pero mi subconsciente sabía más", relató el filósofo Paul Tillich en 1933.

Sueños recurrentes

Es uno de los cientos de sueños recopilados por la periodista Charlotte Beradt entre 1933 y 1939. Testimonios recurrentes que intuían lo que se avecinaba. "Una vez más estaba torturado, con el cuero cabelludo arrancado, bañado en sangre, con los dientes quebrados, en frenética huida".

El nazismo supo implantar el miedo en el interior de cada persona. Así, cada uno se aterrorizaba por su cuenta. Por la noche, sus mentes transformaban cualquier objeto cotidiano en delatores, como contaba esta otra ciudadana alemana en 1933: "Un hombre de la SA abre la puerta de la estufa, que con voz ronca y penetrante repite cada oración que dijimos en contra del Gobierno, cada chiste que hemos contado".

Algunos soñaban que estaba prohibido soñar, o autocensuraban su subconsciente. "Cuento un chiste prohibido, pero por precaución lo cuento mal, de este modo ya no tiene sentido". "Sueño que en el sueño hablo en ruso como medida de precaución ante la posibilidad de decir algo en contra del Estado".

Exilio y publicación de los testimonios

Beradt se exilió, y todos estos sueños los tuvo que enviar por correo a corresponsales de destinos países con la esperanza de poder reunirlos más adelante.

Casi tres décadas después, en 1966, lo consiguió y publicó 'El Tercer Reich de los sueños' que, más que profecías, contiene interpretaciones de una realidad que se convirtió en pesadilla.