LA MANO REPLICA LOS HUESOS Y LOS LIGAMENTOS HUMANOS

LA MANO REPLICA LOS HUESOS Y LOS LIGAMENTOS HUMANOS

Este brazo robótico es capaz de tocar el piano

El brazo robótico, rematado de una mano de plástico filamentosa, se desliza sobre el teclado del piano. Aprieta las teclas con una parsimonia rígida, pero es capaz de tocar una melodía sencilla.

Pablo G. Bejerano | @pablogbej | Vídeo: Cambridge University | Madrid | 31/12/2018

Tocar el piano es un acto que ligamos indiscutiblemente a un ser humano. Hay otras actividades, relacionadas con la fuerza física, la velocidad, que no nos sorprende que sean aptas para las máquinas. Pero tocar el piano implica una destreza adquirida, un aprendizaje. Más allá, se necesita un sentido del ritmo y, sobre todo, se necesitan manos con dedos. Porque un piano está pensado para las manos de una persona.

En la serie Westworld toman esta imagen, la de unas manos tocando el piano, para jugar con la frontera entre lo humano y lo robótico. La música de la secuencia de introducción está atravesada por una melodía de piano, que se ilustra con unas manos artificiales presionando las teclas. Mientras que a lo largo de la serie uno de sus protagonistas toca el piano frecuentemente.

Precisamente la mano artificial que han creado unos científicos de la Universidad de Cambridge se parece a las que tocan en el ‘opening’ de Westworld. Solo que el dispositivo robótico real toca de forma mucho más limitada el instrumento. Pero también lo hace, en su modalidad más básica.

Los científicos han desarrollado gracias a la impresión 3D una mano unida a un brazo robótico que puede tocar algunas melodías sencillas al piano. Se trata de una pieza rígida. Solo se imitan los huesos y los ligamentos. Tendones y músculos no han sido incluidos en el dispositivo. Por eso los movimientos que tiene son limitados.

La mano artificial puede hacer algunas rotaciones, movimientos de arriba abajo y de lado a lado. Pero no puede mover los dedos individualmente. Lo que no le impide presionar las teclas según una partitura sencilla. Sus desplazamientos son parsimoniosos y tienen un factor pasivo. La fuerza se imprime desde lejos. Es el brazo robótico el que empuja y la mano solo transmite este impulso.

Pero este tipo de movimientos pasivos son comunes en los robots. Andar o nadar son dos acciones, por ejemplo, que no requieren de mayor complejidad. La articulación de pies o manos no es totalmente imprescindible para realizarlas.

Desde hace unos años, sin embargo, la impresión 3D y el uso de componentes no rígidos han permitido añadir complejidad a los movimientos de las máquinas. La mano robótica se encuentra en esta línea. Sus movimientos son los propios de un sistema pasivo, pero la muñeca se puede mover, enriqueciendo así sus posibilidades.

Los científicos creen que su trabajo puede servir para estudiar más en profundidad los principios dinámicos del esqueleto. Esto tiene una intencionalidad, claro está: aplicarlos a la futura creación de máquinas, para mejorar su movilidad.

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