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Estudio psicológico sobre usuarios de la red social

Tuitero creyente, tuitero feliz

Un análisis de usuarios de la red social creyentes y ateos muestra que los primeros son más felices. Las mejores relaciones sociales y la menor reflexión, entre las claves del mayor bienestar.

Ernest Hemingway

Wikipedia Ernest Hemingway

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El escritor Ernest Hemingway, como un buen número de intelectuales, se definía como ateo y consideraba la religión una amenaza para la felicidad humana. La mayor parte de los estudios científicos sobre la materia, sin embargo, indican lo contrario: religión y felicidad suelen ir de la mano. El propio Hemingway, que acabó suicidándose, parece refutar su propia postura en el debate. Ahora, un nuevo estudio realizado a partir de los mensajes escritos en la red social Twitter puede aportar más argumentos a favor de la relación entre felicidad y creencias religiosas, pero reconoce algunos matices que sugieren que esa correlación no tiene por qué ser universal.

Los autores del trabajo, un grupo de investigadores de la Universidad de Illiniois, que han publicado sus resultados en la revista Social Psychological and Personality Science, trató de averiguar cuál es la relación entre felicidad y religión y qué aspectos de la religión contribuyen a forjar ese vínculo. Para realizar su análisis, analizaron casi dos millones de mensajes emitidos en Twitter por 16.000 personas, repartidas en dos partes más o menos iguales entre cristianos y ateos. Empleando sistemas de análisis automáticos de los mensajes como LIWC, que valoran, entre otras cosas, el sentido positivo o  negativo de las palabras y los mensajes, llegaron a la conclusión de que los no creyentes son más negativos y tuitean de una forma más analítica y los creyentes lo hacen de una manera más emocional y positiva.

Muchos investigadores consideran que creer en Dios es algo que está programado por defecto en los seres humanos. Según esta hipótesis, el ateísmo llegaría por la vía del pensamiento analítico y del escepticismo. Según algunos estudios, esta forma de pensar ha sido muy útil para los seres humanos como método para resolver problemas complejos, sin embargo, la reflexión también está relacionada con la depresión. El pensamiento analítico, aunque está más pegado a la realidad, "puede disminuir la capacidad para el optimismo y la entrega a ilusiones positivas que definen la buena salud mental", afirma el equipo dirigido por Ryan Ritter.

En una línea similar, otro estudio publicado recientemente mostraba el valor de las supersticiones para hacer frente a las situaciones de incertidumbre y recordaba cómo, por ejemplo, justo después de los ataques del 11-S en Nueva York, las profecías del astrólogo medieval Nostradamus se convirtieron en uno de los libros más vendidos en EEUU.

Otro de los factores que pueden explicar la relación entre felicidad y cristianismo es la fortaleza de las relaciones sociales.

Muchas veces, la religión proporciona acceso a una comunidad en la que los miembros del grupo encuentran otras personas afines en las que confiar y apoyarse. "En otras palabras, la gente religiosa se beneficia de estar rodeada por una familia extensa con los que compartir las alegrías de la vida y superar sus trances", se afirma en el artículo. Este papel de la religión se pudo observar también en la forma de tuitear de los cristianos, que mencionaban con mucha más frecuencia procesos sociales, lo que sugiere que cuentan con relaciones personales más sólidas y mejores redes de apoyo.

Si la religión fuese siempre una fuente de bienestar, sería difícil entender por qué en algunas de las sociedades avanzadas, como es el caso de la española, cada vez más personas están abandonando ese bálsamo existencial. La explicación, según afirman investigadores de la Universidad de Illinois dirigidos por Ed Diener, estaría en el entorno de creyentes y ateos. Los tuiteros tomados como muestra para el artículo de Ritter viven en su mayoría en EEUU. Allí, las personas que niegan la existencia de Dios son uno de los grupos que más desconfianza provocan. Sin embargo, esa situación cambia en otros países europeos donde la religiosidad es menor y no está asociada a un mayor nivel de aceptación social.

En estas naciones, según Diener, el bienestar subjetivo de las personas religiosas se iguala al de las ateas, algo que indicaría que la creencia en un ser superior solo se relaciona con una mayor felicidad cuando está asociada a unas mejores relaciones sociales. Es posible, por tanto, que Hemingway, un estadounidense criado en una familia de fervientes convicciones cristianas, tuviese su punto de razón cuando afirmaba que la religión era una amenaza para la felicidad. Para la de un ateo como él en un país de creyentes, probablemente lo era.

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