La Boca de la Verdad ('La Bocca della Verità' en italiano) se trata de uno de los elementos más característicos además de turísticos de la preciosa ciudad de Roma, en Italia. Este monumento está incrustado en el mismo muro del pórtico de la iglesia conocida como Santa María in Cosmedin, en la Piazza de la Bocca della Verità. Allí encontramos esta peculiar máscara romana de la que realmente se sabe poco tanto de su origen como de su utilidad.

Esta Boca de la Verdad tiene nada más y nada menos que 12 toneladas de peso y unos 1,8 metros de diámetro, aproximadamente. Muchos son los que creen firmemente que se trata de una antigua tapa de alcantarilla. Aun así, lo que más llega a concordar es que este monumento formaba parte de una antigua (y preciosa) fuente romana.

Bien es cierto que los agujeros por los que presuntamente fluía ese agua no están del todo desgastados como deberían estar como consecuencia de la erosión del agua. Lo que es un hecho es que esta Boca de la Verdad va mucho más allá por la leyenda que tiene a sus espaldas. Una leyenda que no deja indiferente a nadie.

Roma | Pxhere

Según la tradición que esconde la Boca de la Verdad, todos los mentirosos que metan la mano en su boca serán automáticamente mordidos por ella. De hecho, hay una historia que es de lo más curiosa. Se dice que una mujer romana llegó a ser acusada por adulterio por parte de su marido por lo que éste decidió que una manera certera de saber la verdad era acudir a 'La Bocca de la Verità'.

Este monumento sería el único que determinaría si la romana era inocente o culpable. La mujer era consciente de que no solo iba a ser acusada de adulterio, sino que también iba a perder su mano. Por ese mismo motivo, comenzó a montar una estratagema con el fin de librarse de ser sometida a un juicio que marcaría un antes y un después en su vida para siempre.

Lo que organizó fue que, en un lugar de lo más concurrido, su verdadero amante se acercó para besarla con intensidad a los ojos de muchísimas personas. Ella se mostró indignada y comenzó a gritar por el simple hecho de que la hubieran besado sin su consentimiento. De esta manera, cuando llegó el momento del juicio con la Boca de la Verdad, la joven introdujo la mano.

En ese instante, dijo en voz alta que juraba que no había besado a absolutamente nadie que no fuera su marido y a aquel hombre que le llegó a besar en lugar público. Por si fuera poco, la historia también cuenta que, desde ese mismo momento, la Boca jamás volvió a cerrarse para no juzgar a nadie, ni por su culpabilidad ni por su inocencia.