Hoy en día, raro es el salón que entre los libros no cuenta con alguna que otra “Lonely Planet”. Este elemento tan cotidiano tiene una historia detrás muy interesante y que se remonta a la Edad Media. Sin ir más lejos, el Códice Calixtino (1160-1180), que se haya en la Catedral de Santiago de Compostela, está considerado como la primera guía de viajes de la historia.

Eso se debe a que su Libro V estaba concebido como una guía del peregrino, pues incluía recomendaciones de lugares que debían visitarse mientras se hacía El Camino de Santiago, indicaciones de cómo debían ser acogidos los peregrinos en Santiago, así como advertencias de los peligros que podría haber a lo largo del camino. Este Libro V, escrito por el monje benedictino francés Aymeric Picaud, está compuesto por once capítulos y de los que destacan títulos como: De los nombres de los pueblos del Camino de Santiago; De los buenos y malos ríos que se hallan en el camino de Santiago; De los nombres de las tierras y de las particularidades de las gentes que se encuentran en el Camino de Santiago; o, De los cuerpos de los santos que descansan en el camino y que deben ser visitados por los peregrinos. Dedica un capítulo entero a describir en detalle la ciudad y la basílica de Santiago.

Ya en esta primera guía se puede entrever la finalidad que marcará este tipo de manuales, ayudar al viajero en su aventura, mediante explicaciones claras y concisas.

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No será hasta el siglo XIX cuando aparece la guía turística moderna. Se trata del libro de viajes publicado por el alemán Karl Baedeker. Y de forma paralela e independiente, en Gran Bretaña John Murray había publicado su propia guía. Dieron lugar a la guía objetiva, exenta de información personal y reflexiones sentimentales. Incluía informaciones prácticas cómo rutas a seguir, medios de transporte, alojamientos, etc.

En España podemos destacar la Guía del Viajero en España (1842), de Francisco de Paula Mellado, o la Guía de España y Portugal (1892) escrita por Eduardo Toda, diplomático, egiptólogo y escritor. Pero si algo tenían en común todas estas guías de viajes del siglo XIX y de la primera mitad del XX, es que estaban destinado a las clases altas, en definitiva, a viajeros adinerados.

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No será hasta los años setenta del siglo XX, cuando se publique la primera guía Lonely Planet (A través de Asia con gastos mínimos (Across Asia on the Cheap)), escrita por sus fundadores Maureen y Tony Wheeler, tras haber viajado por el continente asiático. Nace así la primera guía de viajes destinada las clases medias, en las que se proponían alojamientos, restaurantes e itinerarios aptos para todos los bolsillos.