Charles Darwin ya documentó el comportamiento adictivo de los animales hace 200 años en media docena de especies. Desde entonces, no han dejado de aumentar las pruebas de que los animales consumen determinadas sustancias no tanto para nutrirse como para embriagarse.

Uno de los ejemplos históricos más conocidos al respecto es el de la corteza del árbol Cinchona. En 1820 se aisló la quinina de su corteza para usarse en la batalla contra los virus del Plasmodium, el parásito que causa la malaria. Sin embargo, siglos antes, los pobladores indígenas del Perú ya usaban la corteza para embriagarse. Su afición, al parecer, nació de la imitación de los pumas, que también la roían a menudo a pesar de que no entra dentro de su menú habitual.

De igual manera los delfines se drogan. De hecho, se colocan de un modo tan humano que resulta inquietante: entre varios atrapan a un pez globo y lo ‘esnifan’ por turnos, golpeándolo con el morro para que libere pequeñas cantidades de toxina narcótica. Por su parte, las abejas están desapareciendo en algunas zonas porque se sienten más atraídas por las plantas que tienen contaminantes, como explica el etnobotánico Giorgio Samorini en su libro 'Animales que se drogan'.

En Gabón, en la región ecuatorial de África occidental, se han observado facóqueros, elefantes, puercoespines y gorilas comiendo iboga (Tabernanthe iboga), una planta embriagante y alucinógena.

También tu gato doméstico

También son muchos los reportes de botánicos y zoólogos acerca de animales aficionados a las drogas, como explica Zoe Cornier en su libro 'La ciencia del placer'. Entre otros, los que se refieren a: "patitos que se comen plantas psicoactivas con tanto entusiasmo que no oyen la llamada de su madre" o "polillas esfinge que se dan atracones de néctar de flores Datura".

La lista sigue. Así, a pesar de que no se ha identificado esta tendencia en gatos silvestres, y los pumas y los leones la rehúyan, los gatos domésticos parecen grandes aficionados a la planta Nepeta cataria, también llamada hierba gatera.

Otro ejemplo más: se han observado aves, elefantes y monos rastreando el suelo con afán de encontrar frutas y bayas que, tras un proceso de fermentación natural, empiezan a producir alcohol.

Buscando placer

El neurólogo Davd J. Linden aporta otros ejemplos sorprendentes de animales que buscan ponerse a tono en su libro 'La brújula del placer': "En las tierras altas de Etiopía, las cabras se saltan a los intermediarios del café rozando bayas de cafeto silvestre para darse un buen 'chute' de cafeína".

Si bien resulta complicado saber si el animal simplemente disfruta comiendo fruta del suelo y soporta los efectos embriagantes para poder hacerlo, o si en realidad busca sólo los efectos embriagantes en sí, muchas pruebas sugieren esto último. Una de estas pruebas es que normalmente solo se consume una cantidad muy pequeña de la planta o de la seta, de modo que mientras su efecto nutritivo resulta casi despreciable, su efecto psicoactivo es realmente fuerte.

Es lo que sucede con el reno domesticado pastoreado por los chukchis de Siberia. Tanto ellos como los renos consumen, a modo de sacramento ritual, una seta alucinógena, la Amanita muscaria.

Como explica Linden: "El ingrediente activo de la amanita es el ácido iboténico, una de cuyas partes se convierte, una vez ingerido, en otro compuesto, el llamado muscimol, que es el que provoca las alucinaciones. Lo interesante del ácido iboténico es que el cuerpo sólo metaboliza una cantidad muy pequeña para producir muscimol y el resto (cerca del 80%) se elimina por la orina. El reno ha aprendido que lamer orina cargada de ácido iboténico produce un subidón tan fuerte como el que consigue comiéndose la seta directamente".

Chimpancés que fuman

El alcaloide de la nicotina, que puede obtenerse a través de las hojas del N. tobaccum, resulta mortal para casi todas las especies del reino animal, menos para los primates. Por eso es habitual ver imágenes de chimpancés fumando un puro, sobre todo en los circos de principios del siglo XX. Sin embargo ya en 1635 se documentó el primer ejemplo de chimpancé fumador en la Haya. Porque sí, los chimpancés también acaban enganchándose al cigarro como lo hace un ser humano,

Como explica Cormier, "muchos empleados de zoológicos de todo el mundo se han esforzado por conseguir que los animales en cautividad dejaran el hábito -el más conocido es Charlie, del zoo de Mangaung en Bloemfontein (Sudáfrica)- que adquirieron porque los visitantes del zoo les tiraban cigarrillos encendidos".

Así de variopinta es la naturaleza, hasta el punto de que muchos de los malos hábitos humanos también pueden proliferar en ella. Al fin y al cabo, ¿no somos todos animales?