Ocurrió en marzo de 1974, hace ahora 46 años: un agricultor cavaba un pozo junto a sus cinco hermanos y un vecino y, al ir cavando cada vez más hondo, sus palas tropezaron con una cabeza de terracota que resultó ser mucho más que una pieza perdida en la historia, era uno de los guerreros de Xian y lo que aquellos agricultores acababan de encontrar es era el mausoleo de Qin Shi Huang, el primer emperador de China, el responsable último de la unificación de ese país y también responsable del proyecto que derivó en la Gran Muralla china (de hecho comenzó a construirse bajo su mandato).

La noticia dio la vuelta al mundo y la fama de los 8000 guerreros de terracota (por eran 8000, no solo aquella cabeza golpeada por una pala...) fue mayúscula y no era para menos: se trataba de 8000 figuras de terracota del S.III AC; los guerreros viajaron al Museo Británico y cuentan que sólo los tesoros encontrados en la tumba de Tutankamon atrejeran antes más atención que estos míticos guerreros pero lo interesante estaba por no llegar.

Soldados de terracota | Pixabay

Sí, decimos bien, por no llegar: lo interesante es lo que guardan estos guerreros: la tumba de Qin Shi Huang y ese es uno de los secretos mejor guardados de la historia y lo seguirá siendo indefinidamente por una razón basada en dos motivos: la razón es que la tumba no se ha abierto ni está previsto que se abra, los motivos que llevan a esta decisión son incuestionables: el primero es de lo más racional y razonable: sabemos que lo que quiera que haya dentro de esa tumba y cualquiera que sea su estado de conservación, al contacto con el aire tardaría sólo unos segundos es verse afectado e incluso en descomponerse; el segundo motivo por su parte tiene algo de razonable pero también notas un poco más prejuiciosas: se cree que la tumba está protegida por ríos de Mercurio (y dado que la concentración de mercurio en este terreno es alta cabe pensar que algo de cierto hay en ello) y por ballestas mecánicas... esto último suena más a las supersticiones que conocemos bien respecto a las pirámides egipcias, por ejemplo.

Soldados de terracota, mausoleo de Qin Shi Huang | Pixabay

En definitiva, no vamos a visitar la tumba de Qin Shi Huang, cabe que nunca nadie pueda hacerlo no al menos hasta que los avances tecnológicos aplicados a la arqueología lo hagan posible, a día de hoy no lo sabemos, hoy la tumba de Qin Shi Huang es uno de los lugares del mundo que no visitaremos jamás.