Jacobo Bergareche confiesa que no se planteaba que su libro llegase a las librerías al mismo tiempo que la crisis humanitaria en Ceuta, la guerra de Irán o la adaptación cinematográfica de 'La odisea' de Christopher Nolan. Y es que todas estas cosas convergen, de alguna u otra forma en Tío grande, su último libro.
Un libro que no es una novela pero que se lee como tal; que no es una biografía al uso pero trata sobre las vidas que se agazapan tras las supuestas 'crisis migratorias'; que conecta con otros viajes del escritor, a Mali o Irán, y que sirve para hablar sobre expectativas, orientalismo o cómo entendemos el mundo más allá de nuestros privilegios pálidos. Y cómo no, que homenajea a los libros sobre viajes, a los textos homéricos y la hospitalidad a la que acuden sus personajes.
Una historia que surge en un txoko en Chamberí, con Amadou, su protagonista, compartiendo su viaje desde Guinea-Conakri hasta Melilla en busca de un futuro mejor en "el país de los blancos". Con todo esto, Jacobo Bergareche reconstruye esa historia mientras madeja una nueva. Un viaje de vuelta a la aldea natal del senegalés que se convierte en la excusa para concebir Tío grande.
Pregunta: ¿Quién es Amadou?
Respuesta: Amadou era el encargado de un txoko que alquilé para hacer un torneo de mus en memoria de mi hermano fallecido en África. Negociando con él el horario de cierre le conté esto último y él a cambio me contó su historia, y ahí empezó todo. Eran seis chavales, compañeros todos de clase que robaron los ahorros de sus padres, reunieron 50 dólares y con eso se fueron al "país de los blancos" sin saber muy dónde estaba siquiera.
Dos fueron repatriados, dos murieron por el camino, uno en el desierto y otro en el Mediterráneo, y los dos últimos llegan a España: uno nadando y otro en patera. Amadou se quedó en Melilla, que no es llegar a Europa exactamente, porque no podía salir. Estuvo cuatro años en un centro de menores donde aprendió todo lo que le permitió después continuar con su vida en España.
P: ¿Qué conectó contigo de esta historia?
R: Le suelo preguntar a todos los inmigrantes que conozco cómo llegaron aquí. Lo hago porque todos tienen una gran historia y yo soy un vampiro de historias. Los escritores lo somos siempre. Pero no todos saben narrarla y Amadou tiene una capacidad increíble para contar con honestidad y emoción. Y eso me impresionó, su habilidad como narrador es alucinante, pero su historia es la de muchos subsaharianos en su periplo hasta aquí.
P: Entonces decides viajar con él hasta Bominí (la aldea natal de Amadou en Guinea-Conakri) para hacer el camino inverso.
R: El libro es un road trip. Un viaje improbable de un señor de 50 años y un chaval de 23, uno negro y otro blanco, uno privilegiado y otro pobre, volviendo al lugar de donde partió, a la choza de su familia y parte del camino que tuvo que hacer con 13 años. Y eso se mezcla con otros viajes que hice en años anteriores: a Irán o Mali, por ejemplo. Es un libro de aventuras en el fondo.
P: También es un libro crudo. Hay una serie de realidades sobre esa vuelta que muchas veces no nos planteamos siquiera desde Europa. Familiares que se quedan el dinero que él envía, que se malgasta o que le hace plantearse que la vida allí es más fácil que la que tiene en España.
R: Claro, yo lo que cuento sobre todo es la vuelta, la vuelta al pueblo y a la familia. Has aprendido la vida de aquí y ya no te adaptas allá, te conviertes en extranjero en todas partes: en tu tierra y en la de acogida. Y eso lo vemos cuando manda dinero y se pregunta si estará llegando a su madre o si se lo estará llevando algún miembro del clan familiar. Cuando llegamos yo me encontré con todo ese drama de lo que significa volver y que ya no seas el mismo.

P: Hay incluso un matrimonio concertado del que te enteras porque Amadou aparece con una mujer. En un momento dado tienes una conversación con él sobre la ablación y tratas de explicarle que es algo que podría sentenciar la vida de su futura hija. Pero él prácticamente no sabe ni de qué le estás hablando porque es un mundo que no gestionan los hombres.
R:Efectivamente, son las mujeres las que se lo practican a otras mujeres y los hombres es que no saben lo que es ni qué consecuencias tiene. Guinea-Conakri es el país, junto con Somalia, que más ablaciones practica. Trato de no proyectar la moralidad blanca y civilizadora de lo que es bueno y malo, porque haría que me separase de su mundo.
Claramente es abominable. Pero abordarlo es una cuestión muy compleja porque ni ellos mismos saben qué están haciendo con eso, ni los hombres ni las mujeres. Pero hablar de esto es complejo, muy complejo para ellos, porque no saben ni por qué lo hacen.
P: En el libro recuerdas un viaje a Mali, hace un par de décadas, acompañando a una persona que visitaba una aldea en la que había apadrinado a varios niños y la realidad del viaje demuestra lo complejo de esa cooperación y la inconsciencia de mucha gente que desea ayudar pero desconoce la realidad sobre el terreno. Siento que hay mucho de esa inconsciencia blanca y que a veces tú mismo encarnas. Por ejemplo, un viaje a Irán en el que tratas de rodar un documental imposible de hacer en el país a una semana del 11S.
R: Claro, yo en este libro hablo mucho de la evolución de nuestra mirada, pero también de la mirada de ellos hacia nosotros y nosotros hasta hace poco hemos estado dominados por el orientalismo, resaltando lo romántico y lo exótico. Desde ahí hemos transicionado a sentir terror, a los mensajes de "son todos malos, criminales y asesinos".
Esa transición la hemos hecho desde los años 90 hasta las torres gemelas y yo exploro mucho. He viajado mucho por países musulmanes y mi mirada también ha cambiado en este tiempo.
P: Este viaje lo realizaste hace dos años pero se publica en un momento en el que los temas que se tratan están en el centro de la opinión pública. Por ejemplo con la crisis humanitaria en Ceuta. Interpretada como una invasión por la derecha y la extrema derecha. Si hemos ido hacia atrás, ¿qué ha pasado exactamente?
R: Bueno el libro empecé a escribirlo hace dos años y habla de un viaje a Irán, de los menores en los enclaves españoles y de la Odisea. Y, de repente, todo esto explotado cuando se ha publicado el libro. No me gustaría que se hiciese una lectura política del libro porque ambiciona ser literario. Y la literatura no tiene moral, es una lente con la que ver el mundo desde una perspectiva humanista.
Eso sirve para ponerte en la piel del otro, pero no te explica qué es lo que tienes que hacer con el otro, simplemente te lo enseña para quitar los velos cuando le llamas a la gente invasor o mena. Así se colectiviza a las personas y dejamos de reconocerlas como tales. No hago esto desde el buenismo, ni desde las soluciones políticas, ni desde la demonización. Solo tratando de arrancar velos para comprender mejor.

P: Me viene a la cabeza Ryszard Kapuściński, por Ébano o El Sha, libros que hablan de África o Irán, que hablan de viajes y realidades a las que no se acercaba occidente cuando fueron escritos. Él decía en otro libro que Los cínicos no sirven para este oficio. Tú mencionas en este libro que el de escritor "es un oficio que puedo hacer con honestidad". Hoy parece que nos enfrentamos a una grave crisis de valores ¿Sigue siendo un lastre el cinismo a la hora de escribir?
R: Bueno el cinismo es una forma de nihilismo de no creer en nada y una forma de pesimismo. Yo soy un optimista estructural, o sea creo que si no eres optimista las cosas no van a salir bien. Para que algo salga bien hay que desearlo y mirar al mundo de una forma limpia y alegre.
P: ¿Está contento Amadou con el libro?
R: Amadou es una persona sin ninguna vanidad que le da igual estar repartiendo paquetes de Amazon o ser protagonista de un libro. Ahora está comprando coches con 150.000 kilómetros para hacer taxis colectivos en su país. Leyó el primer capítulo y dice que cuando pueda leerá el resto. Solo me dijo que le pareció interesante y que enganchaba. Pero le da igual, no ha querido ni dar entrevistas.
P: ¿Sientes que escribir un libro sobre inmigración te posiciona de una u otra forma?
R: Es un avispero hablar de inmigración, depende de cómo te posiciones. Te dirán que vas de pijo progre, de buenista, o que eres católico, misionero... Siempre me han gustado las historias de inmigrantes, me parecen heroicas. Me parecen más interesantes que las nuestras que hablan de matrimonios, infidelidades o si mi padre me pegó un sopapo cuando era un niño y ahora estoy traumatizado.
Estas son historias enormes porque hablan de la muerte, de la amistad, de la solidaridad, el sacrificio, la traición, de la vuelta al hogar, de la partida, del viaje, son las historias fundacionales de la literatura.
P: La Odisea reaparece en el libro. Muchos críticos han señalado a Homero como un poeta que habla constantemente de la hospitalidad en el viaje de Ulises, este no deja de pedir asilo y ayuda a otros personajes. Tío grande tiene mucho de esto, vosotros entráis y salís de casa de familiares y amigos, hay algo en la bondad de los desconocidos que recorre el libro. Hoy desconfiamos de lo desconocido, lo señalamos y provoca el terror ¿Ha muerto esa misma hospitalidad en Occidente?
R: Esa hospitalidad existe y nunca se ha muerto, existe en África por todas partes, existe en el mundo musulmán, pero también existe entre nosotros. Amadou ha vivido en mi casa sin ir más lejos. Como ya he dicho, soy un optimista radical y si crees que algo existe te lo encuentras y yo lo encuentro: hago amigos en todas partes y me abren las puertas de sus casas porque yo hago lo mismo.
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