A lo mejor has notado que cada vez más gente utiliza los favoritos de Twitter y, sobre todo, que a menudo lo hacen como sustituto de una respuesta o un retuit. No, no es cosa tuya, está sucediendo y los datos lo demuestran. En mayo, los usuarios de la red de los 140 caracteres utilizaron 1.600 millones de veces el botón de marcar como favorito, cuatro veces más que en el mismo mes de 2012, según datos de la firma de analíticas Topsy.

Sin duda, hay múltiples razones para colocar a un tuit la famosa estrella amarilla: guardar un enlace interesante para recuperarlo más tarde, dar las gracias por un comentario favorable, transmitirle a la otra persona que te gusta lo que ha publicado, terminar una conversación cuando no tienes nada más que añadir... El caso es que hay muchos contextos en los que hemos cambiado la conversación, esencia de las redes sociales, por la palmadita en la espalda.

Es lo mismo que ha sucedido siempre en Facebook con la diferencia entre el 'me gusta' y el botón de compartir. En ambos casos, se trata del gesto fácil y elegante con el que muestras una cierta adhesión sin comprometerte a nada: no tienes que difundir el mensaje con un retuit ni que calentarte la cabeza buscando una respuesta con la que, en el peor de los casos, podrías incluso hacer el ridículo o molestar a alguien. El favorito es discreto, no da problemas y tiene un perfil bajo, pero está matando lentamente la interacción y el 'feedback' en Twitter. Ha llegado la hora de admitirlo.

Pisando el acelerador

Los favoritos son también una buena forma de ganar 'followers' de forma silenciosa y, de hecho, algunas de las empresas que se dedican al oscuro negocio de la venta de seguidores ya los están utilizando. No es la técnica más rápida, pero sí la más discreta. La típica legión de cuentas falsas, inactivas o robóticas puede ser contraproducente y asusta a muchos clientes, por lo que estas compañías han empezado a ofrecer personas reales, de carne y hueso, que verdaderamente interactúan con tus actualizaciones.

¿Y cómo las consiguen? La forma rápida es siguiendo a otros perfiles desde tu cuenta en busca del 'follow-back' (que te devuelvan el favor siguiéndote), pero es muy fácil que algún desconfiado descubra tu estrategia porque la cifra de usuarios a los que sigues se hincha rápidamente. Ahí es donde entran en juego los favoritos, que son menos efectivos pero infinitamente más discretos. Y sí, hay gente que cuando le marcas una publicación como favorito se mete en tu perfil, le echa un vistazo, y decide seguirte. Eso pasa. Y de aquí puedes sacar una lección: puede que cuando alguien marca uno de tus tuis como favorito tan solo esté buscando que le sigas, o sea que no te emociones.

Todo un concurso de popularidad

La cúspide del fenómeno se encuentra en Favstar, una web nacida en 2009 que a día de hoy cuenta con más de tres millones de usuarios mensuales. Básicamente, ofrece una clasificación de los tuits que más favoritos han cosechado, fomentando la competitividad. Se ha convertido en una herramienta imprescindible para los perfiles de humor y las 'celebrities' (de medio pelo), que lo utilizan para medir quién es más popular o más gracioso, como si fuera una especie de audímetro o 'aplausómetro'.

Tal es su influencia que este tipo de usuarios moldean sus chistes y comentarios ingeniosos en base a la repercusión que obtienen en la página, potenciando el tipo de mensajes que consiguen más estrellas, más visibilidad en el 'ranking' y, por tanto, más seguidores. Y no solo eso: muchos pagan una cuota semestral de más de 20 euros por ser usuarios 'premium' y tener acceso a las votaciones a “tuit del día”, máximo honor en el micromundo de los cazadores de 'favs'. Todo sea por la fama.

De todas formas, no me hagáis mucho caso. “La envidia es la admiración mal expresada del mediocre”. Esto lo dice @Ade_Tocqueville y ha llegado hasta los tuits del día, así que debe de tener razón.

Suelta el teclado, vaquero, que ya lo digo yo: a mí lo que me pasa es que quiero más retuits de mis artículos porque los favoritos no dan visitas. Me habéis pillado, pero aún así cambiaría todos los clics por unas pocas menciones. Soy un romántico de la interacción y el 'feedback'.