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NO TODO LO QUE DICE LA ENCICLOPEDIA ES CIERTO

Así de fácil es colarle un bulo a la Wikipedia

Admitámoslo: siempre hemos consultado la enciclopedia más popular de internet con el temor de que nos cuele un dato falso o no contrastado. Por desgracia, duda despejada: hay motivos para el miedo. Un grupo de investigadores ha comprobado lo sencillo que es insertar falsedades en Wikipedia sin que los editores voluntarios se percaten. Igual no son tan avispados descubriendo bulos como nos habían hecho creer...

Un tomo de la Wikipedia inglesa en papel

The Wikipedia Books Project Un tomo de la Wikipedia inglesa en papel

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Desde que Jimmy Wales y Larry Sanger pusieran en marcha su osado proyecto de crear la enciclopedia más grande de internet, allá por 2001, la gran mayoría de nosotros la ha consultado alguna vez, y siempre con escepticismo. Siempre recurrimos a Wikipedia temerosos de que, en medio de esa avalancha de información, haya algún dato erróneo o falso que no sepamos detectar. Nuestros peores temores han sido confirmados.

Teníamos, eso sí, un clavo ardiendo al que agarrarnos: se suponía que los responsables de la web, con la inestimable ayuda de todos aquellos voluntarios que contribuyen a crear este inmenso espacio del saber, eran capaces de corregir cualquier fallo en cuestión de minutos. No era cierto.

Ese mecanismo de revisión tan fiable y eficiente, al parecer, tiene algunas grietas de calado. Un experimento realizado por el investigador Gregory Kohs ha sacado a la luz los trapos sucios de la enciclopedia más popular de internet. Con el objetivo de poner a prueba la fiabilidad de Wikipedia, Kohs creó una nueva cuenta y comenzó a insertar información falsa en hasta 30 artículos.

Cada día realizó una modificación en cada una de esas entradas, conectándose desde una dirección IP distinta para no levantar sospechas. Además, eligió cuidadosamente sus víctimas para comprobar si se editaban con mayor rigor los artículos más consultados. Decidió empezar por los que pasan desapercibidos y colar después algunos bulos en los más populares.

Gregory hizo todo lo posible por disimular sus malas intenciones. A veces ocultaba los datos tergiversados en los últimos párrafos de los artículos; otras veces los incluía al comienzo. En ciertas entradas simplemente incluía el error; en otras, además, ampliaba la información aportando nuevas fuentes de referencia. Cualquier cosa con tal de despistar.

Los editores deberían haber subsanado la mala praxis de Kohs casi en el acto, o al menos eso es lo que siempre nos han hecho pensar. Nos dijeron que nada pasa desapercibido a los mil ojos que vigilan Wikipedia, pero no es así. A día de hoy, según los cálculos del investigador, el 63% de esos bulos siguen estando presentes en los artículos que fueron modificados.

Es cierto que Kohs no es un usuario cualquiera, sino un experto que conoce a la perfección el funcionamiento de la enciclopedia: diseñó cada uno de sus movimientos para que pasaran bajo el radar de los moderadores, con premeditación y alevosía. De hecho, el objetivo de la web donde ha publicado su trabajo, Wikipediocracy, no es otro que poner de manifiesto las carencias de la organización y gestión de Wikipedia.

No obstante, el experimento de este investigador confirma (una vez más) lo que era de sobra conocido: Wikipedia es una gran herramienta, sí, pero antes dar por bueno lo que dicen sus entradas, por si las moscas, es conveniente buscar alguna fuente adicional. Como decían nuestros mayores, más vale prevenir que curar.

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