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EL FALO, OBJETO DE DESEO Y CURIOSIDAD CIENTÍFICA

El hombre que colecciona penes

Islandia acoge un museo que alberga la mayor colección de falos del mundo. A uno le da por coleccionar sellos y a otro por disecar estos atributos.

Todo empezó con una fusta hecha con un pene de toro

Museo Falológico Todo empezó con una fusta hecha con un pene de toro

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Reykjavik, la capital de Islandia, cuenta con un museo algo estrambótico cuyos miembros (literalmente) son muy peculiares: son penes y el edificio que los alberga se llama Faloteca.

El más grande pertenece a un cachalote y mide 1,70 metros y el más pequeño es de solamente 2 milímetros. Y no, no tiene síndrome de Klinefelter, que se caracteriza en los humanos por la presencia de un micropene: pertenece a un hámster y solamente puede verse desde un microscopio.

Hablando de humanos, hasta 2011 el edificio donde se erige este bizarro museo no tuvo su ejemplar humano entre tamaña exposición. Desde entonces luce ahí también un falo humano, con sus testículos incluidos, aunque sin saber el nombre del finado.

El origen de la colección se remonta a 1974, cuando el profesor de secundaria Sigurdur Hjartarson recibe como regalo un falo de toro que a veces se puede usar como látigo. La ostentación que hace del presente provoca la hilaridad de algunos amigos balleneros, que comenzaron a regalarle miembros de algunos cetáceos como broma.

El que no se lo tomó a cachondeo fue 'Siggi', su nombre informal, que decidió empezar entonces a coleccionar penes ajenos. Lo hizo con tanta dedicación que en 1997 decidió abrir un museo en el que exponer sus joyas, en algunos casos en todo su esplendor y, en otros, algunas de las partes conservadas.

La colección ha aumentado desde las sesenta obras iniciales hasta casi los dos centenares actuales, todos bien conservados en formol.

En la colección predomina la fauna local, por lo que los animales marinos tienen una gran importancia en la exposición: no solamente está presente el portentoso cachalote, también tienen muestras de una orca, un rorcual, un narval y de una ballena.

Ésta última tiene un pene que cuando está en erección es elástico y tiene una punta afilada, aunque cuando está en reposo se puede enroscar. Poseen un fuerte músculo retractor para este fin, al igual que los delfines, que también están representados en la muestra.

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Sigurdur también ha reunido una buena colección de mamíferos terrestres que habitan en la isla, como cabras, caballos, carneros, perros, gatos o renos. También ha ampliado fronteras adquiriendo atributos más “exóticos”, como los de visones, castores, alces, jirafas o elefantes.

El hijo del profesor tomó las riendas del museo en 2011, que goza de buena salud aunque desde el punto de vista museográfico no se puede decir que se hayan comido mucho la cabeza con el discurso expositivo.

Así las cosas: ¿alguien se anima a fundar un museo de la vagina?

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