LAS LAGUNAS DE LA FINANCIACIÓN COLECTIVA

LAS LAGUNAS DE LA FINANCIACIÓN COLECTIVA

El crowdfunding no es para todos: pobreza, sanidad y ecología no interesan a los mecenas

El dinero de los mecenas suele acabar en manos de cierto tipo de proyectos, mientras otros quizá más relevantes desde el punto de vista social o del progreso se quedan en un cajón.

Campañas de crowdfunding
Campañas de crowdfunding | Agencias

La ciencia y la investigación no paran de sufrir recortes. En España, según denunciaba hace unos meses Comisiones Obreras, “la inversión real en 2016 estará un 25% por debajo de la que encontró el PP al acceder al Gobierno”. Tras una drástica reducción durante el primer año de la legislatura, la inversión en I+D+i se ha mantenido prácticamente congelada, con un ligero aumento en los últimos presupuestos que, a juicio del sindicato, "es el necesario maquillaje para el año electoral". La fuga de cerebros es un hecho: España ha perdido 11.000 investigadores desde 2010.

Tampoco es fácil para los científicos obtener financiación en otros países europeos o en Estados Unidos. La burocracia de las agencias estatales complica el acceso y filtra los candidatos en base a ciertos intereses, obligando a buena parte de los investigadores a meter proyectos en un cajón o a buscar el dinero en otra parte.

En este contexto, los nuevos mecanismos de financiación colaborativa, en especial el crowdfunding, han abierto las puertas del emprendimiento a numerosos científicos e ingenieros con ideas que sacar al mercado.

Sin embargo, el dinero de los mecenas suele acabar en manos de cierto tipo de proyectos, mientras otros quizá más relevantes desde el punto de vista social o del progreso se quedan en un cajón. Energías limpias, reducción de la pobreza o mejora de la sanidad son algunas de las áreas que no reciben tanto apoyo como cabría desear.

En las plataformas de crowdfunding se despachan miles de millones de euros cada año, pero las principales beneficiadas suelen ser empresas que fabrican algo tangible, algún producto o servicio que los potenciales clientes se pueden imaginar comprando y usando en el futuro.

Además, el grifo de la financiación colectiva es insuficiente para los proyectos más ambiciosos en determinados ámbitos, como las fuentes alternativas de energía, que precisan de grandes inversiones durante varios años para construir y probar plantas o instalaciones de alta tecnología.

El micromecenazgo se queda corto en estos casos, y el capital riesgo tampoco se involucra porque está centrado en las empresas de software, tal como revela el estudio anual de PriceWaterhouseCoopers y la Asociación Nacional de Capital Riesgo estadounidense.

Un informe del Instituto Tecnológico de Massachusets muestra que entre las áreas más perjudicadas por la falta de acceso a la inversión se encuentran la investigación contra el Alzheimer y las enfermedades infeccionas, así como los proyectos de agricultura para acabar con el hambre en las regiones más desfavorecidas del planeta.

Hay plataformas de crowdfunding especializadas que tratan de cubrir estas carencias (Experiment para la ciencia, Medstartr y Consano para la medicina, GoFundMe para los proyectos más sociales...), pero su impacto es reducido y las iniciativas no pueden aspirar a la financiación millonaria que consiguen productos tecnológicos o artísticos en Kickstarter o Indiegogo. De media los presupuestos de este tipo de campañas están por debajo de los 10.000 dólares.

Además, los mecenas tienden a apoyar los proyectos más mediáticos, con fundadores que han sabido captar la atención de los medios y miles de seguidores en las redes sociales, y estos no tienen por qué ser los más prometedores o relevantes.

El primer gran estudio sobre el crowdfunding en ciencia, publicado por 'PlosOne', demostró que la cifra obtenida crecía habitualmente en paralelo al número de adeptos que el impulsor de la campaña hubiera sido capaz de atraer en Twitter, Facebook y YouTube.

Por tanto, la democratización del acceso a la financiación que supone el crowdfunding no es igual para todos. Los proyectos menos enfocados al mercado, los que miran al largo plazo y necesitan grandes cantidades de inversión, siguen necesitando un mecanismo a su medida que sea capaz de cubrir las carencias del sector público y el capital riesgo.

David G. Ortiz | @gomezortiz | Madrid | 09/12/2015

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