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ME GUSTABAS MÁS TONTA, QUERIDA TECNOLOGÍA

La internet de las cosas inútiles

Desde un inodoro gamificado que descubrirá por fin quién es el rey del trono de porcelana, hasta una cuchara con agujeros para regular la velocidad a la que comes. Un blog satírico saca punta a la internet de las cosas con una moraleja: ni todo es inteligente, ni lo debe ser a toda costa.

El internet de las cosas

IBM Research El internet de las cosas

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Todo estará conectado. Todo será inteligente. Todo recopilará ingentes cantidades de datos que pasarán a engrosar el ya grosísimo 'big data' (“de las narices”, querrá añadir alguno). El futuro que predicen casi todos los gurús tiene muy poco de privacidad y mucho de monitorización (en inglés, 'tracking', que suena menos invasivo).

La internet de (todas) las cosas no deja escapatoria: útil o inútil, uno tras otro, cada elemento inerte o animado que forma parte de nuestras vidas se conecta a internet. Ya hemos recopilado esperpentos en alguna otra ocasión. Guantes, calcetines, pijamas y hasta cepillos de dientes sin una cerda de tontos forman parte del consejo de sabios menos eminente (y más indiscreto) que haya conocido la tecnología.

Con esta misma reflexión en mente, Rehab Studio, una agencia que desarrolla proyectos tecnológicos para marcas como Google, KFC o Red Bull, ha montado un blog satírico donde recoge ideas alocadas de 'smart things', utensilios conectados que, pese a ser una parodia, podrían existir (si es que no existen).

En 'The internet of useless things' encontramos genialidades grotescas como Throne Master, el retrete inteligente: un inodoro 'gamificado' que permitirá a su dueño medirse con sus familiares, amigos o compañeros de oficina para coronar al rey legítimo del trono de porcelana.

Throne Master

En la misma línea escatológica, la pastilla 'smart' que han bautizado como Intestinal track 2.0. lleva los tuits de mierda a un nuevo nivel. Esta píldora ficticia reside en tu intestino, y se toma la libertad (o la molestia) de publicar un mensaje en la red social de los 140 caracteres cada vez que tus tripas llaman a las armas. Gracias a este heraldo digital de las aguas mayores, tú mismo y todos los demás sabréis cuando asoma la tortuga.

Píldora intestinal

Para descomer, no obstante, es imprescindible que primero hayamos ingerido algún que otro alimento. También en la comida desembarca la tecnología (escasamente) inteligente que recogen en 'The internet of useless things'. FitSpoon, la cuchara inteligente con agujeros es perfecta para la operación bikini, pero un auténtico desastre si pretendes ocupar el trono de porcelana.

Según su propia descripción, se trata de “una cuchara conectada que monitoriza la velocidad a la que comes y la compara con la de otros gracias a una base de datos en la 'nube'”. De este modo, “cuando estás comiendo demasiado rápido, los agujeros de la cuchara se abren dejando caer su contenido”.

Fitspoon

Muchos otros proyectos delirantes se desgranan en el blog, desde el anillo que tuitea tu última voluntad cuando tu corazón deja de latir (BeatTweeter), hasta la persiana inteligente iBlind, que recurre a la 'nube' para averiguar lo que tú sabes de un vistazo (si hay luz fuera), pasando por Neighbourly, un Airbnb extremo solo para tus contactos de Twitter.

Este último ingenio, a la sazón una cerradura 'smart', parece la forma más rápida y segura de renunciar a todos tus bienes materiales: “Cuando un amigo publica un tuit a menos de una milla [1,6 km] de tu casa, la cerradura conectada a internet de la vivienda se abrirá y tu amigo recibirá una invitación a entrar”.

Ya puedes pasar a casa

Más allá de las risas, este desfile de artilugios delirantes tiene su porqué. La gente de Rehab pretende resaltar con esta hipérbole los (no pocos) déficits de la internet de las cosas (IoT por sus siglas en inglés). Errores que se cometen, sí, pero también buenas prácticas que desgranan a continuación con ejemplos afortunados que, esta vez sí, proceden de la vida real.

Según la experiencia de esta agencia, los mejores productos de IoT deben aprender y adaptarse al comportamiento individual de cada usuario, tal como lo hacen los termostatos de la firma Nest (propiedad de Google). “Dispositivos que casi nunca haya que configurar o incluso tocar, ese es el objetivo”, afirman.

También hacen referencia a las herramientas de medición, los paneles llenos de datos procedentes de dispositivos plagados de sensores que nos sirven para cuantificarlo todo en plena era del 'big data'. No los desdeñan, claro, pero sí realizan una advertencia: “Las cifras necesitan una narrativa”. Según estos expertos, “las analíticas deben diseñarse para humanos”, así que deben ser “sencillas, claras”. Que los números cuenten una historia como lo hacen, según ellos, en la aplicación que acompaña a Fitbit Surge.

El reloj inteligente de Apple no será como el de los demás

Además, hacen hincapié en la privacidad y la seguridad, dos talones de Aquiles de la internet de las cosas que uno no sabe si están ahí de fábrica o se incluyeron aposta en base a intereses económicos. Si la información ha sido y será siempre poder, los grandes bases de datos son oro negro: el petróleo del siglo XXI.

Tampoco olvidan las cuestiones técnicas (“lo importante está en el interior”, afirman en referencia a los sensores, la conectividad y la autonomía), ni lo más importante de todo: la utilidad. No se trata de sumar funciones sin orden ni concierto a los objetos, como sucede en los ejemplos irónicos que hemos comentado anteriormente, sino de construir productos cuyas partes tengan sentido a título individual y como un todo. “Un dispositivo de la internet de las cosas debe ser más que la suma de sus partes, no menos”. A ver si aprendemos la lección.

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