Con dinero se puede comprar cualquier cosa. Actualmente, quien tiene dinero tiene poder. Porque la riqueza te da acceso, influencia, comodidad, pero sobre todo libertad. Verónica Sanz ha escrito su primera novela, Gente bien, donde ha retratado la vida de esa élite de la sociedad donde parecen vivir una vida perfecta y lujosa, pero solo lo parece, porque por mucho dinero que se tenga, los problemas no desaparecen.
"Me parece increíble la impunidad con la que mucha gente que es poderosa actúa", explica Sanz. La autora pone el foco en aquellos que piensan que "se pueden solucionar las cosas con un golpe de dinero o con un golpe de influencia". Y precisamente es el núcleo duro de la novela: el poder mal ejercido.
Relaciones modernas
La novela condensa infidelidades, la vida en matrimonio o incluso la educación de los hijos cuando sus padres lo tienen todo. Pero un tema que destaca sobre los demás es el fenómeno del sugar dating. "Un hombre maduro con dinero que contrata, a través de una agencia, a una chica joven para que le acompañe", explica la periodista. Un trato en el que la otra parte solo tiene que "ofrecer su cuerpo".

"Un hombre maduro con dinero que contrata, a través de una agencia, a una chica joven para que le acompañe"
Cuando una de las partes tiene el dinero y la otra lo necesita, la igualdad desaparece: "Es una relación de abuso de poder", comenta su autora. La prostitución se maquilla a través de una forma de conseguir dinero fácil. Algo que preocupa a su autora: "Se normaliza la venta del cuerpo de una mujer como si fuese una mercancía".
A pocos kilómetros de distancia
Aunque no hace falta irnos hasta ese tipo de relaciones para ver las desigualdades que existen. En una misma ciudad también se encuentran dos realidades opuestas, como pasa en Madrid. Gente bien está ambientada en la zona rica de la capital donde viven las cuatro mujeres protagonistas de la novela. Zonas como Pozuelo de Alarcón o Paseo de la Castellana son los escenarios principales por donde se mueven las clases altas.

"Ahora mismo solo hay dos clases sociales, los que se pueden pagar una casa y los que no"
Pero Sanz refleja también el otro extremo de la sociedad a través de Daisy, una joven dominicana que llegó a España para ganarse la vida, y aterrizó en Usera, en un piso compartido y cambiando de trabajo cada dos semanas. Unos pocos kilómetros separan Serrano y Usera, donde las realidades no podrían ser más distintas: "Ahora mismo solo hay dos clases sociales, los que se pueden pagar una casa y los que no".
Dos realidades opuestas que conviven a pocos kilómetros de distancia en una misma ciudad. Una cuestión en la que Elena, Irina, Betty y Minerva, sus protagonistas, no solían pensar, hasta que conocen a la joven dominicana. Porque aunque es más joven que las cuatro protagonistas, Daisy es capaz de poner sus vidas patas arriba.
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