El año pasado, cada ciudadano de los casi 47 millones que habitan nuestro país depositó cerca de 16 kilogramos de envases de plástico, latas y tetrabriks en los contenedores amarillos, según datos de Ecoembes.

Si nos centramos en los materiales plásticos, a los desechos domésticos hay que sumarle, además, los procedentes de la industria o de establecimientos de todo tipo, desde tiendas a restaurantes. En España, se reciclan alrededor del 45 % de los envases plásticos generados, de acuerdo a cifras del Ministerio para la Transición Ecológica.

Independientemente de su procedencia, todos los envases de plástico que destinamos al reciclado siguen un proceso similar que comienza con su traslado a la planta de reciclaje y termina (si todo va bien) en la elaboración de un nuevo producto.

No todo es reciclable

El sistema de gestión de residuos comienza con fase inicial o de transporte. Después de que hayas tirado la bolsa de basura destinada a los plásticos al contenedor amarillo, el camión de la empresa de procesarlos recogerá el contenido y lo llevará a una planta de reciclaje.

Si bien existen varios tipos de reciclaje, el más extendido en nuestro país es el reciclaje mecánico. De acuerdo a este método, una vez en las instalaciones, los materiales son seleccionados y separados según su tipo y tamaño.

A continuación, se lavan con agua y detergente (a veces reutilizados en un ciclo cerrado) para eliminar las posibles impurezas, como las etiquetas que llevan adheridas. Después, los envases limpios se secan y clasifican por técnicas físicas según el tipo de plástico del que están hechos, su calidad y composición.

Un alto porcentaje de los plásticos que desechamos acaba en vertederos o en el medio ambiente. | Catherine Sheila I Pexels

Después, los residuos pueden pasar por una línea de separación manual, donde los operarios llevan a cabo una separación manual de aquellos que no puedan reciclarse por algún motivo.

Porque no todos los envases son reciclables (y tampoco en el mismo grado). Por ejemplo, aquellos con demasiada tinta no pueden pasar el proceso, ya que los químicos usados para teñirlos modifican las características de los polímeros y no es posible reutilizarlos.

Además, algunos envases son especialmente complicados de reciclar. Es el caso de aquellos con etiquetas demasiado adheridas, los bricks —con capas de otros materiales como aluminio y cartón— y las bandejas de envasado de alimentos que presentan varios tipos de plásticos.

El proceso de reciclaje

Para determinar el grado en que pueden reciclarse y el tipo de composición, cada tipo de plástico lleva un identificativo integrado por un símbolo y un número. Es el llamado código de identificación de resinas del plástico o RIC (Resin Identification Code).

Algunos de los polímeros que más utilizamos en nuestra vida diaria y que pueden reciclarse son el polietilento de alta densidad (presente en productos de cosmética, limpieza y tetrabricks), el famoso policloruro de vinilo (tuberías y envases de detergentes líquidos), el polietileno de baja densidad (papel film, bolsas, botellas plásticas blandas) y el polipropileno (en tapas y tapones de algunos envases).

Una vez clasificados, el siguiente proceso es el de trituración, que reduce los envases a pequeñas piezas del tamaño aproximado de unos cereales de desayuno. Estos trocitos o pellets son de nuevo lavados y secados para ser fundidos y prensados para formar largos filamentos.

Por último, las barras se transforman en pequeñas bolitas (el proceso se llama granceado) que se pueden utilizar para la elaboración de nuevos envases, de piezas industriales, de bolsas, tuberías y otros productos como perchas, calzado o muebles. Aunque no ocurre en el reciclado mecánico, existe otro tipo de reciclado que transforma el plástico en combustible para generar energía.

Alternativas a los plásticos convencionales

Además de estos materiales convencionales, los más utilizados hasta el momento, han comenzado a emplearse alternativas como los bioplásticos y los plásticos biodegradables o compostables. Suponen una forma de reducir la huella de carbono de sus análogos provenientes del petróleo y disminuir su presencia en el medio ambiente.

Los bioplásticos se fabrican a partir de materiales vegetales, como celulosa, el aceite de soja, el maíz o la fécula de patata. Los que son biodegradables pasan por un proceso en el que intervienen microorganismos que los metabolizan, produciendo dióxido de carbono (algunas veces, también metano), agua y biomasa.

Aunque pueda parecernos una medida de lo más lógica, lo cierto es que el reciclaje siendo una asignatura pendiente. Según un reciente informe de Greenpeace, solo un 25,4% de los envases plásticos se recuperaron en España en 2016. El resto, que muchas veces acaba mezclado con otros desechos en la basura, termina en vertederos, incinerados o en el medio ambiente.

Por eso, y aunque el reciclado es una solución positiva, la mejor medida que podemos tomar los consumidores es evitar el uso de plásticos siempre que sea posible.