“Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Cuántos disgustos se hubieran ahorrado los de Google si, de pequeños, sus madres les hubieran repetido incansablemente este refrán castellano. Porque, sí, ellos querían arreglar YouTube, o eso dicen, pero lo que han logrado es ponerlo patas arriba.

Es cierto que el sistema de comentarios necesitaba una visita al taller de chapa y pintura, porque llevaba tiempo averiado. Los 'trolls' y los 'spammers' se habían adueñado de la conversación, enfangándola con sus mensajes de odio, su publicidad indeseable e indeseada y su lenguaje deshilvanado y lleno de incoherencias. El popular cómico estadounidense Conan O'Brien lo escenificó muy bien y supo resumirlo en una frase: “Normalmente son cosas horribles que jamás tendrías narices a decir en persona”. Y si las tuvieras, resultaría increíblemente estúpido.

Así que Google decidió acabar con el anonimato que amparaba este tipo de comportamientos. Desde el 6 de noviembre solo es posible comentar en YouTube utilizando un perfil de Google+, con lo que a priori las identidades deberían ser reales porque así lo establecen las condiciones del servicio. ¿Problema solventado? Nada más lejos...

Nada más anunciarse la medida, los usuarios estallaron en cólera. “¿Por qué c**o**s necesito una cuenta de Google+ para comentar un vídeo?”, se preguntaba uno de sus fundadores. Y su queja era legítima por múltiples razones. En primer lugar, porque YouTube es una de las comunidades con más solera de internet, con un gran número de usuarios, entre ellos los más populares, que llevan años labrándose una reputación asociada a un nombre artístico o un seudónimo. ¿Ahora pretenden que lo cambien por su identidad real? Bastante complicado.

Además está sobre el tapete el siempre espinoso tema de la privacidad, que tiene a todo el mundo de los nervios tras las revelaciones de Snowden. Recuerda que quien pretende recabar aún más datos personales no es otra que Google, una de las empresas que según las filtraciones colaboró con los servicios secretos estadounidenses. Por eso muchos usuarios, que hasta ahora habían logrado esquivar Google+ pero son activos en YouTube, no están por la labor de cedérselos.

Y hay un tercer razonamiento, que viene a colación de lo anterior: ¿por qué narices tengo yo que hinchar las cifras de una red social que no utilizo? ¿Por qué me la tienen que meter hasta en la sopa?

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Por todo esto y mucho más comenzó la gran guerra. Los usuarios sacaron los tanques a la calle (casi literalmente) y comenzaron a inundar de 'spam' los nuevos comentarios, demostrando que Google no había hecho otra cosa que empeorar el sistema. Al acabar con el anonimato, levantaron algunas restricciones que probablemente veían ya innecesarias, como la prohibición de insertar enlaces o la limitación de caracteres. Craso error.

Abrieron la puerta a formas aún más extremas de 'spam' y 'trolling': enlaces a virus, estafas de toda índole, porno en formato ASCII... De todo. Y poco bueno. Además, el nuevo algoritmo de clasificación destacaba los comentarios con mayor número de respuestas, en lugar de los más votados. Y todo el que tiene algo de experiencia en la Red sabe que generan más réplicas los apuntes polémicos que los mensajes valiosos y relevantes. El tiro, por lo tanto, le salió a YouTube por la culata.

Y encima tenía a todo el mundo enfadado. Se abrieron al menos tres peticiones en Change.org exigiendo el regreso del sistema antiguo y, en el momento de escribir estas líneas, cerca de 220.000 personas han firmado la más popular de todas. Además, 'youtubers' con millones o cientos de miles de suscriptores, como PewDiePieTotalBiscuitDanNerdCube, desactivaron la sección de comentarios en sus vídeos en señal de protesta.

Pero un caso todavía más paradigmático es el de la artista Emma Blackery, que compuso una divertida e ingeniosa canción que registró más de 30.000 'likes' en solo tres horas y ahora mismo acumula cerca de 200.000 y más de 1.500.000 reproducciones. Primero la escuchamos, que merece la pena, y luego seguimos con la historia.

El caso es que ella misma, con este vídeo, se convirtió en uno de los mejores ejemplos del desbarajuste creado por Google. Al poco de publicarlo, su amigo Hank sacó un pantallazo de los comentarios que el nuevo algoritmo de YouTube consideraba más relevantes. Casualmente - o más bien no - se trataba de los más ofensivos, entre ellos uno en el que se podía leer el insulto 'nigger' 85 veces seguidas (y eso que la chica es blanca...)

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Ante tal algarada contra su decisión, finalmente Google no ha tenido más remedio que reaccionar. El 25 de noviembre anunció su contraataque: mejor reconocimiento de enlaces maliciosos e intentos de suplantación de identidad, mejor detención de arte ASCII y una nueva forma de mostrar los comentarios largos.

Mantienen el sistema basado en Google+ y hacen oídos sordos a las críticas, pero al menos parece que han sabido detectar las armas que la rebelión estaba utilizando en su contra. Así, las aguas se han calmado de momento, pero son muchos los que siguen enfadados y el objetivo principal del cambio no se ha conseguido: siguen publicando con un nombre falso, por mucho que YouTube se empeñe en que lo tienen que cambiar. ¿Qué pasará si les acaban obligando? ¿O es que no era ese el verdadero fin de la medida? Está claro que esta guerra aún no ha visto su batalla final.