La de la imagen es la fachada de un edificio de viviendas del centro de Madrid. No es una foto cualquiera. Está tomada con una cámara termográfica, capaz de captar las diferencias de temperatura de la superficie del edificio y traducirlas a distintas gamas de colores, visibles para el ojo humano. El azul describe las temperaturas más frías, y el rojo, las más cálidas. En el medio, tonos amarillos y anaranjados.

Sobre esta fachada, los tonos amarillos coinciden con los radiadores de las viviendas, que es lo mismo que decir sin exagerar que "están calentando la calle", cuenta Jesús Soto, miembro de Slow Energy, un colectivo de ingenieros y arquitectos que han unido sus conocimientos para hacer pedagogía sobre el derroche energético del momento, y al final, dar alas a los consumidores para que puedan decidir "vivir mejor con menos energía y limitar servidumbres con las compañías suministradoras".

Su primer paso ha sido crear el Manual para que dejes que tirar la energía, una sencilla guía sin apenas términos técnicos que recoge  la vanguardia del momento en eficiencia energética en edificios, y que bebe del modelo de casas Passivhaus (casa pasiva, en alemán). Este sello, el más exigente del momento, permite levantar edificios que consumen prácticamente cero energía, gracias a reglas en apariencia tan sencillas como un óptimo aislamiento, un riguroso control de las infiltraciones de aire y una buena calidad del aire dentro de la vivienda.

Algunos de los gestos para ahorrar y mejorar la calidad de vida dentro de las viviendas construidas sorprenden por sencillos y ahorrativos. En la de la imagen, por ejemplo, bastaría colocar una placa de aluminio entre el radiador y la fachada para reducir el consumo de calefacción hasta un 30%. "No tomamos medidas por desconocimiento, pero con poca inversión se puede mejorar mucho", matiza Soto.

En la ducha y grifos, un simple perlizador consigue mantener la presión  del agua, sustituyendo parte del agua por aire. Con este tipo de medidas, a largo plazo ni siquiera se necesitarían paneles solares para calentar el agua sanitaria, a los que obliga la legislación en viviendas de nueva construcción. "Los paneles producen energía solar, pero prácticamente ofrecen la misma energía que ahorras reduciendo el consumo de agua caliente. Intentamos transmitir la idea de aprender a consumir menos sin disminuir la calidad de vida".