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TIENE UN EFECTO MÁS ESTÉTICO QUE NOCIVO

El misterioso “moco de roca” que invade los ríos de todo el mundo

Un moco marrón invade las aguas dulces de ríos de los cinco continentes, obstruyendo el tráfico fluvial y dejando una repugnante constancia de la dañina presencia humana en los ecosistemas fluviales.

El organismo que obstruye los ríos del mundo

Mark Hoddle / Center for Invasive Species Research, University of California El organismo que obstruye los ríos del mundo

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El alga Didymosphenia geminata es de tamaño microscópico y su proliferación durante los últimos años en ríos y lagos de todo el mundo ha devenido en una invasión indiscriminada difícil de erradicar. 'Didymo', como también se le conoce, es de un aspecto desagradable aunque, en principio, no conlleva riesgos para la salud humana.

El hombre tuvo constancia de la irrupción de este alga hace más dos décadas, comenzando como una pequeña aparición en algunas zonas templadas del Hemisferio Norte. En 1988 apareció en el río Heber de Canadá y, poco a poco, se ha expandido de forma vertiginosa por Sudamérica, Europa, Asia e incluso en Oceanía.

Los tallos del alga se adhieren a las rocas y poseen una gran capacidad de propagación. A estas alturas, todas las alarmas se han activado y algunas autoridades difunden vídeos para concienciar de esta baba repugnante.

La presencia de esta especie invasora, cuyo nombre común - “moco de roca”- aparece hasta en el BOE, altera los ambientes acuáticos impactando en las actividades humanas que se suelen realizar en las cuencas de los ríos.

También el ecosistema se ve afectado, ya que reducen la cantidad de oxígeno en el agua, además de algunos nutrientes y su pH naturales.

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Una amenaza singular

Otras algas de la misma familia se reproducen en exceso cuando el agua es rica en nutrientes, muriendo también de forma acelerada cuando agotan el oxígeno, y provocan en los peces una suerte de apocalipsis en el agua cuando irrumpe.

Pero 'Didymo' no actúa igual

Por una parte, los expertos aseguran que es la primera vez que su expansión se asocia a un número bajo de nutrientes. Por otra, tampoco parece causa directa de la contaminación porque una de sus consecuencias, la abundancia de fósforo, afecta al alga: sus tallos son más fuertes cuando hay escasez de esta sustancia. Así que este asqueroso visitante parece que está jugando al despiste: mientras que todo el mundo intenta reducir el uso de detergentes y fertilizantes con altos niveles de fósforo el alga se encuentra en su salsa para expandirse.

Hasta hace poco tiempo se pensaba que era la actividad del hombre, con sus aparejos de pesca deportiva, sus kayaks o sus trajes de neopreno laque lo habían transportado de un lado a otro. El motivo es que las células del alga “sobreviven y son viables por lo menos 40 días fuera del agua, en condiciones de baja exposición solar y ambientes frescos y húmedos”, según una investigación recogida por un portal gubernamental chileno.

¿Siempre ha estado ahí?

Un estudio publicado en 'Bioscience' ha dado una vuelta de tuerca al asunto y ha restado peso al factor humano en la expansión de 'Didymo'. Los investigadores afirman que el alga siempre ha existido, aunque dejan el beneficio de la duda para el caso de Nueva Zelanda, donde la acción humana ha tenido mucho que ver en su expansión y no existe ninguna evidencia histórica de su presencia anterior. Allí hizo su aparición en 2004, en zonas habituales de piragüismo y pesca deportiva.

Brad Taylor, del Dartmouth College en New Hampshire y Max Bothwell, de la Estación Biológica de Pacífico de Cadaná, sostienen que las condiciones climáticas de las últimas décadas -donde sí tenemos que ver- han propiciado esta fulgurante invasión. Pero sostienen que existen formas fosilizadas en al menos once países europeos, todo el continente americano y Asia.

El estudio también constata que el “moco de roca” no ha provocado graves perjuicios a los peces de forma directa, aunque sí a los insectos más grandes. El resultado es que en las zonas colapsadas por el alga, la dieta de los peces se cambia por los insectos más pequeños.

'Didymo' no es tóxico ni es una catástrofe ecológica, pero la apariencia de los ríos de aguas cristalinas parece que está cambiando de manera irreversible.

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