El precio de alquiler se ha disparado en los últimos tres años, con especial fuerza en grandes ciudades, como Madrid y Barcelona. La supervivencia de un mileurista en la capital de España era complicada hace cinco años, pero a día de hoy es directamente imposible si no vives con tus padres o compartes piso con varias personas.

Para que os hagáis una idea aproximada, el precio de un estudio sencillo con las comodidades básicas en Madrid ronda los 800 euros, y en la mayor parte de los casos necesitas pasar un casting en el que demuestres ser mejor candidato que el medio centenar de personas que han contactado con el propietario. Tienes todas las de perder si tu contrato es temporal o tu nómina no duplica al menos el precio mensual requerido.

Esta realidad deriva en la desesperación de miles de personas que buscan con urgencia un lugar donde alojarse en la ciudad donde pretenden trabajar y forjarse un futuro. Y de ello se aprovechan cada vez más estafadores, que han perfeccionado la forma de dirigirse a sus víctimas.

Hasta hace muy poco, detectar un anuncio engañoso era muy sencillo: faltas de ortografía, errores gramaticales propios de Google Translate, fotografías demasiado bonitas para ser reales y precios ridículos en comparación con la media del mercado.

Hoy es mucho más difícil detectar la estafa: En primer lugar, el anunciante se hace pasar por una inmobiliaria real y reconocible. La publicación aparece acompañada del logotipo y el nombre de la agencia, lo que invita a confiar al futuro inquilino.

Utilizan el nombre y la imagen de inmobiliarias reconocibles para dar credibilidad a la operación

Una de las empresas víctimas de este tipo de estafa es RE/MAX. En su nombre han sido publicados decenas de anuncios fraudulentos en los últimos meses. Su abogada, Celina Saez, asegura que se han iniciado ya todas las acciones legales necesarias para resolver esta situación: “Ya hemos puesto en marcha los mecanismos necesarios y llegaremos hasta las últimas consecuencias”. Saenz insiste, no obstante, en que una denuncia de forma aislada no resuelve un problema que nos afecta a todos: “Lo que de verdad importa es crear una cultura inmobiliaria en el consumidor. El alquiler y la compra de una casa necesitan de una seguridad jurídica”.

Sin embargo, una persona sin experiencia inmobiliaria, que se enfrenta por primera vez a la búsqueda de una vivienda, se encuentra hoy con anuncios falsos cada vez más difíciles de identificar. Hace sólo unos años, si ordenabas la búsqueda por precio, los primeros resultados eran también los primeros sospechosos. Sin embargo, en las nuevas y perfeccionadas estafas el precio de la vivienda es muy similar al que tiene el resto de pisos en alquiler de la zona. Uno de los últimos ejemplos que hemos localizado en la web Idealista mostraba una vivienda de 84 metros y dos habitaciones en la zona norte de Madrid por 900 euros. No se trata, como otras veces, de un chollo difícil de creer: la mensualidad se corresponde con el número de habitaciones, el número de metros y la situación. En este portal se cuelan decenas de anuncios falsos cada día, con especial pasión durante el fin de semana. Al parecer, los estafadores usan los días de descanso laboral para desarrollar el plan con calma.

Un tercer elemento que dificulta la identificación de la estafa es la imagen. La vivienda que aparece fotografiada no es idílica: ni tiene una decoración propia de revista, ni sus habitaciones son gigantes ni están perfectamente iluminadas. Se trata de viviendas normales y corrientes, con su parqué usado, sus azulejos desfasados en el baño y sus colchas viejas y feas.

Los estafadores ya no tienen faltas de ortografía y el precio de los pisos falsos ya no es tan chollo

De lo que sí suelen presumir estos pisos falsos es de tener una proporción razonable entre metros y número de habitaciones, de tener ascensor, calefacción, aire acondicionado y ventanas hacia el exterior. Ningún lujo alocado ni alejado de lo razonable, como veis.

Piso viejo en alquiler | iStock

El modo en que el supuesto casero se pone en contacto contigo también es novedoso: No lo hace a través de la web de búsqueda de pisos, sino que te escribe un correo de manera externa pidiéndote información sobre tu situación laboral, el número de personas que ocuparían la vivienda y si tienes o no mascota. Con sus preguntas, da a entender que no le vale cualquier perfil y, de este modo, te acerca a su objetivo: convencerte de que es de fiar.

Cuando le has aclarado que tienes capacidad para pagar la mensualidad, el supuesto propietario te propone hacer la transacción a través de un famoso portal de alquileres vacacionales: Airbnb.

Lo que sí debería hacernos desconfiar es que no exista una persona física que nos enseñe el piso y que tampoco se firme el contrato con ambas partes presentes. La razón que arguyen los supuestos propietarios para no concertar visitas previas a la vivienda es que viven en otra comunidad autónoma y les resulta muy difícil el desplazamiento.

Por tratarse de una aplicación que la mayor parte de la gente joven conoce y ha utilizado alguna vez, el nivel de confianza de la víctima puede mantenerse intacto. Según las explicaciones del falso casero, tanto el ingreso de la primera mensualidad como la fianza de dos meses se realizarían a través de esa página. Obviamente, la aplicación no tiene nada que ver con esta estafa ni se encarga de tramitar transacciones de este tipo, y así nos lo confirma su portavoz: “Airbnb proporciona una plataforma segura para que la gente pueda encontrar, reservar y anunciar alojamientos únicos en todo el mundo. Estas páginas web no tienen nada que ver con Airbnb”.

Te invitan a realizar el pago a través de un enlace que aseguran que es de Airbnb

Según las explicaciones del estafador, una vez comprobado el pago, se explicaría al inquilino el modo de acceder a la vivienda. Quienes han usado la app AirBnb, saben que esa forma de entrega de las llaves no es infrecuente: que muchos propietarios las dejan escondidas en macetas o instalan claves en buzones para que puedas hacerte con ellas. Lo hacen sobre todo aquellos que viven lejos de la vivienda que alquilan, y que ven en este método una forma de tenerlo lleno de forma permanente sin necesidad de desplazarse. Por eso, habrá muchas víctimas a las que el procedimiento le parezca creíble.

Airbnb, una empresa reconocible para muchos jóvenes | iStock

Antes de facilitarte la url a través de la que debes hacer la transacción, el supuesto propietario te exige que le envíes una fotocopia del DNI. La abogada de RE/MAX, Celina Saez, nos alertaba de que cualquier persona con cuatro datos nuestros sería capaz de solicitar, por ejemplo, un crédito rápido en nuestro nombre: “Sólo la forma en que te piden los datos debería despertar todas las alarmas. La primera protección es la conciencia de uno mismo sobre la protección de sus datos”.

Celina Saez, abogado de RE/MAX: 'Sólo la forma en que te piden los datos debería despertar todas las alarmas'

Otro elemento en el que deberíamos fijarnos muy bien para no caer en la trampa es en la composición de la url que nos mandan para llevar a cabo el pago. Desde AirBnb insisten en que sus urls siempre responden a este formato: “airbnb.com”. Por lo tanto, no deberíamos fiarnos al recibir algo del estilo a “airbnb-bookings.com” o “Airbnb1.com”: ambos son ejemplos de direcciones falsas.

Del mismo modo, la aplicación nos advierte que no nos fiemos de ninguna dirección de correo electrónico que exija un desembolso de dinero o la entrega de un número de tarjeta de crédito, por mucho que parezca proceder de Airbnb. Todas las transacciones se realizan de forma segura desde la propia plataforma, y no existe posibilidad de que la aplicación gestione pagos de otro modo.