Admite la escritora china, Jung Chang, que se siente "agradecida" al pensar que su vida y la de su madre han vendido más de 15 millones de ejemplares en todo el mundo. Hace 35 años que publicó su primera parte, Cisnes salvajes, un texto que recogía la vida de su abuela, su madre y la de ella misma durante el maoísmo.
Una historia familiar que completaba la violencia que sufrieron durante la llamada Revolución Cultural y que ahora se completa con una segunda parte, Vuelan los cisnes salvajes y que edita Lumen en nuestro país. Un libro que viaja desde mediados de los años 70 hasta la actualidad.
Una vida nada corriente
Y es que no es habitual que una vida corriente genere tanto interés, pero claro, es que la de Chang nunca lo fue. Hija de funcionarios de la China comunista, estos cayeron en desgracia durante la década de los 60 y de nada sirvió que tanto su padre como su madre trabajasen mano a mano con la revolución maoísta.

En 1978, tras la muerte del líder, Chang se convirtió en una de las primeras universitarias a las que se les permitió estudiar fuera de su país. En Inglaterra conoció a su marido y echó a volar una vida, dejando atrás un país del que solo conservaba la memoria amarga que contienen ahora sus dos volúmenes autobiográficos.
Sin embargo, lo hizo: regresó. Primero para grabar más de 60 horas de conversaciones con su madre para documentar esa historia familiar. Unos años más tarde lo hizo para documentar una biografía sobre la vida de Mao, publicada y coescrita junto a su marido, el historiador Jon Halliday. Aunque ambos textos le granjearon importantes enemigos entre el gobierno de Pekín y tanto su autora como la obra quedaron proscritas de aquel país.
Chang reconoce que mencionar su nombre en cualquier medio o escribirlo es sinónimo de problemas. Recuerda cómo un diario fue incapaz de lanzar la noticia, con un error continuado de software que impedía lanzarla. Cuando eliminaron las referencias a la autora y a su obra, pudieron hacer público el texto.
"No podemos volver al pasado"
Jung Chang aprovecha el espacio que tiene en cada entrevista para hablar sobre el gigante asiático. Ve con muy malos ojos que los países occidentales traten de aproximarse a Xi Jinping y asegura no ver en personajes como Donald Trump un peligro para la democracia en Occidente: "A pesar de los problemas de las democracias actuales, la gente sigue jugándose la vida para entrar en Europa. Nadie emigra hacia China".
También acusa a Pekín de recuperar la imagen de Mao, presente la moneda del país y en lugares como la Plaza de Tiananmen. Precisamente Chang reconoce que hoy "algo como lo que ocurrió en Tiananmen no sería posible por las redes sociales". Señala además que el nivel de control social ha aumentado en lo que a tecnología se refiere y que solo la apertura al resto del mundo puede ser un garante de que las cosas no regresen 50 años hacia el pasado.
Y lanza un mensaje que resuena con los aires nostálgicos que recorren también Europa: "No conozco ningún libro de memorias de la China de Mao que cuente una historia feliz".
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