Marita Alonso

Editorial: Carpe Noctem

Año de publicación original: 2025

Con las apps de ligar "ocurrió como con los pantalones pitillo: primero lo probaron los gays y después se apropiaron de ello los heterosexuales", escribe Marita Alonso. Con el mismo desastroso resultado, escribimos nosotros (y créeme que sabemos de lo que hablamos). Y a pesar del desastre seguimos empeñados en hacerlo una y otra vez.

El negocio de las apps, las razones por las que las usamos y cómo han cambiado nuestra forma de relacionarnos es el objeto de estudio del divertido ensayo La venus del smartphone.

Enganchados al amor

Al igual que el personaje de Nora Navas en la película Mi amiga Eva, vivimos enamorados del amor y a la búsqueda de las famosas mariposas en el estómago le entregamos nuestra vida, nuestros sueños y, en los últimos años, también la batería de nuestros teléfonos móviles. La llegada de Tinder allá por 2012 revolucionó eso que llamamos ligar (si es que a eso se le puede llamar ligar) y no siempre para bien.

Habla esta especialista en cultura pop y estilos de vida que es Marita Alonso de que mucha gente utiliza Tinder como si fuera el Candy Crush, ese juego para móviles que consiste en alinear caramelitos en bloques para romperlos y ganar puntos, y la propia aplicación invita a ello: como una forma de pasar el rato y coleccionar 'matches' en vez de puntos. Y eso a la empresa detrás de Tinder le va de maravilla.

Ninguna aplicación quiere que encuentres pareja nunca, solo están diseñadas como la zanahoria delante del burro

Piénsalo, si tu negocio consiste en vender suscripciones a quien busca pareja o meterle publicidad a quien no pague por usar tu aplicación, ¿te interesa que encuentren pareja pronto y dejen de usarla? Equilicuá, amigo. Ninguna aplicación quiere que encuentres pareja nunca, solo están diseñadas, como la zanahoria delante del burro, "la zanahoria del amor", lo llama, para que siempre estés a un paso de conseguirlo. Cinco mil millones de euros de facturación están en juego cada año.

Hay ciencia detrás de todo esto. Marita Alonso cita al profesor Víctor Gay Zaragoza, autor del libro Revoluciona el algoritmo, que habla de la adicción que puede generar la gamificación de ligar. Explica cómo los usuarios que más matches reciben pueden estar tan enganchados a la dopamina y oxitocina que cada match les proporciona, por lo que que acaben siendo "hackeados" por la aplicación y centrar su esfuerzo en la búsqueda del match más que en la de llegar a buen puerto con alguien.

No todo son malas noticias

Hemos empezado este texto con las peores conclusiones del ensayo, pero tenemos una buena noticia: no todo son malas noticias. La venus del smartphone nos habla de cómo las aplicaciones nos han permitido filtrar la morralla. Cuando conoces a alguien no puedes hacerlo como si de una entrevista de trabajo se tratara y aun con esas, hay preguntas que es ilegal hacerlas en una entrevista de trabajo, como si tiene hijos, si piensa tenerlos o a qué partido vota.

Todo está contado con mucha gracia y una buena dosis de mala baba

En la vida real, es cierto que uno más o menos puede hacerse una idea de qué tipo de persona tiene delante por la ropa que viste, el calzado, los complementos y el propio lugar en el que lo conoce. No es lo mismo encontrar al amor de tu vida en el cumpleaños de un amigo, en un taller de cocina mediterránea o al cierre de una discoteca en Gandía. Y aún con estas, siempre te puedes llevar una sorpresa.

Rechazar a gente que no es de nuestra cuerda política es bastante sano si para nosotros es importante la política, igual que filtrar a quien no practique el mismo ocio que nosotros o no ame a los animales si nosotros tenemos tres perros. Además, como concluye Marita Alonso, estas nuevas formas de ligar han ampliado el radio de acción y nos han permitido conocer a gente a la que de otra forma jamás hubiéramos tenido acceso, como ser de Leganés y acabar enamorado de alguien de Getafe, que sería algo así como los Capuleto y los Montescos del cinturón rojo madrileño.

Y todo esto contado con mucha gracia y una buena dosis de mala baba, lo que convierte a La venus del smartphone en un delicioso disfrute al que la única pega que se le puede poner es que resulte demasiado breve. Aunque quizá sea su brevedad lo que propicia que este ensayo una obra redonda.

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