Seguro que más de una vez te has encontrado con una pequeña araña que cuelga ante tus ojos como si estuviera suspendida en el aire. Aunque estos insectos no tienen alas, tejen y segregan hilos de seda para elevarse en el aire. Sin embargo, el rápido desplazamiento que consiguen no se debe solo al impulso del viento: también utilizan la electricidad estática que conducen los filamentos que producen para propulsarse.

Si bien el primero en sugerir esta teoría fue el físico de la Universidad de Hawái Peter Gorham en el 2013, un equipo de investigadores de la Universidad de Bristol ha conseguido ahora demostrarlo en el laboratorio por primera vez. Según explican en un estudio publicado en ‘Current Biology’, emplearon cargas eléctricas similares a las presentes en la atmósfera para comprobar que ejemplares de la familia de los linífidos ascendían cuando las fuerzas electrostáticas estaban presentes, mientras que descendían cuando no se aplicaban.

Los insectos también aprovecharían el impulso del viento para desplazarse, pero este sofisticado mecanismo de propulsión explicaría por qué estos animalillos son capaces de volar durante miles de kilómetros cuando el aire apenas se mueve y alcanzar grandes altitudes, de hasta cinco kilómetros sobre la superficie terrestre, algo que sería difícil de conseguir solo con el insuficiente impulso de las corrientes de aire.

Aunque se han publicado otros estudios sobre este tipo de dispersión, que también emplean algunas orugas y ácaros, uno de los primeros en hablar sobre el fenómeno fue Charles Darwin. El naturalista ya sugirió que la electricidad podría estar involucrada en el proceso al observar que los hilos de seda parecían repelerse debido a algún tipo de fuerza electroestática.

Saber más sobre este tipo de mecanismo de propagación permitiría a los científicos conocer la ecología y los particulares patrones de dispersión de estos insectos.